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Ya desde la distancia, impresiona ver cómo el vapor emerge del subsuelo con absoluta intensidad. El aroma fuerte y denso a azufre nos confirma que, en este rincón del mundo, la Tierra se halla especialmente viva. No en vano, nos hallamos en una ubicación tan particular como es el corazón de una caldera volcánica formada por antiguos procesos eruptivos.

Un espacio que, debido a su actividad, ha dado forma a un valle cerrado y especialmente fértil, rodeado de montañas y vegetación subtropical. Estamos en Furnas, a donde hemos llegado tras casi una hora de trayecto en coche por verdes praderas regadas de vacas, campos de té y una exuberante vegetación.

Ahora, alcanzado el extremo oriental de la isla de São Miguel, dentro de la región autónoma de las Azores (Portugal) y en pleno Atlántico Norte, ha llegado el momento de explorar qué particularidades convierten este recóndito enclave, en un lugar tan especial.

Una de las salidas de vapor de la tierra en Furnas.

Una de las salidas de vapor de la tierra en Furnas. E. E.

Volviendo a las fumarolas, que nos atraen desde lejos cual canto de sirenas, entendemos que su existencia tiene que ver, obviamente, con que estamos en uno de los puntos de mayor actividad geotérmica del archipiélago.

Recorremos las calles de Furnas guiados por ellas y, cuando venimos a darnos cuenta, estamos preparándonos un té cultivado en la isla con el propio agua caliente que brota, directamente, de una de sus fuentes termales.

Bromean los locales con que, si esta se vuelve de color púrpura, es porque se es mala persona, aunque se trate de una reacción química pura y dura: la que sucede tras mezclar los altos niveles de hierro del líquido, con los antioxidantes del té.

El pueblo convive con la actividad volcánica como ha hecho siempre.

El pueblo convive con la actividad volcánica como ha hecho siempre. E. E.

El espectáculo de caldeiras sorprende a cada paso. Sus temperaturas oscilan entre los 70ºC y los 100ºC y cada una ha sido bautizada a conciencia: está Caldeira Seca y Caldeira Barrenta, Caldeira Grande o Caldeira do Asmodeu, una de las más emblemáticas por estar asociada a la tradición local.

A diferencia de otros campos geotérmicos más aislados, la particularidad de estas es que aquí se hallan rodeadas por las propias calles, jardines y viviendas de la localidad, integrándose así en la vida cotidiana de Furnas de una manera maravillosa. No hay más que echar un vistazo al río de agua caliente que atraviesa el pueblo, cuyos baños termales al aire libre son utilizados por propios y extraños para tratar los pies.

¿Otro ejemplo de ello? Lo encontramos a tiro de piedra, en las Fumarolas da Lagoa das Furnas, a apenas 10 minutos en coche. Desde temprano en la mañana, la actividad en torno a esta zona es un constante ir y venir de vecinos y turistas.

Las familias colocan un cartel con su nombre para saber dónde está su cocido.

Las familias colocan un cartel con su nombre para saber dónde está su cocido. E. E.

Todos se acercan a la parte acotada, un perímetro vigilado donde volvemos a encontrarnos con fumarolas y calderas volcánicas que expulsan vapor, agua y gases procedentes del calor geotérmico. Un espectáculo natural que, más allá de provocar asombro, también sirve como método de cocción alternativo y eficaz.

La tradición, viene de lejos: los habitantes de Furnas aprendieron, desde hace generaciones, a utilizar el calor del subsuelo para cocinar el célebre Cozido das Furnas, uno de los platos más tradicionales de la isla.

Por eso cada mañana, grandes ollas metálicas repletas de carnes, embutidos, verduras y tubérculos se introducen —con la ayuda del personal de la zona, eso sí— en agujeros excavados en la tierra, donde quedan enterradas durante varias horas. ¿El resultado? Una absoluta exquisitez.

Tan popular es esta experiencia, que Octant Furnas, uno de los hoteles más exclusivos de la zona, ubicado en el espacio del antiguo centro termal de la localidad, ha optado por incluirla entre las propuestas de ocio a sus clientes. Así es como ahondamos en la parte culinaria más auténtica de esta zona de la isla: tras una clase magistral de la mano de su Guest Experiencie Manager, y el consiguiente enterramiento de la olla, regresamos a Octant Furnas para descubrir las mil y una bondades de su localización.

El hotel Octant Furnas.

El hotel Octant Furnas. E. E.

La deslumbrante arquitectura contemporánea del hotel brilla con luz propia rodeada de naturaleza sublime, mientras que sus instalaciones acogen piscinas termales interiores y exteriores que están abiertas a sus huéspedes 24 horas al día. Para completar, una enorme oferta de bienestar con un Spa con 10 cabinas y tratamientos exclusivos, y un completo gimnasio.

Sus 54 habitaciones y suites, algunas con piscina privada, están diseñadas con una estética sobria en la que predominan materiales naturales, tonos volcánicos y guiños al paisaje exterior.

Un amplio abanico de opciones que incluye, además, rutas senderistas por los alrededores, una fabulosa coctelería de autor, una boutique repleta de artesanía isleña y Á Terra, su restaurante: es aquí donde el chef Cristiano Ishii apuesta por acercar la gastronomía más auténtica, aquella que escoge la pureza del mar y de la tierra para cocinarlas con cariño en el horno de leña o en el de brasa Josper, para deleitar a los comensales.

También es el lugar donde damos buena cuenta del delicioso Cozido das Furnas que hemos preparado en la experiencia culinaria.

Puro deleite gustativo. ¿Un apunte más? Por la mañana, nos preocupamos por tomarnos el desayuno con tranquilidad y disfrutar a lo grande: el despliegue de delicias con sello azoriano es tal, que no sabremos cómo poner fin al festival.

El bar del hotel Octant Furnas.

El bar del hotel Octant Furnas. E. E.

Terra Nostra Garden

Dejamos a un lado los asuntos del yantar para continuar aprendiendo que, en el centro de Furnas, también hay espacio para pequeñas sorpresas. Así es como, sin esperar, nos topamos con uno de esos negocios que hablan del carácter y la identidad del lugar: Queso do Vale, una quesería-restaurante con mucho carisma donde llevan elaborando bombones de queso desde hace unos años y son todo un éxito en la localidad.

Nos hacemos con una caja que llevarnos a casa antes de seguir con el paseo. Ese que nos lleva a otro paraíso natural: Terra Nostra Garden nos espera.

Considerado uno de los jardines botánicos más célebres de Europa, este histórico parque nació en el siglo XVIII para reunir especies llegadas de distintas partes del mundo, desde enormes helechos arbóreos a avenidas de camelias, estanques y una vegetación exuberante favorecida por el particular microclima del valle, húmedo donde los haya.

No dudamos en pasearlo, en aprender sobre flora y disfrutar de las especies que aquí se hallan, antes de acabar en una de las imágenes más reconocibles de Furnas: la gran piscina termal de aguas ferruginosas y tono dorado consecuente de la elevada concentración de hierro y minerales que emergen desde el subsuelo volcánico.

Allí, sumergidos a 35ºC o 40ºC, tendremos la sensación de regresar, por un instante, a ese mismo corazón caliente que mueve y da vida a este rincón del São Miguel. El lugar donde la Tierra, sin duda, late fuerte.