Vicente Gracia en su estudio en Valencia

Vicente Gracia en su estudio en Valencia Biel Aliño

Cultura

Vicente Gracia, el joyero que ha diseñado para Michael Jackson o la reina Letizia: vendió su gran pieza por 126.000 euros

Ganó el primer Premio Nacional de Diseño en 1988 y formó parte de la Movida. Ahora, se inspira en la poesía sufí y la herencia oriental de Valencia.

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Valencia
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Entrar en el santuario de Vicente Gracia (Valencia, 1961) es como adentrarse en el cuento de Las mil y una noches.

El olor a incienso lo impregna todo y al cruzar las grandes cortinas de teatro, hay un espacio que deja claro desde el primer momento que este reconocido joyero encuentra la inspiración en la herencia árabe de Valencia.

Hay vitrinas con sus joyas, cientos de libros, catálogos de coleccionista, figuras de sus viajes por el mundo, varios candelabros y hasta un piano. Y en el centro, su escritorio, donde crea la magia.

Gracia es joyero, pero se define como un "poeta histórico". Se inspira para sus piezas artesanales en las raíces de la capital del Turia y en el encuentro de las culturas que habitaron nuestra tierra. Concretamente, en la cultura islámica hispana y la poesía sufí.

Dio sus primeros pasos como miembro de pleno derecho en el selecto grupo que protagonizó la Movida, con los hermanos Errando (los pequeños de la familia Mariscal), Paloma Picasso o Lucía Dominguín, pero fue en los años 2000 cuando se le abrieron las puertas de la joyería exclusiva internacional.

El brazalete 'El Río de la Vida' subastado en Christie´s. EE

El brazalete 'El Río de la Vida' subastado en Christie´s. EE

La prestigiosa casa de subastas Christie's, la más importante del mundo, contó con él en 2008, para una subasta celebrada en Dubái.

Junto a las joyas de Liz Taylor, Gracia presentó su pieza favorita, según asegura a EL ESPAÑOL. Se trata del brazalete bautizado como El río de la vida, elaborado con oro y piedras preciosas. Tardó seis meses en fabricarlo y representa, según sus palabras, "el jardín del sabio, que integra el mundo material y el espiritual".

La exclusiva joya salió al mercado por 46.000 dólares, pero consiguió cuadruplicar su precio hasta alcanzar los 146.000 dólares (126.000 euros).

"Esta joya nos posicionó en la historia de la joyería a nivel internacional", rememora. A partir de ahí, ha diseñado para celebridades como el cantante Michael Jackson, las reinas Letizia y Sofía, el líder espiritual Aga Khan o los actores Daniel Craig, Andie McDowell o Daryl Hannan, con la que confiesa, entre risas, que salió de fiesta.

Hasta la mítica muñeca Barbie tuvo dos tobilleras, dos pulseras, un collar, unos pendientes y unas sortijas firmadas por el maestro.

Vicente Gracia en su estudio de Valencia

Vicente Gracia en su estudio de Valencia Biel Aliño

Al cantante de Thriller le regaló un árbol de la vida con siete piedras preciosas representando los chakras, sobre una base de ónix para neutralizar energías negativas. Todo dentro de una caja elaborada por un maestro pirotécnico que simulaba un pequeño castillo de fuegos artificiales al abrirse.

"Se quedó tan fascinado que nos invitó a pasar el día y medio con él. Fue una experiencia maravillosa, incluso vino Joaquín Cortés a bailar. Al día siguiente le acompañamos a visitar a los niños en un hospital oncológico", recuerda con cariño.

Artesanía

Para Gracia, la joyería no representa ostentación, sino que forma parte de la cultura. Él trabaja de forma artesanal, cada pieza es única y dedica con cada una de ellas el tiempo que sea necesario. "Lo hacemos como hace 500 años, somos artesanos", defiende.

En su taller, formado por diez personas, no se para ni un segundo. De hecho, mientras dura nuestra conversación, es interrumpido en varias ocasiones. Clientes que necesitan hablar con él, diseños que ha de firmar con tinta en una pluma o compañeros que le consultan algún asunto urgente.

Uno de los diseños de Vicente Gracia

Uno de los diseños de Vicente Gracia Biel Aliño

En su mesa tiene el diseño del proyecto que tiene entre manos en este momento. Se trata de una pulsera y un colgante para guardar las cenizas de una mascota, con un rubí integrado en un cristal de roca, para que al moverse se vea todo rojo, recordando la sangre de San Genaro.

"Nuestro trabajo está muy vinculado con la historia de Valencia, con su pasado, lo que nos conecta también con Oriente. Esto nos ha permitido rescatar muchas tradiciones, nos da una visión muy amplia y nos ha abierto muchas puertas", subraya.

Hijo de joyero

Que Vicente Gracia se dedicara a la joyería no fue una sorpresa para nadie. Pasó la infancia en el taller de su padre, Francisco Gracia, en el barrio valenciano de Ruzafa, donde restauraba las joyas de la aristocracia valenciana. "Era un entorno muy creativo para un niño, rodeado de fuego y piedras de colores", manifiesta.

Se formó en Massana, la Escuela de Arte y Diseño de Barcelona, con Joan Miró o Antoni Tàpies como profesores. De esa etapa, recuerda la libertad.

¿Qué le aportaron estos maestros? "Fue una experiencia excelente, en la que coincidió con la gente que luego diseñaría la Barcelona del 92. A través de los hermanos de Javier Mariscal me introduje en el diseño underground de Barcelona, donde desarrollé mi faceta creativa, ya que la parte artesana ya la dominaba".

Vicente Gracia en su estudio en el centro de Valencia

Vicente Gracia en su estudio en el centro de Valencia Biel Aliño

Sin embargo, quien más le marcó fue Ferran Cartes, que le regaló un libro titulado Olvídate de todo lo que has aprendido sobre diseño. "Fue una revelación, porque en los años 80 éramos muy valientes y creábamos sin pensar en las modas. Volqué mis ideas y me inspiré en lo que realmente creía".

Su idea inicial era ser ilustrador o grafista, pero se dio cuenta de que "en la joyería estaba todo por hacer".

Ganó la primera convocatoria del Premio Nacional de Diseño en 1988 con una vanguardista colección de joyas. Al principio, dice, diseñaba joyas que eran como antenas o hélices que giraban.

"Esto reunió en la caja de resonancia que era Madrid a los creadores que veníamos de Valencia, como Francis Montesinos o el colectivo Tráfico de Modas. Nosotros aportamos a la capital lo que ya estaba sucediendo aquí", asegura.

Algunas de las piezas de Vicente Gracia

Algunas de las piezas de Vicente Gracia Biel Aliño

Sobre la Movida, defiende que "la base creativa nació en Barcelona, porque allí estaban las editoriales, el papel y los cómics".

"Sin embargo, la movida callejera se gestó realmente en Valencia gracias a la cantidad de gente creativa y la permisividad de horarios, un fenómeno que posteriormente degeneraría en la Ruta del Bakalao. Toda esa energía se transportó a Madrid", apunta.

Al respecto, nombra un desfile de Francis Montesinos en la Plaza de las Ventas, "donde los valencianos aportamos joyas pintadas sobre banderitas de España".

"En Madrid se quedaron asombrados porque, a pesar de contar con grupos transgresores como los Costus o Almodóvar, la ciudad seguía siendo muy clásica. Quien realmente cambió el panorama y convirtió a Madrid en un escaparate internacional fue Enrique Tierno Galván".

El joyero valenciano Vicente Gracia

El joyero valenciano Vicente Gracia Biel Aliño

"En resumen, Barcelona aportó la edición, Valencia la explosión creativa en las calles, Vigo la creatividad atlántica y Madrid actuó como caja de resonancia", considera.

Aquella "valentía creativa", en su opinión, ha evolucionado "hacia búsquedas más personales". "En mi caso, he entroncado con la poesía sufí, el misticismo y las herencias culturales desconocidas de nuestra tierra", subraya el joyero, que confiesa que se siente muy querido en su ciudad natal.

La joyería

En 1992 abrió la tienda en la que estamos hoy, en la calle de la Paz, en uno de los pocos edificios de arquitectura neo mozárabe que hay en Valencia, inspirado en el palacio de la Alhambra.

Nos cuenta, nada más recibirnos, que el espacio fue sede del Congreso de Escritores contra el Fascismo durante la Guerra Civil.

Vicente Gracia, durante la entrevista

Vicente Gracia, durante la entrevista Biel Aliño

La ciudadanía de la época recibió su proyecto de manera muy positiva. "La sociedad era mucho más libre e innovadora. Muchas de las cosas que hacíamos entonces, hoy no se podrían hacer", considera.

En este sentido, lamenta que haya una "carga excesiva de condicionantes antes de crear". "Las etiquetas no son buenas para el proceso creativo", concluye.