Rusowsky sumerge a Valencia en un viaje sensorial: del sonido más íntimo al más experimental

Rusowsky sumerge a Valencia en un viaje sensorial: del sonido más íntimo al más experimental Raquel Granell

Ocio MÚSICA

Rusowsky sumerge a Valencia en un auténtico viaje sensorial: del sonido más íntimo al más experimental

El cantante vallisoletano cuelga dos 'sold out' en el Auditorio Roig Arena, convirtiéndose en uno de los referentes más versátiles a nivel musical.

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Valencia
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Ruslán Mediavilla es un tipo peculiar. Es de esos que cautivan al público desde el primer momento. Se planta una peluca -si es pelirroja, mejor-, unas gafas y un outfit cómodo y sale al escenario a triunfar con su pop experimental.

Pero antes, una marea amarilla -como el color predilecto de su disco Daisy- de camisetas y complementos en las primeras filas le espera para emprender el que será un auténtico viaje sensorial; del sonido más íntimo al más experimental.

Lo demostró en la primera de las dos noches de concierto en el Auditorio Roig Arena. Ambas, con sold out.

La velada en Valencia arrancó con los primeros acordes de Johnny Glamour, la colaboración del artista con Las Ketchup; al que siguieron temas como Daisy, Altagama, 4 Daisy o Sophia, una de sus baladas más destacadas con tintes de bachata.

El show, un auténtico vaivén de emociones que se mueve estéticamente entre lo performativo y lo íntimo, también incluyó algunos de los primeros lanzamientos, como Brujita, Cell o , uno de los himnos experimentales de su colectivo Rusia-IDK. Y cómo no, no pudo dejar de recordar con cariño a uno de sus compañeros, Ralphie Choo.

Rusowsky puede coger la guitarra y el teclado rojo para cantar en acústico y, después, recuperar la versión de estudio; o, en su defecto, ponerse un sombrero de vaquero y hasta dar un salto en el escenario que sorprende incluso en las últimas filas.

Y no importa. Él es así. Puede, en cuestión de segundos, conseguir que el público se abrace con una balada más 'romanticona' como 99% o Ecco o ponerlo a saltar e incluso a 'perrear' con sukkKK!! (su colaboración con La Zowi).

Sobre el escenario le acompañan -en los instantes en los que cambia de canción- unos visuales tan creativos como él. De un momento a otro introduce a sus 'fans' en un microondas. Incluso exhibe 'memes' de gorilas, explotando un humor tan surrealista como efectivo.

Dos focos sobre el artista y centenares de luces de móviles encendidas iluminan la sala mientras interpreta Mwah; primero al piano. Es la señal de que todo va bien, pero también de que el viaje empieza a llegar a su fin.

Con la fiesta que montó con malibU el postre estaba servido; pero, como broche final, lanzó sobre el público merchandising amarillo y lo puso a saltar con Valentino -'temazo' que se pidió antes de despedirse-. "Nos lo hemos pasado muy bien. Muá".

No se fue sin antes reconocer el trabajo de la banda de músicos que le arropa en cada pase: bajo, flauta -el matiz distintivo de sonido en muchos de sus temas-, percusión, teclado y batería.

Lo que sí se reafirmó en Valencia es que Rusowsky trasciende todos los géneros, los expande y los mezcla con tal singularidad que lo convierten en uno de los referentes más versátiles de la vanguardia musical española.