Lejos de los focos, los platós de televisión y el ritmo acelerado de Madrid, José Mota tiene muy claro cuál es el lugar al que siempre le gusta regresar para recargar pilas. Allí no hay prisas, ni grandes avenidas, ni turismo masificado. Solo calles tranquilas, mucha historia y el paisaje inconfundible de La Mancha.
Ese lugar es Montiel. Un destino en Ciudad Real que con poco más de un millar de habitantes, continúa siendo el refugio donde el humorista recupera la calma y vuelve a conectar con la tierra que ha marcado buena parte de su vida.
Su vínculo con este rincón manchego nunca se ha roto. Y es que, cada vez que su agenda se lo permite, regresa a este pueblo en el que conserva la esencia de otra época y donde todavía es posible disfrutar de un ritmo de vida pausado, muy distinto al de las grandes ciudades.
Un pueblo con mucha historia
Montiel forma parte de la historia de la comarca del Campo de Montiel y se asienta en un amplio valle rodeado por suaves colinas y campos de cultivo que dibujan uno de los paisajes más característicos del interior de Castilla-La Mancha.
Pero este pequeño municipio es conocido por mucho más que su tranquilidad. Aquí tuvo lugar uno de los episodios más decisivos de la historia medieval española.
Castillo de la Estrella, en Montiel.
En 1369, el rey Pedro I perdió la vida tras enfrentarse a su hermanastro Enrique de Trastámara, un acontecimiento que cambió el rumbo de la Corona de Castilla y convirtió a Montiel en un escenario clave de la historia del país.
El gran testigo de aquel episodio continúa dominando el horizonte. Se trata del Castillo de la Estrella, una fortaleza de origen andalusí levantada en el siglo IX y ampliada tras la conquista cristiana. Hoy es uno de los conjuntos arqueológicos medievales más importantes de Castilla-La Mancha y ofrece unas vistas privilegiadas sobre el valle del Jabalón y el paisaje manchego.
Un paseo entre calles con siglos de historia
El casco histórico invita a descubrir el municipio sin prisas. Las calles conservan buena parte de su trazado tradicional y conducen hasta algunos de los edificios más representativos de la localidad, donde la historia aparece en cada rincón.
Entre ellos destaca la parroquia de San Sebastián, construida a partir del siglo XV y ampliada durante los siglos posteriores. Su interior combina elementos renacentistas y barrocos, reflejando la evolución artística del templo a lo largo de los siglos.
El recorrido puede continuar por otros edificios históricos como el Castillo de Torres, la Casa de la Condesa de Calleja o la conocida Casa Pretel, construcciones que ayudan a comprender la importancia que llegó a tener Montiel durante la Edad Media.
Naturaleza en el corazón del Campo de Montiel
Más allá de su patrimonio, el municipio ofrece un entorno perfecto para quienes disfrutan del turismo al aire libre.
Los caminos que rodean el pueblo atraviesan olivares, encinares y pequeñas elevaciones desde las que se contempla buena parte del Campo de Montiel, un paisaje que inspiró algunos de los escenarios más conocidos de la literatura cervantina.
Senderismo, rutas en bicicleta o simplemente pasear entre caminos rurales son algunos de los planes más habituales para descubrir una comarca donde la naturaleza sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana.
Las mejores migas manchegas
Hablar de Montiel también es hablar de cocina tradicional. Y es que, la gastronomía local mantiene vivas muchas de las recetas que han acompañado durante generaciones a las familias manchegas.
Entre todas ellas sobresalen las migas, uno de los platos más representativos de la comarca. Elaboradas con pan asentado, abundante aceite de oliva virgen extra, ajo, chorizo y panceta, continúan siendo uno de los grandes orgullos culinarios del Campo de Montiel y un imprescindible para quienes visitan la zona.
A ellas se suman otros clásicos como las gachas, el pisto manchego, las calderetas de cordero o los quesos artesanos elaborados con leche de oveja, una gastronomía ligada al producto local y a la tradición.