Al más puro estilo serendípico, ejecutando labores varias, vaya, lo que ahora se llama multitarea, que suena como un superpoder pero sin sentido arácnido, aparece, oculta entre la letra pequeña, o no tanto, porque el BOE incluso usa negritas, una norma que, aunque de la época en la que los planes de igualdad no eran ninguna novedad, su criterio es del todo discriminatorio.
Dudo que quede a estas alturas de la película todavía alguien que se pregunte discriminación para quién, porque con esto del reparto del pan para las mujeres siempre el trozo más pequeño, si es que queda alguna migaja.
Y sí, porque en la distribución de haberes en modo de becas de estudios para los hijos, cuidado las madres que contraigan nuevas nupcias, porque en el supuesto de que este segundo marido tenga posibles lo de deducirse a los retoños de la esposa con los que convive eso no, ahí la gran Hacienda, que somos todos, aplica el criterio de a cada cual lo suyo; pero, si hablamos de educación, ese derecho consolidado constitucionalmente, ahí es un juntos y revueltos, la familia siempre unida.
La regulación, del todo menos guiada por la igualdad de trato, resuelve que pague el pudiente nuevo padrastro los estudios de las hijas y los hijos de esa mujer, llámenla loca, que quiere ejercer de madre sin la "ayuda" de su nuevo marido.
Hay políticas públicas que no pueden ser departamentos estancos nacidas con el impulso social de impregnar el espíritu general, porque así se ha pedido desde las bases civiles.
El progresismo, más allá de las siglas, es la voluntad de ejecución.
Cuando rige el reparto presupuestario y son las aritméticas las que mandan si además le sumamos los peajes parlamentarios el resultado es un pastel reducido y no un chicle que estirar, así que, entre reducción de deducciones y rebaja en el reparto de ayudas para que supuestamente todos tengan las mismas posibilidades para acceder a la educación, nos queda una sociedad muy lejos de poderes que engrandezcan la democracia y mucho de pactos interesados donde cada uno barre para su casa, y la de al lado, si acaso, que recoja el escombro restante.
Por algo se llama ordenamiento jurídico empleando el singular porque es el conjunto normativo el que crea una sociedad igualitaria y donde cabe el principio de igualdad cabe el derecho a la educación y el principio de solidaridad, todo esto en coctelera, más la concordia y el diálogo, la madurez democrática viene dada, "a sensu contrario", las brechas se agrandan en la misma proporción que las desigualdades clasistas.