Pablo Bermejo en el camerino del Circo del Sol
Pablo Bermejo, payaso del Circo del Sol: "Al ser humano le hace mucha gracia ver a otro pasarlo mal, sobre todo a los españoles"
"La comedia ha sido necesaria antes y ahora. Necesitamos reírnos de lo que somos, de nuestras desgracias y de lo que nos ocurre"
"Hay mucho payaso malo, en el sentido de que se ha malinterpretado el concepto. Hay que trabajar la risa igual que un acróbata prepara sus mortales"
Pablo Bermejo (Murcia, 1976) es de profesión payaso. Forma parte del circo más prestigioso del mundo, el Circo del Sol, con el que ha tenido la suerte de recorrer el mundo haciendo una de las tareas más nobles -y quizás de las más complicadas- que existen: hacer reír.
De niño, su vocación era ser músico, pero descubrió las artes escénicas y se enamoró. Graduado en Arte Dramático por la Universidad de Murcia, las tablas son su pasión y, pese a todas las penurias que confiesa haber sufrido, nunca se ha bajado de ellas.
Ahora se siente un afortunado por formar parte de un elenco de primer nivel. Es uno más del selecto grupo de personas de todas las nacionalidades que ha reinventado el circo. Él, junto a su compañero en el dúo cómico, aporta la risa, igual de importante para el show que los saltos mortales de los acróbatas.
Recibe a EL ESPAÑOL un día antes del estreno de la última obra del Circo del Sol en Valencia, una reinterpretación de su espectáculo más emblemático: Alegría, pero adaptado a los tiempos modernos.
¿Cómo llega usted al Circo del Sol?
Llamé a la puerta y dije: "Dejadme entrar, por favor" (risas). Lo que pasó es que mi maestro de payaso, que lo conocí en la escuela de Murcia, que se llama Antón Valén, entró a la antigua Alegría. Estuvo allí cinco años y cuando se iba a retirar, se lo dijo a un compañero.
Yo tenía una compañía de teatro en Murcia, se llamaba Les Bouffons, hacíamos comedia, creaciones, y había un compañero (Pablo) que tenía un poco el mismo estilo que nuestro maestro, por lo que le animó a hacer el casting. Lo hizo en París y entró.
A los años yo hice casting y Pablo dijo: "Yo quiero un compañero con el que me entienda". Hicimos unos vídeos en un bajo ahí en Murcia, con vestuario más chabacano imposible, haciendo los números de Alegría antiguo. Lo presentó y junto con mi casting que hice anteriormente, me dijeron que "vale" y entré a la antigua Alegría y a partir de ahí llevamos hasta hoy.
"El Circo del Sol es muy impresionante, yo estaba acostumbrado a llegar con la furgoneta, montar las cuatro cosas y actuar para 100 o 200 personas"
¿Cómo es entrar y verte en medio de todo este gran montaje y de todos estos artistas?
Es muy impresionante, sobre todo acostumbrado al teatro, a llegar ahí con tu furgoneta, montar tus cuatro cositas y hacer un espectáculo para 100 o 200 personas. De ahí pasar a las 2.500 que caben aquí en la carpa es bastante impresionante.
Hay que adaptarse a un show tan enorme con 58 artistas de todos los países, increíbles todos, y tú ahí diciendo: "Bueno, ahora tengo que dar yo aquí también lo mejor de mí", pero ahí estamos...
Pensando qué hace un chico de Murcia en un sitio como este, ¿no?
Al principio lo sentía, además me tocó debutar en Londres en el 2013.
¿Y qué tal? ¿Son tan serios como se dice?
Dicen que sí, pero mi estreno allí funcionó muy bien. No voy a olvidar nunca ese día. Es que de pronto te das cuenta de que si haces lo que tu oficio te pide que hagas y confías en lo que tú eres, al final funciona.
Más tarde, actuamos con esta versión de Alegría en el Royal Albert Hall y también tuvo un buen resultado. Con el público inglés que tiene esa fama de "dame algo muy bueno o si no, no me gusta", ha funcionado muy bien lo que hemos hecho.
Pablo Bermejo en el camerino del Circo del Sol
Ha comentado que precisamente en Inglaterra al acabar alguna función, ha habido personas que se han acercado sorprendidos de que los payasos hagan gracia. ¿Qué pasa con la figura del payaso en los circos?
Nos ha pasado varias veces, nos ha pasado en Estados Unidos, sobre todo. Lo que pasa con el payaso es, como decía mi compañero Pablo, que hay mucho payaso malo, en el sentido de que se ha malinterpretado el concepto del payaso.
No se ha respetado el hecho de que tienes que trabajártelo igual que un acróbata que hace mortales. Tienes que hacer curro, trabajar números buenos y trabajar mucho con el directo, con el público para entender lo que funciona y lo que no.
Hay mucho que coge, se pone una peluca y se pone ahí a pegar gritos y la gente se asusta y dice: "Pero, ¿esto qué es?". Y claro, se pone muy abajo el oficio de hacer reír, que es un oficio como hacía Chaplin, como hacían los hermanos Marx, como hacían muchos payasos antiguos que fueron los que dieron las bases de lo que hoy en día se hace.
De hecho hacer reír es un oficio muy complicado, siempre dicen que es más fácil trabajar el drama que la comedia. ¿Cuál es el truco para que la gente se ría?
En realidad el truco es estudiar la comedia, estudiar al ser humano y por qué se ríe la gente. Analizar por qué cuando se me cae esto, me agacho y me tropiezo la gente se ríe, o por qué cuando digo algo con un ritmo determinado se ríen y si lo digo otro, no se ríen.
Y hay que tener en cuenta que el humor es diferente en cada país. Sobre todo funciona mucho, se dice mucho, pero es verdad, ver cómo juega un niño, que lo hace libremente.
Pues ese libre albedrío del niño jugando, pero con reglas para darle tiempo, ritmo y estructura para que la gente sienta que le estás contando algo diría que es la clave.
"A los españoles nos gusta la parodia, reírnos del ser humano, de nosotros mismos y del de al lado. Los japoneses, en cambio, les cuesta expresar sus emociones"
Y con todos estos años de experiencia, ¿de qué diría que se ríe la gente? ¿Qué es lo que más gracia nos hace a los españoles?
¿A los españoles? La parodia, reírnos del ser humano, de nosotros mismos y del de al lado. De hecho, tenemos un número que sacamos a uno del público a hacer algo con nosotros y ver cómo alguien lo está pasando mal le hace mucha gracia al ser humano y especialmente a los españoles. Se trata de saber eso, agarrarlo y utilizarlo, siempre desde el respeto, por supuesto.
¿Y en otros países?
No tiene nada que ver un japonés, al que le cuesta mucho expresar emociones, con un español que se ríe de todo. Un japonés no expresa emociones porque entienden que es de mala educación. Hay que rascarles, porque ellos son como niños pequeños, hay que usar su idioma y hacer los números para que sea todo muy claro.
Y un español es el ruido, la fiesta, cuanto más cachondeo le metas, incluso de cosas locales, mejor. Básicamente es que el español se expresa mucho.
¿Qué papel juegan los números de payaso en este espectáculo del Circo del Sol?
Digamos que la ambientación es un reinado aristócrata de la época antigua, con pelucones, pasados de rosca. Muere el rey y el bufón se ha puesto la corona.
Nosotros somos dos de estos aristócratas, pero los más tontos. Por ejemplo, tenemos un duelo simplemente porque mi compañero me rompe un papel y, a partir de ahí, sacamos las pistolas y montamos un pifostio.
Somos los que conectan los números acrobáticos, les damos la parte cómica para que la gente desengrase un poco.
Pablo Bermejo durante la entrevista
¿Cree que con el panorama actual la risa es más necesaria que nunca?
En realidad la comedia ha sido necesaria ahora y antes. Los seres humanos necesitamos reírnos de lo que somos, de nuestras desgracias y de lo que nos ocurre en la vida.
La comedia conecta con nuestras emociones, con nuestro corazón, con el amor, con lo que somos.
Hoy en día, igual que antes, necesitamos reírnos porque con todas las guerras que tenemos, el hambre, todas las penurias que pasa el ser humano, de pronto sentarte un momento y que unos payasos te hagan sentir es importante. Que te hagan conectar con algo que es muy puro y que evita que estés dándole vueltas a las cosas en tu cabeza.
¿Cómo llega uno a ese momento de decir 'quiero ser payaso'?
Esto no se decide, esto ocurre, como ser periodista. De hecho, la primera vez que me vistieron de payaso siendo un niño, me pusieron el maquillaje y me puse a llorar. Lo odié con toda mi alma.
Odiaba ponerme ropa de colores, pero conecté con el teatro por un curso que hice en el instituto. Yo iba más para músico, quería tocar la guitarra, me gustaba el rock, pero hice ese curso y me hizo sentirme tan bien y tan vivo y así descubrí el teatro.
Por esas cosas de la vida acabé metiéndome en la escuela de arte dramático, probando. Me siguió gustando, y es que una vez que entras en ese tipo de disciplina no tiene nada que ver con sentarte a estudiar para abogado, como mi padre.
¿Su padre entendió que quisiera estudiara arte dramático?
Me dijo: "Estudia otra cosa y luego hazlo por hobby". Tenía razón porque no ha sido todo rosa para nada, pasas bastante penuria. En España, por desgracia, el teatro, a menos que estés en Madrid y tengas mucha suerte, es complicado.
Me acordé de la frase de "estudia otra cosa" de mi padre muchos años de mi vida hasta que entré en el circo y encontré al Circo del Sol, que es un trabajo que te da para vivir muy bien y, sobre todo, te da el espacio creativo para poder trabajar en lo que realmente te gusta.
Pablo Bermejo en el camerino del Circo del Sol
De hecho, en los números de este espectáculo, además de interpretarlos, han tenido libertad creativa.
Sí, lo diseñé con mi compañero Pablo Gómez. Nos dieron simplemente los personajes, lo que es el vestuario, los pelucones.
Nos dijeron solo: "aquí tenéis que limpiar el escenario, aquí tenéis que presentaros, aquí tenéis que hacer esto", y nosotros creamos el contenido a través de improvisaciones y fue maravilloso.
¿Cómo afronta el estreno de aquí en Valencia? ¿Cómo se prepara?
Es que llevo haciendo esto ya cinco años. A mí lo que me gusta es bromear con la gente, entrar en calor bromeando y conectando entre nosotros. Y a partir de ahí, el escenario es como montar en bicicleta.
Evidentemente cada día es nuevo, pero en ese momento de pisarlo sientes al público y eso te conecta contigo y con el personaje, con tu compañero y, pum, solo te dejas llevar y ya está.
¿Qué es lo más loco que les haya pasado actuando?
Lo que ha pasado mucho es que en el número que sacamos a alguien del público, nos ha salido un borracho. Ahí tienes que jugar con todas tus cartas, manejar la situación para que el show continúe y no se vaya al garete.
"Pisar el escenario es como montar en bicicleta. Cada día es nuevo, pero es sentir al público, conectar y dejarse llevar"
Una vez en Estados Unidos teníamos un número que hacíamos una piñata y le poníamos una cinta en los ojos al invitado para golpear el caballo. Al tipo le pusimos la cinta y salió corriendo y se pegó un batacazo con todas las sillas que creíamos que se había hecho mucho daño.
La clave, al final, es estar conectado con el público y escuchar, estar abierto a lo que pueda suceder y sentir al público. Si alguien estornuda muy fuerte o suena un teléfono, incluirlo en el espectáculo.
¿Y en esta función, que se va a encontrar el público? ¿Por qué tienen que venir a verles?
Porque ver Netflix lo tienes todos los días. Ver Instagram lo tienes todos los días y no te conecta contigo para nada, aunque considero que las películas, sí.
Pero esto es en directo y te va a hacer sentirte vivo, libre, te va a dejar la boca abierta, te vas a reír, te vas a emocionar y es algo único que solo se puede ver viniendo.