Hay rincones de España donde el paisaje invita a bajar el ritmo. Montañas cubiertas de bosque, calles empedradas, casas con entramados de madera y pequeños palacios que hablan de épocas pasadas y que dibujan lugares que parecen haberse quedado al margen de las prisas.
Uno de ellos se esconde a orillas del río Oja, a los pies del Sistema Ibérico. Un destino rodeado de naturaleza donde el verde domina buena parte del horizonte y que, por momentos, puede recordar a esas pequeñas localidades rurales que salpican la Toscana italiana.
Hablamos de Ezcaray, una de las villas con más encanto de La Rioja. Con poco más de 2.000 habitantes, su tranquilidad cambia especialmente durante el verano, cuando se convierte en uno de los destinos más buscados de la región.
Pueblo de Ezcaray.
Aunque muchos viajeros la conocen por la cercana estación de esquí de Valdezcaray, basta con recorrer su casco histórico para descubrir que sus atractivos van mucho más allá.
Y es que, caminar por el centro de Ezcaray significa hacerlo entre soportales, casas tradicionales, calles estrechas y antiguas viviendas señoriales. Su arquitectura popular está considerada una de las más interesantes y mejor conservadas de La Rioja.
Los soportales son precisamente uno de sus elementos más característicos. Durante siglos permitieron mantener buena parte de la actividad comercial y social del pueblo protegida de la lluvia, la nieve, los fríos inviernos y el sol del verano.
También sobreviven numerosas casas de tres alturas que permiten imaginar cómo era antiguamente la vida en la villa. La planta inferior se reservaba habitualmente para el ganado, mientras la familia ocupaba el piso intermedio y el superior servía para almacenar el forraje.
Entre las construcciones más elegantes aparecen el Palacio del Ángel y el Palacio de Barroeta, ambos levantados en el siglo XVIII. Sus fachadas de piedra, escudos y detalles ornamentales recuerdan la prosperidad que alcanzó Ezcaray siglos atrás.
Una villa marcada por los paños
Parte de aquella riqueza estuvo estrechamente relacionada con la industria textil. Una de las mejores huellas de ese pasado es la Real Fábrica de Paños de Santa Bárbara, fundada en 1752 con el apoyo del marqués de la Ensenada.
La fábrica llegó a alcanzar una notable importancia durante el siglo XVIII, aunque terminó entrando en decadencia durante el XIX. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1992, tiene hoy una vida muy diferente como albergue y espacio teatral.
Real Fábrica de Paños de Santa Bárbara, en Ezcaray.
Otra parada imprescindible es la iglesia de Santa María la Mayor, levantada principalmente durante el siglo XV sobre construcciones anteriores. Su aspecto robusto esconde un interesante interior en el que sobresale su retablo mayor del siglo XVI.
A las afueras espera además la ermita de Nuestra Señora de Allende, terminada en el siglo XVII. En su interior se conserva una singular colección de diez lienzos de los llamados Ángeles Arcabuceros y la imagen medieval de la patrona de Ezcaray.
Naturaleza alrededor de Ezcaray
Salir del casco urbano supone cambiar rápidamente la piedra por el bosque. Ezcaray posee uno de los términos municipales con mayor superficie forestal de La Rioja y está rodeado por un paisaje perfecto para caminar prácticamente durante todo el año.
Senderos entre montañas, bosques, ermitas y pequeñas aldeas permiten conocer esa cara más salvaje del valle. Algunas de estas poblaciones continúan habitadas, como Zaldierna, Azárrulla, Urdanta o Turza, mientras otras quedaron vacías tras décadas de despoblación rural.
Río Oja en el pueblo de Ezcaray.
Precisamente esa sucesión de pequeñas aldeas y caminos permite descubrir un territorio en el que la naturaleza parece recuperar poco a poco su espacio. Entre los vestigios más curiosos aparecen incluso las ruinas de antiguos núcleos y construcciones religiosas olvidadas entre la vegetación.
En invierno, el paisaje cambia por completo. A unos 17 kilómetros se encuentra Valdezcaray, la estación de esquí que durante décadas ha convertido a esta zona de La Rioja en un destino habitual para los amantes de la nieve.
Pero Ezcaray no necesita esperar al invierno para resultar especial. Su combinación de palacios centenarios, arquitectura tradicional, montañas y extensos bosques consigue que cualquier estación sea buena para descubrir uno de los pueblos con más personalidad de La Rioja.
