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Hay lugares que parecen hechos para olvidarse durante unas horas de las prisas. Rincones en los que el paisaje obliga a caminar más despacio y donde el mar se abre paso entre montañas y acantilados.

Destinos en los que basta escuchar las olas, recorrer a pie sus calles o sentarse frente al puerto para entender que, a veces, lo más sencillo es precisamente lo que consigue sorprender.

Cudillero es uno de ellos. Esta pequeña villa marinera de Asturias, en el norte de España, llama la atención por sus casas de colores, que parecen trepar por la ladera mientras miran hacia el Cantábrico.

Cudillero. iStock

Considerado uno de los pueblos con más encanto del Principado, su atractivo no se encuentra únicamente en el paisaje. La pesca, el puerto y las costumbres marineras continúan formando parte de su identidad.

Su historia está estrechamente vinculada al mar y ya en el siglo XV comenzó a afianzarse como puerto pesquero. Ese pasado todavía puede reconocerse en su arquitectura y en su casco antiguo protegido como Bien de Interés Cultural.

Pueblo de Cudillero. iStock

La zona más conocida recibe popularmente el nombre de "anfiteatro", una sucesión de viviendas escalonadas. En la parte baja aparece la Plaza de la Marina, desde donde las fachadas se distribuyen a diferentes alturas como si fueran los palcos de un antiguo teatro adaptado a la montaña.

Muchas de estas viviendas, levantadas en el siglo XIX, destacan por sus fachadas de colores vivos. Entre ellas discurren callejuelas y escaleras que conducen hasta diferentes miradores sobre el pueblo y el mar.

Entre mar y acantilados

Una visita a la localidad también permite acercarse a su puerto y al faro, además de probar una gastronomía en la que pescados y mariscos ocupan un lugar protagonista.

En los alrededores aparece además la Playa del silencio, uno de los paisajes costeros más conocidos de Asturias y una buena razón para prolongar la escapada más allá del casco urbano.

Con alrededor de 500 metros y protegida por grandes paredes rocosas, esta playa dibuja una especie de concha frente al Cantábrico. Su entorno salvaje y sus aguas transparentes contemplan una de las postales más singulares de esta costa.

Una lengua propia

Cudillero también es conocida como la Villa Pixueta, un nombre estrechamente relacionado con la cultura de sus habitantes y con el pixueto o puixuatu, habla tradicional propia de la localidad.

Considerada una variedad vinculada al asturiano occidental, conserva una pronunciación muy característica y numerosas palabras nacidas alrededor de la pesca, el mar y la vida cotidiana de los antiguos marineros

Algunas historias populares han querido buscarle incluso un origen vikingo, aunque desde el punto de vista lingüístico se encuadra dentro del asturiano y presenta numerosos localismos propios.

Actualmente quedan muy pocos habitantes que lo hablen, pero parte de este patrimonio se conserva en obras como el Diccionario popular del Concejo de Cudillero y en L'Almuravela, el tradicional sermón satírico en verso que se recita cada 29 de junio durante las fiestas de San Pedro.

Así, entre fachadas de colores, escaleras que ascienden hacia el Cantábrico y pequeñas terrazas junto al puerto, Cudillero conserva esa combinación de paisaje y vida pausada que puede recordar a algunos rincones mediterráneos de la Toscana italiana.