Un saludo a los que son más de Lego, porque debemos empezar a convencernos que se puede mantener la rivalidad sin necesidad de condenarnos a la polarización y caer en la elección extrema entre únicamente dos opciones, sin detenernos ni un solo momento a buscar una solución de compatibilidad, que bien podría ser una tercera vía de convivencia.
En el juego del montaje y en la política el encaje, debe ser ajustado para no caer en el perjuicio sobre el que, en definitiva, recaen las políticas públicas fruto de la toma de decisiones, que no es más que el ciudadano de a pie, como se suele decir.
Con la propuesta de cambio del modelo de financiación autonómica a cargo del Gobierno de España, el pragmatismo de los dirigentes autonómicos lleva al análisis de la desconocida letra pequeña en la que hay que detenerse, y con esmero, para valorar en conjunto si el nuevo sistema es o no más beneficioso para el territorio en cuestión, pero sin perder de vista el mandato constitucional de aplicación del principio de solidaridad.
Hasta aquí todo debería fluir con la normalidad democrática que en esta materia hace ya demasiado que viene caduca.
Pero, la realidad política, la que debe encajar con la óptima gobernanza, produce una anomalía en los motivos del debate; porque el planteamiento del nuevo paradigma no ha surgido, como debería ser, del cumplimiento de la renovación por expiración del plazo ni por impulso de las comunidades autónomas más perjudicadas, como es el caso de nuestro territorio.
Ha surgido porque el sostén del Gobierno así lo ha exigido. En este caso ha sido ERC, que, además, se adelantó a manifestar públicamente que habría propuesta para el cambio de modelo, con evidente mayor rédito para los que son muleta necesaria para continuar en el ejecutivo central.
Por supuesto, que no se nos olvide la pieza que resta por introducir, la figura que lidera el asunto, actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero, futura candidata a la Junta de Andalucía, que podría llegar a la convocatoria electoral con o sin un cambio de modelo de financiación.
El punto de partida no puede llevar a más que a mostrar oposición, no solo de los dirigentes del Partido Popular, en contra de las acciones del Gobierno en su función de oposición, sino de los propios presidentes autonómicos socialistas que se han visto adelantados por las estrategias de continuismo más que por sus propias demandas.
Ante el montaje presentado a los territorios autonómicos de acoger o renunciar cabe destapar la tercera vía, la siempre olvidada, la de la negociación, para exigir aquello que hasta el momento ha sido desoído aprovechando la necesidad del Gobierno de cerrar la etapa del cambio de sistema tanto por su propio mantenimiento como para recuperar Andalucía.