Entre rodajes, estrenos y compromisos profesionales, Maxi Iglesias siempre encuentra un hueco para volver a Galicia. El actor madrileño lleva más de quince años eligiendo esta comunidad para desconectar del bullicio y disfrutar de algunos de los paisajes más espectaculares del norte de España.
Con el paso del tiempo, sus escapadas se han convertido casi en una tradición. No solo ha recorrido buena parte de la costa gallega, sino que también ha trabajado allí durante el rodaje de la serie Punto Nemo. Y entre todos esos destinos, recientemente ha encontrado en Ferrol uno de los mejores lugares para combinar naturaleza, surf y gastronomía.
Un destino donde todavía es posible descubrir playas salvajes, barrios con siglos de historia y tabernas en las que el marisco sigue llegando directamente del puerto a la mesa.
Aquí el Atlántico marca el ritmo del día a día y también buena parte de los planes al aire libre. No es casualidad que Maxi Iglesias haya encontrado en esta costa el escenario perfecto para disfrutar de una de sus grandes pasiones: el surf.
Cada vez que tiene ocasión busca playas con buenas olas y pocas zonas del norte reúnen tantas opciones como la costa de Ferrol. Entre todas ellas sobresale Doniños.
Playa de Doñinos.
Con casi dos kilómetros de arena dorada, un espectacular sistema de dunas y una laguna natural situada tras la playa, este arenal se ha convertido en uno de los grandes referentes del surf en Galicia y en uno de los lugares donde el actor ha disfrutado de varias jornadas sobre la tabla.
Pero la costa ferrolana guarda muchos más secretos. San Xurxo, con más de dos kilómetros de longitud, ofrece también un paisaje prácticamente virgen; Esmelle es otra de las playas favoritas para los deportes acuáticos gracias a su oleaje constante; mientras que Ponzos mantiene ese carácter salvaje que define buena parte del litoral de Ferrolterra.
Ermita de Santa Comba, en Ferrol.
Para quienes buscan un rincón diferente, Santa Comba es otra parada imprescindible. Y es que, su pequeña ermita románica situada sobre un islote frente al mar, convierte esta playa en una de las imágenes más singulares de toda la costa gallega.
Pero Ferrol no solo conquista por sus arenales. Su estrecha relación con el mar ha marcado el desarrollo de la ciudad durante siglos y basta recorrer el paseo del puerto para entender por qué este rincón de A Coruña desempeñó un papel fundamental en la historia marítima de España.
Muy cerca se encuentra el barrio de A Magdalena, considerado el corazón de la ciudad. Diseñado en el siglo XVIII siguiendo los principios del urbanismo ilustrado, sorprende por sus calles perfectamente alineadas, sus plazas y sus edificios históricos, que conservan buena parte de la esencia del antiguo Ferrol.
A pocos pasos comienza también el barrio más antiguo. Un entramado de calles donde pequeñas tabernas y restaurantes sirven algunos de los productos más apreciados de la gastronomía gallega.
Una ciudad con historia
Otro de los planes más recomendables consiste en recorrer la ría en barco para contemplar las fortalezas que durante siglos protegieron la entrada al puerto. El Castillo de San Felipe es el mejor ejemplo. Esta imponente fortificación defensiva domina la ría desde el siglo XVI y sigue siendo uno de los grandes símbolos patrimoniales de la ciudad.
Muy cerca se encuentra el Arsenal Militar, declarado Bien de Interés Cultural y considerado el único arsenal ilustrado de Europa que continúa en funcionamiento. En su interior también se puede visitar el Museo Naval, que permite conocer la estrecha relación de Ferrol con la Armada y la construcción naval.
Marisco, producto local y cocina gallega
Hablar de Ferrol también es hablar de buena mesa. Y es que, la cocina local gira alrededor del producto fresco, especialmente del pescado y el marisco que cada día llega a los mercados y restaurantes de la ciudad.
Zamburiñas, navajas, percebes, almejas, pulpo o centollo comparten protagonismo con otros platos tradicionales como la empanada gallega, el caldo o las carnes de la comarca. Una gastronomía sencilla, basada en la calidad de la materia prima, que convierte cualquier comida en una parte más del viaje.
Quizá por eso Maxi Iglesias siempre encuentra un motivo para volver. Porque Ferrol conserva esa autenticidad única: playas donde el Atlántico sigue marcando el ritmo, una gastronomía difícil de igualar y un ambiente marinero que permanece ajeno al paso del tiempo.