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Hace unas décadas, había unos 135 millones de ostras salvajes en el Mar Menor. Ahora, científicos y organizaciones ambientales estudian si recuperar sus poblaciones puede ayudar a mejorar la calidad del agua de la laguna.

El proyecto RemediOS-3 ensaya con acuicultura restaurativa y sistemas de cultivo en columna para aprovechar su filtración de agua, una de las grandes capacidades naturales de la ostra plana.

La ostra plana (Ostrea edulis) se ha convertido en objeto de estudio precisamente por su capacidad para filtrar agua y por el papel que sus poblaciones podrían desempeñar en la recuperación de una de las lagunas costeras más singulares de Europa.

Una investigadora muestra un arrecife de Ostras el pasado octubre en el Mar Manor. EFE/ Marcial Guillén

Cada ostra puede filtrar cerca de 150 litros de agua al día. La cifra permite imaginar qué supondría recuperar una población significativa de estos moluscos en el Mar Menor. Según los investigadores, si se consiguiera repoblar la laguna con millones de ejemplares, podrían llegar a filtrar todo su volumen de agua aproximadamente cada 40 días.

Una ostra que limpia

La clave está en su propia biología. Las ostras son animales filtradores: toman agua y retienen el fitoplancton y otras partículas que necesitan para alimentarse. En ese proceso pueden contribuir a retirar indirectamente nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, relacionados con los procesos de eutrofización que afectan al Mar Menor.

El proyecto estudia hasta qué punto esta capacidad puede aprovecharse mediante acuicultura restaurativa, una fórmula que combina la producción de organismos acuáticos con la recuperación de ecosistemas.

La investigación contempla dos vías: recuperar arrecifes naturales de ostras y desarrollar sistemas de cultivo que, además de contribuir a la restauración ambiental, puedan generar una actividad económica para las personas de la zona.

El experimento se enfrenta al calor

La última campaña de seguimiento de RemediOS-3 se ha desarrollado durante uno de los momentos más críticos del año para la especie, con temperaturas del agua que han alcanzado los 32 ºC.

Se ha llevado a cabo a partir del cultivo en columna, un sistema que mantiene los ejemplares suspendidos entre la superficie y el fondo con cestas o bolsas a una profundidad determinada.

Los primeros resultados muestran una elevada supervivencia pese a las altas temperaturas del verano. No obstante, el equipo continuará el seguimiento durante los próximos meses para evaluar el efecto del estrés térmico sobre la especie.

También se estudiará el crecimiento de las ostras, tanto de la concha como de los tejidos. Estos datos serán fundamentales para determinar el funcionamiento del sistema piloto y avanzar hacia estrategias de acuicultura restaurativa adaptadas al cambio climático.

De la acuicultura a la restauración

RemediOS-3 forma parte de la Mar Menor Oyster Initiative, impulsada por el IEO-CSIC para estudiar el papel de los bivalvos en la restauración de ecosistemas degradados y desarrollar herramientas de bioextracción de nutrientes en ambientes eutrofizados.

El proyecto reúne al IEO-CSIC, ANSE, la Consejería de Medio Ambiente de la Región de Murcia y la Fundación Estrella de Levante, con la colaboración de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través del Programa Pleamar, y cofinanciación de la Unión Europea mediante el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA).

La línea para el cultivo de ostras en el Mar Menor.jpg WWF

Para esta campaña, el equipo científico ha contado con el catamarán WWF Solar, una embarcación de cero emisiones que ha permitido acceder a los módulos experimentales de cultivo con un impacto mínimo sobre la laguna.

Las ostras, por sí solas, no pueden resolver los problemas del Mar Menor. Su cultivo debe formar parte de un conjunto de medidas relacionadas también con la agricultura, el urbanismo y la gestión de las aguas. Pero la investigación plantea una posibilidad tan sencilla como poderosa: recuperar un animal que ya formaba parte del ecosistema y aprovechar su propia naturaleza para ayudar a repararlo.