Imagen de los fundadores de Mr Jeff y de Eloi Gómez en el juicio el pasado viernes. Archivo / Kike Taberner
Auge y caída de Eloi Gómez: de comparar su 'app' con WeChat, McDonald's o Mercadona a quebrar e ir a juicio por estafa
Los fundadores de Mr Jeff, tras desplegar sus lavanderías por medio mundo, se defienden en el juzgado frente a franquiciados que les acusan de estafa.
Más información: Eloi Gómez niega ante la jueza que estafara a los franquiciados: "Mr Jeff respondía a la realidad. No se falseó información"
Los alrededor de 600 empleados de la tecnológica tenían una efeméride marcada en rojo en el calendario. La conocían como "la Q". Era una fiesta trimestral por todo lo alto en la que Eloi Gómez, CEO de Mr Jeff -después denominada Jeff- embelesaba a directivos y subalternos.
"Te lo creías al cien por cien, nadie dudaba. La empresa, aparentemente, no paraba de crecer. Fue en esos discursos donde presumió de que Jeff crecía más que Mercadona, donde dijo que estábamos desplegando franquicias a un ritmo muy superior al que tuvo McDonald's".
Así lo relata un exdirigente de la empresa a EL ESPAÑOL: "Nos costaban entre 80.000 y 90.000 euros aquellas juergas al estilo Silicon Valley. Eran como una gran boda. Llegamos a hacerlas de disfraces. No llegaban a ser como en El Lobo de Wall Street, pero tenían un aire".
Gómez todavía fue más lejos en aquellas intervenciones ante sus adeptos. "Llegó a decir que quería ser un WeChat, una 'súper app' multiservicio que aglutinara clientes en todo el mundo y que podría convertirse en aplicación de mensajes o en un banco. Soñaba hasta con tener su propia moneda", agrega la fuente consultada.
Con la perspectiva del tiempo resulta evidente que los fundadores del negocio de lavanderías de Mr Jeff -Eloi, Rubén Muñoz y Adrián Lorenzo- sufrieron una versión superlativa del cuento de la lechera. Pero en aquel momento todo eran halagos para la firma.
La prensa aplaudía su crecimiento. Se especulaba con que pudiera ser el primer unicornio español -la primera startup en superar los mil millones de valoración-.
Pero donde acabó fue en la quiebra. Llegó la pandemia en su fase más agresiva de expansión e inició un carrusel de impagos a proveedores y trabajadores del que nunca levantó cabeza. Primero tuvo que hacer un ERTE. Después llegó el ERE. Por último, la suspensión de pagos.
El sueño terminó en un concurso de acreedores con poco que repartir y muchas deudas sin pagar. Y también en un proceso judicial en el que los franquiciados acusan a los fundadores de estafa, de abocarlos a un negocio ruinoso con la promesa de que los clientes llegarían a través de la app, algo que no parece fácil de probar. La Fiscalía, de hecho, no aprecia delito.
Los inicios
Eloi Gómez era el cerebro y la cara visible de los fundadores de Mr Jeff, un hombre muy despierto, con un gran olfato para el negocio. Aun en la facultad empezó a facturar comercializando prendas corporativas de la universidad, de las que el centro educativo carecía.
"Era experto en detectar necesidades no satisfechas y proponer un negocio para atenderlas", relatan los que fueron sus colaboradores. Preguntado al respecto, Gómez declinó la propuesta de EL ESPAÑOL de realizar declaraciones para el presente reportaje, si bien prometió hacerlo "cuando llegue la sentencia".
Antes de crear Mr Jeff, también detectó un exitoso negocio en la comercialización del espacio sobrante en los contenedores marítimos. "Era brillante, pero muy joven, y tan desaliñado como ahora. Y fue al tener que vestirse de un modo más formal cuando tuvo la idea de crear Mr Jeff", exponen las fuentes consultadas.
Eloi Gómez, a su llegada a la Ciudad de la Justicia de Valencia.
Planchando sus primeras camisas, en esos instantes en los que el grueso de los hombres se limitan a lamentar el engorro, se encendió una bombilla sobre la despeinada melena de Gómez. ¿Y si existiera una empresa a la que le entregaras la camisa sucia y te la devolviera limpia y planchada? ¿Y si la montamos nosotros?
Fue un éxito que quiso reproducir a gran escala, quizá demasiado rápido. Cuentan desde dentro que se escogió Latinoamérica para el mayor despliegue por las facilidades legales, la ausencia en sus países de un servicio profesionalizado y la facilidad del idioma.
"Les llamábamos desde España y los franquiciados se sentían en la cresta de la ola. Ofrecíamos exclusividad en las mejores zonas a los primeros que desembolsaran el dinero y se apresuraban a pagar. Crecíamos como la espuma, nadie se leía como es debido los contratos", resumen a EL ESPAÑOL.
El juicio
Si hubo o no delito de estafa para con los franquiciados es justo lo que se investiga en el juicio que quedó este viernes visto para sentencia.
Durante la segunda y última sesión declaró Eloi Gómez, el principal acusado y consejero delegado de Mr Jeff Labs, S.L.. Negó ante la jueza haber estafado a sus franquiciados y argumentó que la información proporcionada a los mismos "respondía a la realidad", que "no se falseó".
También declararon en calidad de acusados el director de expansión nacional, José Izquierdo, y el director de expansión internacional, Miguel Jarabú. Los tres coincidieron durante el interrogatorio en que Jeff era "una startup tecnológica" cuyo software permitiría gestionar el negocio de lavandería y que se diferenciaba de otras tradicionales "por el uso que hacían de la app".
A preguntas de su abogada sobre si se captaban clientes a través de esta plataforma, tanto Eloi como el resto de demandados negaron que su principal uso fuera la captación, sino "la gestión del servicio". "Era un canal más para atraer clientela", subrayaron.
Lo cierto es que tales afirmaciones realizadas ante el tribunal difieren con lo expresado públicamente en multitud de ocasiones por Eloi Gómez. De hecho, el emprendedor defendió la creación de nuevas verticales -en los que ofrecería servicios de deporte, belleza o cafetería- con el argumento de contaban con un as en la manga: la cartera de clientes de Mr Jeff.
Eloi Gómez, cofundador y CEO de la compañía Jeff, junto al resto de acusados en la Audiencia Provincial de Valencia.
"Siempre se vendió como una compañía tecnológica, como una app que llevaba el negocio de lo digital a lo físico. Y en el juicio dijo justo lo contrario, negó lo que siempre defendió para afirmar que la app era poco más que un software de gestión de reservas", afea otro extrabajador.
Gómez, sin embargo, aseveró ante la magistrada que todo el proceso fue transparente. Subrayó la existencia de oficinas físicas, que los interesados podrían localizar otros locales por Google Maps y visitarlos antes de firmar, si así lo deseaban.
El exCEO de Jeff afirmó que la dimensión global de la compañía llegó a ser de "entre las 1.600 y 2.000 franquicias comercializadas", de las que 1.800 habrían estado operativas.
Interrogado por las causas por las que la compañía acabó en concurso de acreedores, según Gómez se debieron, en primer lugar, a los efectos del Covid, a la necesidad de aplicar primero un ERTE y después un ERE y a "un contexto financiero que dejó a la empresa sin caja suficiente para pagar a los empleados".
El objetivo de Jeff fue, entonces, intentar la entrada de un nuevo fondo o inversor para salvar la empresa. Tampoco le constan al responsable mayoritario de Jeff demandas en otros países.
El administrador
El administrador concursal -citado en la misma sesión- confirmó que revisó la documentación bancaria y societaria, visitó las oficinas y no dudó de la actividad de Mr Jeff ni sobre si la pandemia influyó en la situación de las mercantiles en concurso.
Tanto los investigados como este último se acogieron a su derecho a no contestar a las preguntas realizadas por el abogado de la acusación particular, Ignacio Montero Lavín.
Varios franquiciados de diferentes ciudades de España, sin embargo, explicaron que conocieron a Jeff atraídos por la "imagen de startup tecnológica de éxito" y por la promesa de un modelo "tipo Netflix o Glovo" para las lavanderías. Desde la entidad les transmitieron que gran parte de los clientes entrarían por la app.
En muchos casos, tal y como testificaron, pagaron primero una reserva de zona por 3.000€ (punto de la ciudad donde se ubicaría la franquicia) y después el canon de entrada. Después, la compañía fijaba un presupuesto de obra inicial que acababa prácticamente duplicándose.
Los denunciantes, antes de la segunda sesión del juicio contra Jeff por estafa, en la Audiencia Provincial de Valencia.
Una parte de ellos ni siquiera llegó a abrir el local; otros lo hicieron con meses de retrasos. Varios testigos afirmaron que Jeff les ofreció traspasar la franquicia a un tercero en lugar de devolverles el dinero.
Los franquiciados que sí abrieron coincidieron en que la facturación real quedó muy lejos de las cifras facilitadas por Jeff.
Uno de ellos explicó que en un año solo tuvo una docena de clientes por la app y una facturación total de unos 3.500 euros. Otro habló de apenas cinco pedidos mensuales pese a haberse endeudado para arrancar el negocio, mientras que un tercero señaló que sus ingresos rondaban el 20% de lo prometido.
También contaron ante el tribunal que Jeff modificaba los planes financieros "sobre la marcha" y la formación que les proporcionaban la describieron "mínima o poco útil" hasta el punto de que, en palabras de Á.G., "nuestras madres y abuelas tenían que venir a lavar la ropa".
En la exposición de las conclusiones por parte de los abogados de la acusación, el letrado de los franquiciados, Ignacio Montero Lavín, insistió en la existencia de una estafa.
"Vivía de rondas"
Sostuvo que Jeff, presentada como una startup tecnológica "que vivía de rondas de financiación, nunca debió franquiciarse a pequeños inversores sin experiencia, a los que se captó con planes económicos totalmente adulterados, previsiones irreales y la promesa de un negocio hiperlocal apoyado en una app que en la práctica no funcionaba como sistema eficaz de captación de clientes".
"No es franquicia la transferencia de tecnología, como han apuntado los acusados", valoró. El abogado de los afectados incidió en que, de las centenares de franquicias que se comercializaron, la mayoría cerró al poco tiempo tras provocar "graves perjuicios económicos que ascendían a 50.000 y hasta 80.000 euros".
Criticó también el uso del llamado "bono de calidad". A su juicio, servía para "silenciar" a los primeros franquiciados y "utilizarlos como señuelo" mientras se seguían vendiendo nuevas franquicias.
En esta línea, defendió que Jeff carecía de un auténtico know how (saber hacer) "limitándose a encadenar verticales de negocio (tanto lavanderías, como gimnasios o cafeterías…) para seguir levantando dinero en sucesivas rondas de financiación".
Por su parte, la abogada de los investigados rechazó la existencia de una estafa y sostuvo que "siempre hubo un negocio real en funcionamiento", no un proyecto "inventado".
La letrada recordó que se trataba de un "modelo de autoempleo de barrio" y que muchos de los franquiciados contaban con conocimientos empresariales, asesoría jurídica y gestoría propia, por lo que conocían qué suponía invertir en Mr Jeff.
Insistió en que la documentación precontractual advertía de que cada emprendedor debía elaborar su propio plan de negocio y que el proceso de apertura "exigía locales en zonas de tránsito, porque la captación no podía confiarse solo a la app, sino al esfuerzo comercial del franquiciado".