Un momento de la terapia
Perros 'doctores' contra la soledad en las residencias: "Se prioriza lo clínico y se olvida darles un motivo para seguir"
Los animales seleccionados son entrenados, pero lo más importante para formar parte del proyecto es su naturaleza y temperamento.
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En varias residencias de mayores de Valencia, algunos mayores han empezado a guardarse a escondidas un trozo de pan del desayuno. Esperan la llegada de una visita muy especial: la de Calma, una labradora retriever de 10 años, o Gaia, una golden retriever de 11.
Ambas forman parte del equipo de perros terapeutas de la Fundación Acavall, que por primera vez, desarrolla un programa en centros de mayores. El objetivo es luchar contra la soledad y fomentar un envejecimiento activo.
La presidenta de la entidad sin ánimo de lucro que organiza junto a la Fundación Royal Canin este programa bautizado como "La visita del Dog-tor", Naza Hernández, afirma a EL ESPAÑOL que en el cuidado de las personas mayores todavía queda mucho camino que recorrer para introducir un enfoque de "ciudadanía compartida".
En este sentido, considera que la atención a nuestros mayores sigue priorizando en muchas ocasiones los cuidados sanitarios y puede olvidar su identidad o "la necesidad de formar parte, de vivir experiencias que motiven y que les den sentido para seguir".
La Organización Mundial de la Salud no entiende la salud simplemente como una ausencia de enfermedad, sino que la define también como la capacidad de participar plenamente en la vida diaria. De ahí que poco a poco se ponga más el foco en realizar actividades con sentido y con significado.
Y ahí es donde entran en juego Calma y Gaia, que llevan "trabajando" en centros de mayores desde los siete meses. Estos animales seleccionados por Acavall tras un proceso de entrenamiento son los protagonistas indiscutibles de estas sesiones.
La sesión de Acavall en una de las residencias
El programa de intervención asistida durará dos años y prevé visitar unas 20 residencias de la provincia de Valencia. En cada una de ellas se realizan ocho sesiones con grupos reducidos, de entre ocho y diez personas.
De momento ya han realizado la intervención en unas cinco y los resultados han sido más que positivos. De hecho, la llegada de los perros a estos centros es uno de los momentos más esperados para los residentes, que incluso llegan a guardarse pan del desayuno para alimentar a los perros de la terapia, según relata Hernández.
¿Cómo es la sesión?
Cada sesión tiene una duración de una hora y cuenta siempre con la presencia de un perro y de dos profesionales que desempeñan roles distintos: un terapeuta ocupacional o psicólogo y un educador canino.
El primero actúa como el referente humano y es el encargado de diseñar la actividad teniendo en cuenta las necesidades específicas de las personas mayores.
El segundo ejerce de guía del animal. Su labor es encargarse de que esté listo, de que la sesión se desarrolle según lo previsto y de velar por el bienestar del perro.
Un momento de la sesión
La actividad se construye sobre la propia naturaleza del animal. Siempre se diseña en favor de si tiene un carácter más tranquilo o dinámico, según explica la presidenta de Acavall.
"Por ejemplo, si el animal es tranquilo, se realizan actividades relajadas como subirlo a una mesa para que los mayores lo cepillen, pero si es un perro dinámico, se introducen actividades de estimulación a través de juguetes interactivos o juegos como tirar del extremo de una cuerda", indica Hernández.
La estructura de la clase es sencilla: un saludo como toma de contacto inicial, el núcleo que presenta un desafío cognitivo y físico y una despedida individual.
Toda esta dinámica funciona como una "bomba socializadora" que ayuda a mejorar la relación entre los propios residentes del grupo, pero también tiene un impacto emocional profundo y duradero en los participantes con el objetivo de combatir los sentimientos de soledad.
La sesión
Además, reduce el estrés y la ansiedad y provoca estímulos físicos y mentales, ya que se combinan dinámicas de "cabeza pensando y cuerpo moviendo".
Con todo, se consigue, según Hernández, ayudarles a recuperar la motivación final. Frente a una realidad en la que muchos mayores pueden pasar hasta cinco horas al día frente a la televisión sin hacer nada, estas sesiones rompen con la monotonía con "una actividad con sentido y significado".
Los perros
El proceso de selección y entrenamiento de los canes se fundamenta en un principio claro: "Los perros de terapia nacen y luego se hacen con entrenamiento". Esto quiere decir que lo primordial es el temperamento del animal y su naturaleza innata y no tanto que sepan hacer ciertos trucos.
Cualquier perro bien adiestrado no sirve para este tipo de intervenciones. Lo más importante es que tengan un deseo genuino de socializar y de conocer gente nueva.
Después, tienen que ser perros con estabilidad emocional, que no sean ni miedosos ni inseguros y que tengan una excelente capacidad de recuperarse del estrés.
Además, Hernández confirma que la raza no es determinante. Es cierto que suele haber más perros de terapia que sean labradores o golden retriever, pero señala que un pitbull puede llegar a ser un excelente perro de intervención. "Siempre decimos que es el perro, no la raza", subraya.
Uno de los perros de la terapia
Estos perros viven con ellos en la fundación, son "sus compañeros de trabajo", aunque Hernández matiza que para los perros no es un trabajo, porque "pasan la mayor parte de su tiempo simplemente siendo perros" y solo dedican algunos "ratitos" a acompañar a los profesionales a las visitas a las residencias.
Una vez seleccionado el animal idóneo por sus características, el tiempo de preparación varía enormemente dependiendo de la edad y las experiencias previas del perro. El proceso puede extenderse hasta un año o un año y medio antes de que esté verdaderamente listo.
La presidenta de la entidad sin ánimo de lucro pone como ejemplo el caso de una perra que el equipo adoptó durante la pandemia, pero debido a las restricciones, desarrolló mucho miedo a la calle y necesitó un largo proceso para superar esos desafíos.
Con esta gira por las residencias de la provincia, la fundación pretende llamar la atención de las administraciones, para que financien programas de este tipo en los centros de mayores.
Hernández pone en valor el apoyo de Royal Canin gracias a la cual podrán desarrollar esta actuación, pero reclama que las terapias caninas dejen de depender solo de fondos privados y las instituciones públicas comiencen a plantearlas "como un servicio de atención más".