Una perla de expresión sacada del más alto nivel de madre, para lo que también nos valdría otra como: “la comida no se toca”.
Que, la verdad, visto así, bien podría ser el eslogan de una buena campaña agroalimentaria ante el descalabro del sector a puertas de la inminente firma del Tratado Mercosur, el acuerdo comercial que sitúa a España fuera de toda competitividad, frente al que el Gobierno muestra una total indiferencia, como así lo han manifestado los impulsores de la tractorada que ha inundado Madrid.
Agricultores y ganaderos procedentes de todos los rincones del territorio del estado español, y, por lo que nos toca a nuestra rica tierra bañada por el Mediterráneo, no nos hemos quedado atrás y hemos llenado las calles con una más que evidente indignación ante la falta de respuesta efectiva para lo que es un ataque directo y sin rodeos a la actividad económica dedicada a la alimentación, nada más ni nada menos, la base fundamental para la supervivencia del ser humano.
Como la esperanza es lo último que se pierde, o eso se suele decir, puede que en algún momento se tome conciencia, esperando sea más pronto que tarde, de que España es la alacena de Europa.
Mucho coach motivacional pululando a sus anchas por las redes “sociales” (el entrecomillado es con intención) para subir la autoestima del individuo y, tal vez, se nos esté olvidando que cultivarnos como personas también es tomar conciencia de que pertenecemos a una sociedad que requiere de atenciones y cuidados, porque no se puede vivir ajeno a lo que nos rodea.
Así que, tras esta reflexión sobre el todo, igual todavía alguien piensa que esto solamente afecta al sector agro-alimentario, que solo los que se dedican a la agricultura o a la ganadería son los perjudicados por el acuerdo económico europeo, como si no dependiéramos directa o indirectamente de todos y cada uno de los canales de crecimiento económico de nuestro territorio.
Seguir viviendo de espaldas a las vicisitudes del entorno ciega y anestesia por partes iguales generando una sociedad cada vez más distante de la realidad.
Sí, efectivamente, la desafección política provoca cada vez más desconfianza en la resolución de problemas por parte de la esfera de la gobernabilidad; pero, también recae en cada compartimento de la sociedad, especialmente en las personas que la conforman, la responsabilidad en la defensa del conjunto, porque cada crisis de cada una de las porciones supone el menoscabo de la agrupación.