Hay algunos pueblos que nos dejan sin aliento nada más plantarnos delante de ellos y que son perfectos para conocer en un fin de semana. Uno de estos lugares, con una imagen mágica nada más llegar, es Rupit i Pruit, en la comarca de Osona, a poco más de hora y media de Barcelona.
Rodeado de riscos, bosques y senderos que conducen a una de las cascadas más impresionantes de Cataluña, su casco medieval de piedra, sus balcones floridos y sus miradores sobre el Collsacabra lo convierten en un destino ideal donde se mezclan naturaleza, historia y buena mesa.
Además, lo más característico de este pueblo con menos de 300 habitantes es que está encaramado, literalmente, sobre la roca, con casas de piedra de fachadas increíbles de los siglos XVI y XVII que parecen asomarse al vacío.
El puente colgante para llegar a Rupit i Pruit.
De hecho, el acceso más icónico que se queda en la retina para siempre es su famoso puente colgante, que fue construido en el año 1945 y que se balancea sobre el río mientras cruzamos hacia este impresionante pueblo con una panorámica de las casas antiguas apiladas sobre el risco.
Este punto es el mejor lugar para hacer una foto y entender cómo este pequeño núcleo medieval ha sabido conservar su identidad de calles empedradas, pasadizos, escaleras de piedra y fachadas decoradas con flores todo el año.
Naturaleza salvaje
En Rupit la estrella natural es, sin duda, el agua en forma de salto de más de cien metros: el Salt de Sallent. Desde el centro del pueblo, hay una ruta muy bien señalizada que atraviesa los prados, bosques y masías que rodean al pueblo hasta llegar al mirador sobre la cascada.
La Cascada de Sallent cerca de Rupit i Pruit.
Hay que tener en cuenta que el camino cuenta con algo de dificultad, pero lo puede hacer cualquier visitante con una mínima preparación, ya que es una oportunidad única para poder atravesar bosques mixtos, paredes de roca vertical y verdes valles encajados.
Más allá de esta cascada, tenemos que disfrutar de los miradores naturales donde contemplar el relieve abrupto del Collsacabra, con balcones naturales sobre los riscos que nos dan una idea del abismo que supone frente al laberinto de piedra del casco histórico.
El pueblo de Rupit i Pruit, colgado sobre un risco.
Y es que el corazón de Rupit se recorre en poco tiempo pero hay que disfrutar bien de los rincones ocultos que surgen ante nosotros en pequeñas plazas irregulares, con escaleras talladas en la piedra y sus casas llenas de geranios.
Entre sus monumentos más destacados está la iglesia parroquial de Sant Miquel, con elementos barrocos y un campanario visible desde distintos puntos del pueblo y algunas ermitas y masías históricas en las afueras.
Gastronomía rural
En este caso la gastronomía es un argumento de peso para esta escapada. En Rupit y su entorno abundan los restaurantes y fondas que apuestan por la cocina catalana tradicional: embutidos, carnes a la brasa, trinxat, sopas de montaña y, en temporada, setas y platos de cuchara.
Muchas de estas casas de comidas están ubicadas en edificios históricos por lo que es una experiencia en sí misma entrar en estos comedores de piedra y disfrutar de productos de proximidad como quesos, miel y embutidos.
El camino de la cascada no es el único que podemos programar para nuestra visita ya que hay senderos señalizados que conectan con miradores, masías y otros pueblos del Collsacabra. También hay excursiones interpretativas o rutas por los riscos organizadas por empresas que permiten explorar con seguridad esta región.