Alejandro Tena, creador de Kéik.
Alejandro dejó su trabajo como abogado para vender tartas de queso: empezó por internet y va a abrir su segunda tienda
El emprendedor valenciano quiso aprovechar el talento culinario de su hermano y creó su propia empresa.
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Alejandro Tena es abogado de carrera. Tiene 30 años, y aunque asegura no considerarse "empresario", ha creado su propia marca de tartas de queso y busca "ser referente".
Con 29 años, el abogado valenciano decidió dejar su trabajo estable para vender las tartas de queso a través de internet que cocinaba su hermano José.
Ahora, Alejandro explica a EL ESPAÑOL cómo está a punto de abrir su segunda tienda y cumplir un año dedicándose a su emprendimiento: Kéik Cheesecake.
Los hermanos Alejandro (30) y José (40) comenzaron esta andadura en 2020, algo que pudo hacerse realidad gracias a lo bien que se complementan.
José es cocinero, y como relata su hermano, "siempre le ha gustado la cocina de alta calidad".
Esa "obsesión" por perfeccionar cada receta, sumado a los ingredientes "de primera calidad" que utiliza hicieron que sus tartas de queso tuvieran un gran resultado.
El pequeño, Alejandro, se dedicaba a la abogacía hasta que tuvo que apostar todo su tiempo y dinero por su proyecto. El mayor se dedicaba profesionalmente -y lo sigue haciendo- a la cocina.
"Mi hermano hacía las tartas para los cumpleaños de los amigos y todos veíamos que estaban muy buenas", relata Alejandro.
En aquel momento, añade, ya intentaron emprender. Las circunstancias hicieron que lo dejasen "aparcado": "Yo estaba estudiando para ser abogado y mi hermano tenía que dedicarse a su trabajo e hijos".
Desde aquel momento, Alejandro confiesa que tenía el "gusanillo" del emprendimiento, pero continuó ejerciendo como abogado. "Se me quedó el remordimiento de hacer algo propio", añade.
Hasta que llegó septiembre de 2024, momento en el que Alejandro logró convencer a su hermano para comercializar sus tartas.
"Me puse súper pesado, le dije que él solo tenía que hacer las tartas y yo me encargaba de absolutamente todo lo demás", recuerda.
Crearon un perfil de Instagram, y de esta forma vendían sus productos. Después, hacían el reparto a domicilio.
Tarta de queso de pistacho de Kéik.
Así, ambos empezaron el negocio de las tartas "como un hobby" que compaginaban con sus trabajos. Cuando el negocio "tuvo mucho auge", se vieron obligados a replantearse la situación.
"Yo me levantaba a las 5 de la mañana, repartía tartas y a las 9 me ponía el traje para trabajar. Por la tarde, a las 7 me quitaba el traje y seguía repartiendo", recuerda Alejandro.
El punto de inflexión llegó en marzo de 2025, cuando se plantearon abrir su primera tienda en Valencia.
"Fueron momentos duros", subraya el joven abogado, que recuerda cómo "hacía cálculos" antes de tomar la decisión.
Hasta que lo hizo: "Pensé que abogado siempre podría ser, y la oportunidad de negocio igual no se volvía a dar nunca en la vida. No me quería arrepentir", destaca.
Fue entonces cuando Alejandro decidió dejar su trabajo e invertir sus ahorros para luchar por aquello que le "apasionaba".
Destaca cómo los inicios nunca son sencillos. En su caso, reconoce que "nunca" han tenido financiación, y todo lo han logrado gracias a sus propios ahorros.
Una vez iniciado el proyecto, su clave está en "cobrar lo justo para vivir y reinvertir los beneficios en el negocio".
Actualmente en Kéik Cheesecake se ofrecen ocho sabores diferentes de tarta de queso, desde la tradicional hasta otras más innovadoras como la de Kinder Bueno o pistacho.
"Nos guiamos por lo que quiere el cliente, y siempre nuestra máxima es dar un producto de calidad", destaca Alejandro.
Esto es porque, mirando al futuro, su idea es "ser los referentes en el mundo de las tartas de queso, primero a nivel local y luego a nivel nacional".
Las tartas de Kéik están a la venta desde los 12,90 euros, y su precio varía en función del tipo y el tamaño.
Así, este precio se corresponde con la tarta pequeña, que suele ser para degustar entre dos y tres personas.
La tarta mediana sirve para entre seis y ocho comensales, y tiene un precio de 23,90 euros.
La más grande, de la que podrían comer hasta doce personas, tiene un coste de 33,90 euros.
Para algunos, Kéik ya ha conseguido posicionarse como su referente. Alejandro destaca algunos de sus clientes "más fieles": "Tenemos uno, nuestro mejor cliente, que en un mes viene ocho veces".
Actualmente cuentan con una tienda en funcionamiento. Está en la ciudad de Valencia, en la calle Grabador Esteve. En el mes de junio, según avanza Alejandro, desembarcarán en Castellón.