Daniel Gascó en su videoclub

Daniel Gascó en su videoclub Biel Aliño

Cultura

Daniel Gascó o cómo conseguir que sobreviva un videoclub en tiempos del 'streaming': "Es una locura, pero soy un estoico"

Stromboli es el único negocio de este tipo que queda en Valencia. Con más de 26.000 películas, la clave ha sido apostar por lo alternativo y raro.

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Valencia
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Daniel Gascó tenía una vida corriente. Trabajaba en la hostelería, en un famoso bingo de la ciudad de Valencia, pero un día de 2004 decidió arriesgarlo todo y apostar por su sueño, que no era otro que abrir un videoclub.

Dos décadas después, su pequeño negocio no solo ha conseguido sobrevivir, sino que se ha convertido en un espacio de culto. ¿El truco? "Conseguir que lo comercial sea lo marginal y lo alternativo, lo principal", afirma Gascó a EL ESPAÑOL.

A él le apasiona el cine y sabe de lo que habla. Sus amigos le definen como un "icono" y él cree que su trabajo es inherente a su persona. Mientras él siga, el videoclub permanecerá abierto.

Se niega a cerrarlo, aunque haya días en los que no entre prácticamente nadie y se vea obligado a compaginarlo con otros trabajos para poder subir la persiana todos los días. "Es una cuestión de perseverancia. Soy un estoico", afirma.

Su videoclub, situado en el céntrico barrio de Russafa, da buena muestra de ello. Cruzar sus puertas es como viajar al pasado, cuando era habitual elegir una película para un viernes noche o un domingo en familia.

Abrió el negocio con 975 títulos y actualmente tiene unas 26.000 películas, aunque lo cierto es que ha perdido la cuenta. Su catálogo es de lo más variopinto.

Daniel Gascó en su videoclub

Daniel Gascó en su videoclub Biel Aliño

En las estanterías hay desde los últimos estrenos hasta películas únicas subtituladas por él mismo que solo pueden encontrarse en este templo del cine, que se llama Stromboli como homenaje a la película de Roberto Rossellini con Ingrid Bergman.

Es el único videoclub que queda en Valencia y uno de los pocos que resiste en España gracias a su oferta de culto y a la atención especializada del dueño. En su local no se venden ni pósteres, ni golosinas, ni camisetas.

Esta es la historia de supervivencia de un pequeño negocio que ha conseguido plantar cara a las poderosas plataformas de streaming, pero también, simplemente, la historia de amor por el cine de Daniel Gascó, que no ha hecho más que perseguir -y cumplir- su sueño.

Los inicios

Gascó es cinéfilo "desde que tiene uso de razón", ya que fue su madre quien le inculcó esa pasión desde niño.

Recuerda haber visto clásicos del cine mudo como Amanecer de F.W. Murnau con apenas cinco años, o El séptimo cielo de Henry King. También menciona haber visto la película danesa de 1943, Días de ira de Carl Theodor Dreyer, con tan solo siete u ocho años.

"Cuando veíamos películas subtituladas en casa, nuestra madre nos leía los subtítulos en voz alta para que pudiéramos seguir la historia", recuerda con cariño.

Daniel Gascó en su videoclub

Daniel Gascó en su videoclub Biel Aliño

En 2004, él trabajaba en la hostelería y su hermana, que pasaba por un mal momento personal, le preguntó por qué no montaban un negocio, pensando en un bar, según confiesa Gascó.

"Un bar no, montemos un videoclub", fue su respuesta. Ambos eran conscientes de la locura de la gesta. En ese momento, el enemigo era la piratería.

Sin embargo, no les dio miedo. Su visión no era la de una tienda en la que tener muchas copias de las últimas novedades, sino la de un local alternativo y, en definitiva, único.

La idea le atraía, según rememora, porque le parecía "rompedor" teniendo en cuenta que este tipo de negocios suelen estar gestionados por personas que no son especialmente cinéfilas.

Gascó con una de sus películas

Gascó con una de sus películas Biel Aliño

"¿Qué tal si le damos la vuelta al mundo y la gente cuando llegue aquí se dé cuenta de que lo comercial es lo marginal y las películas de calidad son las que prevalecen?", se preguntó. Y esta es la filosofía que ha seguido desde entonces.

Ve su colección como un repositorio histórico donde se encuentran desde las primeras imágenes grabadas con cámara hasta filmografías completas de directores extranjeros, de Europa del Este o Italia, que jamás han llegado a estrenar en España.

Alquilan novedades como Hamnet de Chloé Zhao o Sirat de Óliver Laxe, pero su fuerte son los títulos descatalogados o las rarezas imposibles de encontrar en las plataformas.

Es el caso de Dos inquilinos del director Bertrand Tavernier o Un jour Pina a demandé, un documental sobre la coreógrafa Pina Bausch. Cree que tiene que ser la única persona en el mundo que compró ese DVD en EEUU y se encargó de traducirlo al castellano.

Daniel Gascó en su videoclub

Daniel Gascó en su videoclub Biel Aliño

Su día a día se resume en ordenar y en ampliar constantemente su catálogo. Se abastece comprando colecciones de segunda mano a particulares, lo que le permite hacerse con joyas y rarezas que la gente ha ido guardando durante décadas. Confiesa que ha llegado a pagar hasta 75 euros por una película.

Para garantizar el éxito de su videoclub, además, traduce y subtitula del inglés, francés, portugués, italiano y alemán las obras extranjeras inéditas, guardándolas en exclusiva en formato físico y animando a los clientes a adquirir reproductores de DVD que todavía se venden a buen precio en tiendas de electrónica.

Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, el negocio físico no es rentable económicamente por sí solo. "Es una locura porque ya no se estila y porque ya no tiene público, pero ¿y si lo tienes, qué valor le puedes dar?", reflexiona. Para él, la clave es el valor incalculable de su archivo, que alberga "la historia del cine".

Además, lo compagina con otros trabajos como cursos, cinefórums o programación de ciclos para instituciones públicas.

_Daniel Gascó en su videoclub

_Daniel Gascó en su videoclub Biel Aliño

Resistencia

¿Ha pensado en tirar la toalla? "Rendirse sería plegarse a los deseos ajenos", subraya, al tiempo que afirma que no ve a las plataformas como rivales a los que deba rendirse. Apuesta por la colaboración y comenta que él mismo ha traducido películas que se ofertan en Filmin.

Pese a que asegura que muchos días su negocio es "un desierto", lo cierto es que mientras dura la conversación con este periódico, en una calurosa mañana de entre semana, entran varias personas.

Una pareja joven viene a devolver una película, que no se corta en admitir que no les ha gustado nada; un grupo de tres chicos cotillea los títulos entre las estanterías; y un par de amigos se ha pasado a saludar.

Algunos de los títulos de los DVD que alquilan

Algunos de los títulos de los DVD que alquilan Biel Aliño

Tiene 12.600 socios. Cualquier persona puede entrar y alquilar por 2,5 euros cualquiera de sus títulos, pero Gascó conoce a la mayoría, lo que le permite hacer recomendaciones certeras, y es que el gran valor del videoclub es el servicio de prescripción cultural.

Tantea a los clientes preguntándoles si prefieren cine clásico o de la última década, si mejor blanco y negro o color o si ven las películas dobladas o en versión original. Además, mantiene con ellos un diálogo honesto. Si no ha acertado con su sugerencia no es extraño que inicie un debate libre.

¿Cuál es el futuro de su videoclub? Gascó asume que el local es su vida, por lo que seguirá vivo mientras él se mantenga activo. ¿Y el futuro del cine? Esta es una pregunta más complicada, puesto que el comportamiento de los espectadores, en el mundo de la inmediatez y las redes sociales, ha cambiado.

Daniel Gascó en su videoclub

Daniel Gascó en su videoclub Biel Aliño

Considera que la tecnología "ha vencido" al ser humano, lo que ha provocado que las nuevas generaciones pierdan la capacidad de concentración y de pensamiento profundo.

Sus favoritos

Para Gascó es misión casi imposible elegir entre los miles de títulos que tiene, pero finalmente se decanta por la adaptación de la novela Hambre de Knut Hamsun.

Como directores predilectos elige, de los que siguen en activo, a Andréi Zvyagintsev, y de los clásicos a Ingmar Bergman, que es también el director favorito de Woody Allen. Para Gascó, Manhattan sería la película que mejor representa su propia vida.

A esta periodista le recomienda Christine, "siempre y cuando no te importe ver a una persona muy estresada".

Trata de una periodista (Christine Chubbuck) que trabaja en televisión en los años 70 y que "cree firmemente en su profesión", aunque nos aconseja no buscar nada de lo que le sucede al personaje.

Al finalizar, cruzamos la puerta del local dejando atrás las miles de cintas apiladas y con una última idea dándonos vueltas en la cabeza: tal vez Daniel Gascó tenga razón y merezca la pena pasarse al viejo formato y comprar, de una vez por todas, un reproductor de DVD.