Esto no va de si podemos o no llevar un spray de pimienta en la mochila, y, Dios no lo quiera, pero si nos vemos en la necesidad de defendernos, utilizarlo.

Que, también es cierto que, no estaría de más echar un vistazo a la legislación aplicable, en aras a evitar algún que otro disgusto.

A modo ilustrativo, y sin entrar en ilícitos penales cuando no se actúa en el marco de la legítima defensa, hay que saber que se requiere ser mayor de edad, para comprarlo, portarlo y usarlo, que, además, debe estar homologado por el Ministerio de Sanidad, y que las sanciones por incumplimiento pueden alcanzar los 30.000,00€.

Y, lo más curioso, esto último viene regulado en la Ley 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana. Claro, dicho así, en términos técnico-jurídicos, no suena, pero el nombre comercial sí, Ley Mordaza, esa que el ministro Grande-Marlaska ya en el año 2018 hablaba de modificar y en el 2020 de derogar, como suele decirse: “maldita hemeroteca”.

Aquí se trata de usar un recurso de compol, que no por manido hay que descartar, sino precisamente todo lo contrario, en comunicación política lo que siempre funciona no hay que abandonarlo.

Son solo dos pasos: el primero, detectar el problema, en este caso la seguridad; y, el segundo, buscar el objeto que se asocie visualmente, el que ahora nos ocupa, el spray de pimienta.

Con la imagen del objeto en la mente del ciudadano éste ya percibe perfectamente, sin necesidad de más explicaciones, que nos encontramos ante una situación de extrema inseguridad que no está resolviendo el Gobierno.

Y, si, además, elevamos el discurso y lo trasladamos al espacio tiempo, ya tenemos el combo perfecto, que sería el spray de pimienta en las mochilas, cuando en estos momentos la sociedad se encuentra inmersa en la vuelta al cole y la empatía hace su magia.

La seguridad, o, mejor dicho, su antagónico, la inseguridad, es una emoción que une al votante en búsqueda de una respuesta política frente al miedo.

Los posicionamientos más duros frente a lo que se considera una amenaza ganan espacio en la movilización del electorado que ve una respuesta contundente ante una situación que solo busca velar por la propia integridad física o de los miembros que forman parte del conjunto de la sociedad conocida.

La incertidumbre, el desasosiego, son sentimientos que canalizan en voto, que tiene más de emocional que de racional.

El miedo es el mayor poder que un grupo político puede tener entre las manos, y, sí, todos lo han usado, saben de su éxito, y a eso también se le teme.

Porque hablamos de política, ¿o se nos olvida?