Con la llegada del otoño, la Costa Brava cambia de ritmo. Las playas recuperan la calma, los paseos junto al Mediterráneo se vuelven más tranquilos y la gastronomía se convierte en otra buena razón para organizar una escapada.
En Tossa de Mar, esta época tiene además sabor a tradición marinera. La localidad gerundense celebra una nueva edición de La Cocina del Cim i Tomba, una campaña gastronómica que reúne a 17 restaurantes alrededor de uno de sus platos más representativos.
Durante varias semanas, establecimientos de la localidad recuperan este antiguo guiso de pescadores a través de menús especiales en los que cada cocinero respeta su esencia, aunque incorpora pequeños matices propios.
Para encontrar el origen del cim i tomba hay que mirar hacia las antiguas barcas de pesca de Tossa. Cuando las jornadas en el mar se prolongaban durante horas, los pescadores necesitaban preparar allí mismo comidas sencillas y contundentes.
En sus embarcaciones llevaban patatas, cebolla, ajo, tomate, pimiento y aceite. A la cazuela incorporaban aquellos pescados que habían quedado dañados en las redes y que ya no podrían vender al regresar a puerto.
La preparación terminaba con un alioli ligero que se añadía al guiso durante sus últimos minutos al fuego.
Su curioso nombre procede precisamente del movimiento con el que los ingredientes se volteaban para intercambiar su posición dentro de la cazuela.
17 formas de probarlo
Aquella comida humilde ha terminado llegando a las cocinas de algunos de los restaurantes de la localidad. Actualmente suele prepararse con pescados de carne firme, como rape, rodaballo, pintarroja o cabracho.
En esta edición participan 17 establecimientos, entre ellos Bahía, Can Carlus, Can Simón, Sa Muralla, Capri o Castell Vell, que elaboran su propia interpretación siguiendo la base tradicional de la receta.
Los menús creados para la campaña suelen completar la cazuela individual de cim i tomba con un primer plato y un postre. Una oportunidad para descubrir cómo una receta nacida por necesidad terminó convirtiéndose en parte de la identidad gastronómica de Tossa.
Entre murallas y el Mediterráneo
Después de comer, el viaje puede continuar caminando. La Vila Vella conserva uno de los perfiles más reconocibles de la Costa Brava, con sus murallas y torres elevándose directamente sobre el Mediterráneo.
Atravesarlas permite adentrarse en un pequeño laberinto de calles empedradas y casas de piedra. En la parte alta esperan las ruinas de la antigua iglesia de Sant Vicenç y el faro, con vistas abiertas sobre los acantilados y el mar.
Fuera de las murallas merece la pena acercarse al barrio de la Roqueta, ligado históricamente a los pescadores, o recorrer las calles del Socors, Portal y Sant Antoni antes de continuar hacia el paseo marítimo.
Calas para alargar el paseo
A los pies de la Vila Vella aparece Es Codolar, una pequeña cala de arena dorada protegida por acantilados. Al otro lado se extiende la Platja Gran, desde donde se obtiene una de las mejores perspectivas de las murallas junto al agua.
Quienes quieran seguir caminando pueden continuar hacia la Mar Menuda o buscar alguno de los tramos de los caminos de ronda que recorren este litoral entre pinares, acantilados y pequeñas calas.
Así, probar una cazuela de cim i tomba puede convertirse en el comienzo de una escapada mucho más completa: primero sentarse a la mesa para descubrir la historia marinera de Tossa y después salir a buscarla entre sus murallas, antiguas calles de pescadores y el Mediterráneo.
