Profesionales IVO.

Profesionales IVO. EE

Valencia

Medio siglo de avances en el tratamiento del cáncer de mama: la supervivencia a cinco años ha alcanzado el 85%

Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, especialistas del IVO repasan la evolución en el abordaje de la enfermedad.

Más información: El Instituto Valenciano de Oncología (IVO) supera los 32.500 pacientes atendidos en el año 2025

Leer en Castellano
Valencia
Publicada

Hace 50 años, cuando la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO) inició su trayectoria, el cáncer de mama se abordaba con muchas menos herramientas que las disponibles en la actualidad. La mamografía comenzaba a transformar el diagnóstico precoz, la cirugía era más agresiva, los tratamientos radioterápicos requerían más sesiones y el cáncer de mama se entendía, en buena medida, como una única enfermedad.

Medio siglo después, el escenario ha cambiado. A día de hoy es posible detectar muchos tumores cuando todavía son pequeños y más fáciles de tratar, conservar la mama en un número cada vez mayor de pacientes, administrar la radioterapia en menos sesiones y seleccionar los tratamientos en función de las características biológicas de cada tumor.

Además, a este cambio se suma una nueva forma de entender la atención oncológica: el objetivo ya no es únicamente controlar o curar el tumor, sino hacerlo reduciendo en lo posible las secuelas y atendiendo también las necesidades físicas y emocionales de las pacientes.

Según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en España se estiman 38.318 nuevos diagnósticos de cáncer de mama en 2026, que será el tumor más frecuentemente diagnosticado entre las mujeres.

Pero el incremento de los diagnósticos convive con un cambio fundamental en el pronóstico. Según los datos aportados por los especialistas del Instituto Valenciano de Oncología (IVO), la supervivencia a cinco años ha alcanzado actualmente el 85%, gracias, entre otros factores, a los avances en investigación, prevención y detección precoz.

“En estos 50 años hemos pasado de un abordaje mucho más general de la enfermedad a una estrategia en la que cada paciente puede recibir un tratamiento adaptado a las características de su tumor. Y ese avance no depende de una única herramienta, sino de la combinación de prevención, diagnóstico precoz, cirugía, radioterapia, tratamientos sistémicos, investigación y atención integral”, explica el Dr. Joaquín Gavilá, jefe del Servicio de Oncología Médica del IVO.

Prevenir antes de la enfermedad

Para el Dr. Gavilá, el abordaje del cáncer de mama empieza mucho antes de que aparezca un tumor. La prevención primaria pasa por actuar sobre aquellos factores de riesgo modificables: mantener un peso saludable, realizar actividad física, cuidar la alimentación y evitar el consumo de alcohol y tabaco.

De esta manera, aunque la edad, la predisposición genética y determinadas circunstancias hormonales son factores que no pueden modificarse, sí existen, sin embargo, otros sobre los que es posible actuar: el peso corporal, la actividad física y los hábitos de vida.

Una alimentación equilibrada, basada en alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas saludables, junto con una vida activa y el mantenimiento de la masa muscular, forma parte de las recomendaciones preventivas. Por el contrario, el consumo de alcohol y tabaco, una dieta rica en grasas y azúcares, el exceso de peso, la falta de actividad física y el uso prolongado de terapia hormonal sustitutiva se asocian con un mayor riesgo.

Una segunda herramienta clave ha sido el diagnóstico precoz. La incorporación de la mamografía y de los programas de cribado poblacional supuso una revolución en el diagnóstico del cáncer de mama durante los años setenta.

Por primera vez, era posible detectar la enfermedad en mujeres asintomáticas y diagnosticar tumores antes de que fueran palpables. Durante los años ochenta, la mamografía se consolidó como la principal herramienta de cribado poblacional, permitiendo avanzar hacia diagnósticos cada vez más tempranos.

Desde entonces, la tecnología ha seguido evolucionando. La digitalización permitió ampliar y manipular las imágenes, así como facilitar su almacenamiento, lo que contribuyó a identificar lesiones cada vez más pequeñas y no palpables.

Para la Dra. Nuria Nacher, coordinadora de la Unidad de Diagnóstico Precoz del IVO, este ha sido uno de los cambios fundamentales de las últimas décadas: “poder diagnosticar los tumores en una fase preclínica, cuando aún no son palpables, mejorando así su pronóstico y la calidad de vida del paciente”.

En la actualidad, el diagnóstico precoz continúa siendo una parte fundamental del abordaje del cáncer de mama. En 2025, un total de 16.000 mujeres fueron atendidas en la Unidad de Diagnóstico Precoz del IVO, donde el cribado permite detectar la enfermedad en fases iniciales, facilitando el acceso posterior al tratamiento oncológico, si fuera necesario.

De cirugía a conservar la mama

Como explican desde el IVO, la cirugía es otro de los ámbitos en los que la evolución hacia procedimientos menos agresivos ha sido especialmente relevante, impulsada en buena medida por los avances tecnológicos.

Durante décadas, la mastectomía tuvo un papel central en el tratamiento quirúrgico. Hoy, siempre que las características del tumor lo permiten, la cirugía conservadora busca extirpar la lesión manteniendo la mayor parte posible de la mama y procurando, al mismo tiempo, un resultado oncológico y estético adecuado.

Como explica el Dr. Carlos Fuster, jefe del Servicio de Cirugía General y Digestiva del IVO, este tipo de intervención constituye mayoritariamente la práctica quirúrgica en la Unidad de Mama del IVO.

"En estos 50 años hemos avanzado hacia una cirugía cada vez más conservadora y personalizada. Siempre que sea posible, buscamos extirpar el tumor preservando la mama y minimizando las secuelas. Y cuando es necesario realizar una mastectomía, la reconstrucción inmediata nos permite avanzar también en la recuperación de la imagen corporal de la paciente", explica.

La evolución de la radioterapia

La radioterapia es otro de los ámbitos en los que el abordaje del cáncer de mama ha experimentado una transformación profunda. Una evolución que, para el Dr. Miguel Ángel Santos, médico adjunto del Servicio de Oncología Radioterápica del IVO, "está orientada a conseguir la máxima eficacia utilizando tratamientos cada vez más precisos y, al mismo tiempo, reducir sus efectos secundarios y preservar la calidad de vida".

Uno de los cambios más significativos ha sido la reducción del número de sesiones necesarias para completar el tratamiento. "Durante años, una paciente podía necesitar entre 25 y 28 sesiones distribuidas a lo largo de cinco o seis semanas y actualmente, en muchos casos, el tratamiento puede completarse en cinco", explica el Dr. Santos.

La evolución no se ha limitado a acortar los tratamientos. También ha cambiado la forma de determinar qué parte de la mama debe recibir radiación. En determinadas pacientes, es posible concentrar el tratamiento en la zona donde se encontraba el tumor. "No se trata simplemente de dar menos radioterapia, sino de seleccionar mejor qué volumen necesita recibirla", señala el Dr. Santos.

Otro de los objetivos es reducir la exposición de los tejidos sanos, especialmente del corazón. Para ello, la técnica de inspiración mantenida permite aumentar el volumen pulmonar durante la administración de la radiación y alejar parcialmente el corazón de la zona irradiada, reduciendo la dosis que recibe.

Estos avances forman parte de la práctica asistencial en un campo que atiende a un volumen significativo de pacientes. En 2025, alrededor de 650 mujeres con cáncer de mama recibieron tratamiento radioterápico en el IVO, en un contexto en el que la evolución de las técnicas busca combinar el control de la enfermedad con una menor toxicidad y un impacto cada vez menor sobre la calidad de vida.

Cuando el tumor no es una enfermedad única

Quizá uno de los cambios más profundos de las últimas décadas se ha producido en la oncología médica. El cáncer de mama ha dejado de considerarse una única enfermedad y hoy se clasifica en distintos grupos según sus características biológicas. Esta clasificación permite seleccionar tratamientos más específicos y adaptar la estrategia terapéutica a las características de cada tumor.

"Uno de los mayores progresos ha sido pasar de considerar el cáncer de mama como una única enfermedad a identificar diferentes subtipos y, dentro de ellos, nuevas diferencias biológicas que pueden determinar qué tratamiento será más eficaz", explica el Dr. Ángel Guerrero, jefe clínico del Servicio de Oncología Médica del IVO.

Esta evolución ha permitido desarrollar terapias dirigidas para determinados tumores, incorporar la inmunoterapia en el cáncer de mama triple negativo y disponer de tratamientos cada vez más específicos para los tumores HER2 positivos y hormonales.

En determinados casos, además, los test genómicos aportan información sobre el comportamiento del tumor y ayudan a decidir si una paciente puede beneficiarse de determinados tratamientos.

Según los datos aportados por el IVO, estas herramientas pueden evitar la quimioterapia hasta en un 40% de pacientes seleccionadas, al identificar aquellas en las que no aportaría un beneficio suficiente.

“Cada caso debe estudiarse de forma individualizada. La decisión sobre la estrategia terapéutica se toma en comités multidisciplinares, en los que participan especialistas de diferentes áreas y se define la secuencia de tratamiento más adecuada para cada paciente”, añaden desde el IVO.

Los avances también se reflejan en la evolución de los distintos subtipos de la enfermedad. En los tumores hormonales metastásicos, la incorporación de nuevos tratamientos ha permitido prolongar la supervivencia y mantener durante más tiempo una buena calidad de vida. En el cáncer de mama triple negativo, por su parte, la inmunoterapia ha mejorado los resultados en determinadas pacientes tanto en fases iniciales como en enfermedad avanzada.

La investigación abre ahora una nueva etapa: no solo se trata de elegir el tratamiento más adecuado, sino también de conocer mejor cómo responde el tumor y detectar cuanto antes posibles cambios que puedan modificar su evolución. Uno de los campos que concentra esta investigación es la biopsia líquida.

A partir de una muestra de sangre es posible detectar pequeños fragmentos de ADN liberados por el tumor y estudiar determinadas alteraciones moleculares. Esta información puede ayudar a seguir la evolución de la enfermedad y, en el futuro, a anticiparse a algunos mecanismos de resistencia al tratamiento.

“Estamos avanzando hacia una medicina en la que no solo sabemos qué tumor tiene una paciente, sino también qué alteraciones presenta y cómo está cambiando durante el tratamiento. El objetivo es adaptar cada vez mejor la terapia a la biología de cada tumor”, señala el Dr. Guerrero.

Los ensayos clínicos constituyen, en este contexto, una pieza esencial. Permiten estudiar nuevos tratamientos y estrategias terapéuticas en condiciones controladas y generan conocimiento que puede incorporarse posteriormente a la práctica asistencial.

Unidad de Bienestar Oncológico

Los avances en supervivencia y la necesidad de atender de forma integral las consecuencias físicas y emocionales de la enfermedad han hecho que otro aspecto adquiera una importancia creciente: cómo viven las pacientes durante y después del tratamiento.

Con ese objetivo, en 2024 el IVO reforzó este enfoque con la Unidad de Bienestar Oncológico, concebida para atender las necesidades físicas y emocionales de las personas con cáncer mediante un modelo coordinado que integra salud mental, fisioterapia, nutrición y ejercicio físico.

"En el IVO entendemos que tratar el cáncer va mucho más allá de abordar un tumor: implica acompañar a la persona en todas sus dimensiones. Está demostrado que el impacto emocional del diagnóstico, los cambios físicos, la incertidumbre y el efecto en el entorno familiar influyen directamente en cómo el paciente afronta la enfermedad, se adhiere a los tratamientos y mantiene su calidad de vida. Por eso, para nosotros el cuidado mental y físico es una parte esencial del proceso asistencial", explica la Dra. Elena Oliete, médica adjunta de la Unidad de Cuidados Continuos del IVO y responsable de la Unidad de Bienestar Oncológico.

En el caso de las pacientes con cáncer de mama, las pacientes son derivadas en función de sus necesidades y pueden acceder a atención psicológica y psiquiátrica, fisioterapia, nutrición y ejercicio físico, además de participar en actividades grupales sobre nutrición, sexualidad, relajación o ejercicio.

Durante el mes de agosto, la Unidad registró 1.100 visitas, de las cuales 313 correspondieron a pacientes nuevos atendidas a través de sus cuatro recursos: psicología y psiquiatría, fisioterapia, nutrición y ejercicio físico.

La Unidad realiza además un cribado de necesidades de las pacientes recién diagnosticadas, con el objetivo de detectar de forma temprana qué recursos pueden resultar útiles y anticiparse a la aparición de necesidades durante el proceso.