Fernando Alonso ha recorrido algunos de los circuitos más emblemáticos del planeta, pero hay un lugar al que siempre acaba regresando cuando necesita desconectar del ritmo de la competición. Lejos de los circuitos de la Fórmula 1 y de los constantes viajes, el piloto mantiene intacto su vínculo con Asturias.
A las afueras de Oviedo se encuentra uno de sus refugios más personales. Rodeada de árboles y amplias zonas verdes, la propiedad refleja esa conexión que nunca ha perdido con la tierra donde nació y dio sus primeros pasos al volante.
La finca del piloto está concebida para disfrutar de la tranquilidad y del deporte. Entre sus elementos más llamativos destaca un pequeño campo de golf privado que se integra en el paisaje y convierte el entorno en un espacio pensado para el descanso
Pero más allá de la vivienda, el gran atractivo está en todo lo que la rodea. Porque muy cerca se encuentra Oviedo, una ciudad que combina historia, patrimonio y gastronomía como pocas en el norte de España.
Capital del Principado de Asturias, Oviedo conserva uno de los cascos históricos más elegantes del norte peninsular.
Catedral de Oviedo en la Plaza Alfonso II.
Sus calles peatonales invitan a pasear sin prisas entre edificios señoriales, plazas llenas de terrazas y más de un centenar de esculturas repartidas por toda la ciudad, muchas de ellas convertidas ya en auténticos símbolos para vecinos y visitantes.
El recorrido por esta ciudad suele comenzar en la Catedral de San Salvador. Su imponente silueta domina el centro histórico y en su interior se encuentra la Cámara Santa, una joya del siglo IX declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO y considerada uno de los conjuntos religiosos más importantes de España.
Santa María del Naranco. Asturias
A pocos minutos del centro aparece uno de los grandes tesoros de Oviedo. Y es que, en las laderas del monte Naranco se conservan dos de los mejores ejemplos del arte prerrománico asturiano.
La iglesia de San Miguel de Lillo, levantada en el siglo IX durante el reinado de Ramiro I, conserva parte de su estructura original y sigue siendo una referencia imprescindible para comprender este singular estilo arquitectónico.
Muy cerca se encuentra Santa María del Naranco. Construido inicialmente como residencia palaciega y transformado siglos después en iglesia, este edificio sorprende por la armonía de sus proporciones, la riqueza de su decoración y el magnífico estado de conservación que presenta más de mil años después de su construcción.
Fabada, cachopo y sidra como protagonistas
Visitar Oviedo también significa sentarse a la mesa. De hecho, la gastronomía asturiana forma parte de la identidad de la ciudad y ofrece mucho más que algunos de sus platos más conocidos.
La fabada, el cachopo, el pastel de cabracho o los quesos artesanos conviven con una repostería donde destacan especialidades como los carbayones o las tradicionales moscovitas.
Todo ello acompañado, cómo no, de la sidra natural. No en vano, Asturias está considerada la capital mundial de esta bebida y "escanciar un culín" continúa siendo uno de los gestos más representativos de su cultura gastronómica.
Una ciudad rodeada de naturaleza
Uno de los grandes privilegios de Oviedo es su capacidad para combinar la vida urbana con un entorno natural de enorme valor. Y es que, en apenas unos minutos es posible pasar del centro histórico a los paisajes verdes que rodean la ciudad, un contraste que explica por qué tantos asturianos eligen este entorno para vivir.
Es precisamente en esa zona donde Fernando Alonso ha encontrado el lugar perfecto para desconectar. Un refugio alejado del ruido, rodeado de naturaleza y muy cerca de una ciudad que mantiene intacta su esencia.
Quizá por eso, pese a haber competido en los cinco continentes y haber vivido durante años lejos de España, el piloto nunca ha dejado de regresar a su tierra Asturias.