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El pueblo que hoy merece una escapada es uno de esos lugares donde resulta fácil imaginar que el tiempo se ha detenido. Calles de piedra, viviendas centenarias y naturaleza forman parte de un paisaje que parece de postal.

Ese rincón es Bárcena Mayor, considerado uno de los pueblos más bonitos de España y también el más antiguo de Cantabria. Con apenas unas decenas de habitantes, se esconde en pleno Parque Natural Saja-Besaya y guarda muchas sorpresas pese a su pequeño tamaño.

La localidad se extiende junto al río Argoza, sobre una pequeña vega protegida por montañas y frondosos bosques. Además, es el único núcleo habitado situado dentro del parque natural, algo que hace todavía más especial su ubicación.

Calle con antiguas casas rurales en Bárcena Mayor.

Nada más llegar, llama la atención la armonía que conserva el conjunto. Apenas hay elementos modernos que alteren la imagen tradicional que caracteriza al pueblo.

Sus estrechas calles empedradas son perfectas para caminar tranquilamente, sin necesidad de seguir una ruta concreta y prestando atención a los detalles que aparecen a cada paso.

Pueblo de Bárcena Mayor.

Precisamente, uno de los grandes tesoros de Bárcena Mayor está en sus construcciones, consideradas uno de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional montañesa de Cantabria.

Muchas de sus viviendas se remontan a los siglos XVI y XVII y combinan muros de piedra con tejados de lastra. Sus grandes balconadas de madera adquieren todavía más protagonismo cuando las flores llenan de color las fachadas.

Soportales, arcos, pequeños pasadizos y establecimientos de artesanía terminan de dibujar un escenario de otra época. Un valioso conjunto que llevó a Bárcena Mayor a ser declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Qué ver en Bárcena Mayor

A pesar de sus reducidas dimensiones, este pequeño pueblo cántabro esconde varios rincones que merece la pena buscar durante el paseo.

Entre los más singulares aparecen las conocidas como Casas Gemelas, dos viviendas prácticamente idénticas. La tradición cuenta que surgieron cuando dos hermanos, después de una disputa familiar, decidieron repartirse una casa en dos partes iguales.

Otra parada interesante es la iglesia de Santa María, construida en el siglo XVII. Su torre incorpora un curioso arco bajo el que se puede pasar, haciendo que el templo quede completamente integrado entre las calles.

También merece una parada el puente de piedra que cruza el río Argoza. Desde este punto se contempla una bonita perspectiva del pueblo y del paisaje verde que lo rodea.

Pozas naturales y rutas

Al abandonar las últimas casas, la naturaleza pasa rápidamente a ocupar todo el paisaje y se convierte en otro de los grandes motivos para visitar Bárcena Mayor.

En sus alrededores aparecen pozas y zonas naturales de baño especialmente apetecibles durante los días de calor. Entre los rincones más conocidos está el Pozo Arbencia, rodeado de abundante vegetación.

El Parque Natural Saja-Besaya ofrece, además, diferentes senderos para caminar entre bosques autóctonos y conocer más de cerca la riqueza natural de esta zona de Cantabria.

Gastronomía cántabra

La escapada tampoco estaría completa sin sentarse a la mesa. En Bárcena Mayor y el entorno del valle de Cabuérniga es fácil encontrar cocina tradicional, con el cocido montañés como uno de sus grandes protagonistas.

Una receta contundente y muy ligada a Cantabria que se convierte en el premio perfecto después de una mañana recorriendo a pie el pueblo y sus caminos.

Qué ver en los alrededores

Si todavía queda tiempo, alrededor de Bárcena Mayor existen suficientes lugares para convertir la visita en una escapada de día completo.

Una de las paradas puede ser Carmona, otro de los pueblos más bonitos de España y un buen lugar para seguir descubriendo las casonas y construcciones tradicionales de la montaña cántabra.

No demasiado lejos se encuentra también el nacimiento del río Ebro, un enclave muy visitado que combina la importancia simbólica del lugar con un agradable entorno natural.

Otra posibilidad es acercarse al Castillo de Argüeso, una fortaleza medieval rodeada de montaña, o visitar el cercano poblado cántabro, donde se recrea la forma de vida de los antiguos habitantes de este territorio.

Y para terminar caminando entre naturaleza, la ruta de las cascadas de Lamiña atraviesa un frondoso bosque antes de alcanzar varios saltos de agua, poniendo el broche más verde a una escapada por el interior de Cantabria.