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Hay un apunte importante a la hora de enfrentarnos al distrito 2 de Viena, más conocido como Leopoldstadt, y es que su historia ha estado marcada desde sus orígenes por su posición geográfica.

Porque nos encontramos rodeados por los brazos del Danubio, cuyo canal ha sido el encargado, durante siglos, de separar el barrio que nos ocupa de la zona histórica de la ciudad.

Aquí, donde una cara más calmada de Viena toma fuerza, se fueron concentrando durante siglos comerciantes, artesanos y viajeros decididos a establecerse.

El Distrito Karmeliter guarda la memoria de las comunidades judías que se asentaron en él siglos atrás.

El Distrito Karmeliter guarda la memoria de las comunidades judías que se asentaron en él siglos atrás. Erli Grünzweil

Una de sus grandes transformaciones llegó a partir del siglo XVII, cuando se asentó en el distrito un alto porcentaje de comunidad judía procedente de la zona histórica, de donde habían sido expulsados.

Así, Leopoldstadt acabó convirtiéndose en uno de los grandes centros del judaísmo europeo: en la época de mayor esplendor vienés, a finales del siglo XIX, casi un tercio de su población profesaba esta religión, haciendo que sus calles bulleran entre sinagogas, librerías, cafés y pequeños negocios.

Sin embargo, aquella efervescencia se quebró con la anexión de Austria al Tercer Reich, cuando miles de vecinos fueron deportados y asesinados, y buena parte de las sinagogas y comercios desaparecieron para siempre.

Hoy, caminar por las calles de Leopoldstadt simboliza recorrer una memoria que permanece viva en monumentos y placas conmemorativas que conviven con negocios y proyectos contemporáneos de lo más transgresores.

El mercado de Karmelitermarkt despierta los sentidos de cualquiera que lo visite.

El mercado de Karmelitermarkt despierta los sentidos de cualquiera que lo visite. Paul Bauer

Oda a la vida de barrio

Para comenzar a tomarle el pulso a Leopoldstadt como el distrito se merece, no hay nada como acudir a Karmeliterviertel, su mercado.

Aquí, en esta plazuela colmada de ambiente y carácter, se despliega cada mañana, y desde 1891, puestos de frutas y verduras, de panes y especialidades centroeuropeas, que hacen que el barrio no pierda el carácter que lo ha definido durante toda su vida.

Un buen lugar para alternar con locales, probar alguna que otra delicia y sentir el alma de este distrito.

Planes únicos

Un buen café. Alrededor, sin embargo, han ido proliferando las cafeterías de especialidad como Harvest, Cafe Focus u OTOTO Store & Specialty Coffee-

Tiendas diferentes. En nuestro paseo podemos visitar algunas de las tiendas independientes como Song o VELETAGE, un concept store enfocado al universo de la bicicleta.

El mejor brunch. Lo encontraremos en Café Bar Einfahrt, mientras que una de las mejores hamburguesas de la ciudad está en Feinste Burger.

Pero, ya lo hemos dicho, en Leopoldstadt lo de ayer y lo de hoy se entremezclan de una manera tan orgánica como atractiva.

Así que, tras visitar algunos de sus proyectos más transgresores, tocará caminar hasta Karmeliterkirche, una elegante iglesia barroca levantada en el siglo XVII que sobrevivió a los cambios vividos en el barrio y continúa siendo uno de sus principales referentes arquitectónicos.

Estas placas marcan el recorrido por la memoria del barrio con víctimas del holocausto.

Estas placas marcan el recorrido por la memoria del barrio con víctimas del holocausto. iStock

No muy lejos, diversos Stolpersteine, como se denominan las pequeñas placas de latón que hay repartidas por diferentes puntos de la ciudad, homenajean la memoria de quienes fueron asesinados durante el Holocausto. Un detalle que recuerda que la historia del distrito permanece escrita, literalmente, bajo nuestros pies.

Avanzamos por las avenidas principales del barrio, Taborstrasse o Praterstrasse, y aparecen ante nosotros edificios de fachadas señoriales que recuerdan más al diseño veneciano, fuente de inspiración para numerosos arquitectos durante el siglo XVI, que a la propia Austria.

La luz se cuela entre las avenidas señoriales del barrio.

La luz se cuela entre las avenidas señoriales del barrio. Erli Grünzweil

En una de esas construcciones, que alberga un local que un día funcionó como imprenta, se halla Cucina Itameshi, uno de los restaurantes de moda en el distrito: con una cocina que fusiona el mejor producto de temporada con técnicas italo-japonesas, resulta ser todo un must.

No muy lejos, en Tempelgasse, nos topamos con los restos de lo que un día fue la sinagoga más grande de la ciudad, destruida durante los bombardeos de noviembre de 1938.

Hay que añadir a la ruta, sin duda, una parada importante para la versión musical de Viena: la casa en la que vivió durante 7 años el mismísimo Johan Strauss II con su primera esposa, la cantante de ópera Henrietta Jetty Treffz.

Colarse en el universo de Johann Strauss convertido en museo.

Colarse en el universo de Johann Strauss convertido en museo. Paul Bauer

Hoy, es un interesante museo abierto al público. ¿Lo más singular? El genio compuso entre estas paredes su obra más aclamada: El Danubio Azul.

Tiempo para el ocio vienés

Un paseo por el canal del Danubio para tomarle el pulso a la ciudad.

Un paseo por el canal del Danubio para tomarle el pulso a la ciudad. Christian Stemper

Pero, si algo saben hacer los vieneses (sobre todo, al llegar el verano), es disfrutar de la vida en la calle: en cuanto la temperatura sube y el sol brilla fuera, todos salen a hacer uso de sus espacios públicos sin miramientos.

Solo hay que dar un paseo por la ribera del Canal del Danubio, que marca el límite del Distrito II de la ciudad, para ver cómo jóvenes y mayores aprovechan para reunirse junto al agua, charlar y tomar refrigerios en los bares frente a la orilla.

El manto verde que oxigena Viena

El manto verde que oxigena Viena Lea Sonderegger

Justo al otro lado de Leopoldstadt se despliega otro de los enclaves de obligada visita: el Prater, el gran pulmón verde de Viena, es uno de los espacios de ocio más emblemáticos de Europa desde que el emperador José II lo abriera al público en 1766. Antes, había funcionado como coto de caza privado.

Aquí, entre avenidas arboladas y frondosos jardines, surge la inconfundible silueta de la Wiener Riesenrad, la mítica noria del famoso Wurstelprater, el parque de atracciones más antiguo del mundo, que lleva protagonizando el lugar desde que abriera en 1897.

Siempre inconfundible el skyline de la capital austriaca.

Siempre inconfundible el skyline de la capital austriaca. Peter Rigaud

Subidos a una de sus cabinas de madera, y desde las alturas, tomaremos consciencia de la dimensión de la ciudad y entenderemos cómo Leopoldstadt supo levantarse de sus cenizas. Cómo pasó, a lo largo de los siglos, de ser un arrabal separado por el Danubio a convertirse en uno de los distritos más dinámicos de la capital austríaca.