Lejos de los platós de televisión, los escenarios y el ritmo frenético de Madrid, Emilio Aragón lleva más de dos décadas encontrando la tranquilidad en un rincón muy especial de Mallorca. Allí, entre montañas, calles de piedra y calas de aguas cristalinas, el presentador ha construido uno de sus refugios familiares más queridos.
Ese lugar es Pollença. Un destino ubicado en el extremo norte de la isla y que ha sabido conservar el carácter de la Mallorca más auténtica. Su historia, su patrimonio y el entorno privilegiado que forman la Serra de Tramuntana y el Mediterráneo lo han convertido en uno de los destinos más especiales del archipiélago.
La relación de Emilio Aragón con esta localidad no es reciente. La familia posee una vivienda en la zona desde hace más de veinte años y, con el paso del tiempo, Pollença se ha transformado en un auténtico segundo hogar donde disfrutan de largas temporadas, reuniones familiares y escapadas alejadas del foco mediático.
Pollença en la isla de Mallorca. iStock Mallorca.
Si hay que destacar algo de esta localidad, es que Pollença presume también de un legado histórico que se remonta a más de tres mil años y que todavía puede descubrirse mientras se pasea por su casco antiguo.
Las calles empedradas, las fachadas de piedra y las plazas llenas de terrazas conservan el ambiente tranquilo que ha seducido durante décadas a artistas, escritores y viajeros de todo el mundo.
66 Bienes de Interés Cultural
No es casualidad que el municipio reúna hasta 66 Bienes de Interés Cultural. Buena parte de ese patrimonio se concentra en el corazón de la localidad, donde la Plaza Mayor se convierte en el principal punto de encuentro de vecinos y visitantes.
A su alrededor se levantan cafeterías, restaurantes y pequeños comercios que mantienen vivo el ritmo cotidiano del pueblo.
Plaza mayor de Pollença. iStock Mallorca.
Presidiendo este espacio aparece la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los edificios más emblemáticos de Pollença. Su interior alberga un destacado retablo barroco que refleja la importancia histórica y artística de este templo.
Muy cerca se encuentra el llamado puente romano, otro de los símbolos más conocidos del municipio.
Aunque su origen sigue generando debate entre los historiadores y la estructura actual fue transformada durante la Edad Media, continúa siendo una de las imágenes más reconocibles de Pollença y uno de los lugares más fotografiados por quienes visitan la localidad.
Pero si hay una experiencia que prácticamente ningún viajero quiere perderse, esa es ascender los 365 escalones de El Calvari. La escalinata, flanqueada por cipreses y antiguas cruces de piedra, conduce hasta una pequeña capilla situada en lo alto de la colina. Desde allí se obtiene una panorámica privilegiada del casco urbano, la bahía y buena parte de la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Calas de aguas cristalinas y naturaleza
Pero más allá del casco histórico, el municipio ofrece algunos de los paisajes más espectaculares del norte de Mallorca.
Desde Pollença parten numerosas rutas que recorren la Serra de Tramuntana y conducen hasta miradores con vistas al Mediterráneo, convirtiéndose en uno de los grandes reclamos para senderistas y amantes de la naturaleza.
Cala Sant Vicenç en Pollença. iStock Mallorca.
A pocos minutos aparece también Cala Sant Vicenç, un pequeño conjunto de calas rodeadas de acantilados donde el agua cristalina y el paisaje rocoso dibujan una de las estampas más características de esta parte de la isla.
Cala Molins, Cala Barques, Cala Clara o Cala Carbó ofrecen ambientes muy diferentes, desde playas familiares de arena fina hasta pequeños rincones donde la naturaleza sigue siendo la auténtica protagonista.
Quizá por eso Emilio Aragón continúa regresando año tras año. Porque Pollença reúne todo aquello que cada vez resulta más difícil encontrar: patrimonio, naturaleza, cultura y un ritmo pausado que invite a disfrutar de la isla lejos de aglomeraciones.