Cloe, la valenciana que estudia en Canadá gracias a la beca Amancio Ortega. EE
Cloe, la valenciana que estudia en Canadá gracias a la beca Amancio Ortega: "Me ha cambiado totalmente la vida"
Desde que se puso en marcha en 2010, la Fundación ha becado ya a más de 4.000 personas; este año a 450 estudiantes.
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A miles de kilómetros de casa, en la localidad de Winnipeg, Canadá, Cloe se levanta a las 7:00 de la mañana para empezar su jornada escolar. Hace apenas unos meses, la vida de esta estudiante valenciana de 16 años transcurría entre las aulas del IES Ausias March de Manises.
Hoy estudia en la otra parte del mundo, en la provincia de Manitoba, gracias a una de las becas que concede cada año la Fundación Amancio Ortega. Es una de las 450 personas beneficiarias para este curso. "Me ha cambiado totalmente la vida", resume esta alumna de 1º de Bachillerato.
Este programa, que lleva en marcha desde 2010, ha permitido a más de 4.000 personas cursar un año académico en Norteamérica. Pero no a cualquiera: para optar a la beca, los candidatos deben tener un expediente académico destacado.
La nota media del curso anterior no puede bajar del notable. Un requisito que no fue un impedimento para Cloe, con un 9,8 en su expediente. El nivel de inglés es otro factor determinante, así como la entrevista personal que se realiza cada año a los aspirantes.
Su viaje para el próximo curso, en realidad, comenzó el 18 de diciembre del año pasado, cuando recibió la noticia de que era una de las seleccionadas. Un momento que todavía recuerda con especial nitidez: "A mediodía publicarían los nombres de las personas beneficiarias y quise esperarme para verlo con mi madre, pero no pude aguantar", relata.
"Una amiga tuvo que dejarme su móvil porque en el mío no iba internet. Cuando vi que me habían dado la beca, di un grito y me puse a llorar de la emoción. Estábamos en clase de Lengua y Literatura y el profesor me dejó salir del aula para poder llamar a mi familia", explica.
La llegada a su destino, en pleno corazón de Canadá, estuvo marcada por una mezcla de emociones: entre la ilusión de la experiencia que le esperaba por delante, pero también el temor a lo desconocido: "Me dijeron que iba a echar de menos todo, que me preparase porque lo iba a pasar mal".
La realidad es que, como admite, los primeros días no fueron fáciles. "Soy una persona muy unida a mi familia y al principio les echas de menos, así como tu casa, la comida...", agrega. Pero la novedad de todo lo que ocurre alrededor acaba imponiéndose.
Cloe en un partido de hockey. EE
"Al final no hay tiempo para estar triste, todo es positivo y te hace crecer, incluso los momentos en los que echas de menos tu país: haces amigos nuevos, conoces una ciudad a la otra punta del mundo, vas a clase con gente nueva o pasas el día con tu house family los fines de semana", enumera.
"La adaptación no es cosa de un día, obviamente, pero a día de hoy me veo completamente adaptada a las rutinas de aquí", agrega.
Su día a día ahora es muy diferente al que llevaba en España. Allí, empieza el instituto a las 8:40. Unos minutos extra respecto a su entrada en el colegio en Manises a los que les da un valor especial: "Aprovecho esa media hora para hablar con mi familia, ya que con el cambio horario es cuando mejor podemos coincidir".
En el instituto tiene cuatro clases al día. Según describe, el sistema educativo allí es completamente diferente: "Hay mucha menos memorización, dan prioridad a la práctica", subraya para acto seguido observar que es uno de los aspectos que más le llaman la atención como para plantearse vivir un tiempo allí.
Por las tardes, cuando finaliza su jornada escolar, trata de variar sus rutinas: ir al gimnasio, hacer deberes, disfrutar con su familia de acogida o pasear por el centro comercial con sus nuevas amigas. Ha conocido gente de todo el mundo: de Brasil, Italia, Alemania...
Gente con la que ya guarda un vínculo especial que, espera, sea para siempre: "Entre becados nos entendemos, todos estamos fuera de casa y la relación que se crea es muy bonita y estrecha". "He conocido personas que, sin esta beca, hubiera sido imposible conocer", celebra.
A diario hay cosas que hacer. Los fines de semana, apunta, los planes son un poco más especiales. Hace 15 días, por ejemplo, pudo ir de excursión a pescar en un lago congelado. "Mi familia me llevó a hacer ice-fishing, algo que jamás había vivido ni esperaba".
Cloe en Winnipeg. EE
Además de las clases, Cloe participa activamente en la vida del instituto. Forma parte del club del periódico escolar, colabora en un programa de voluntariado y también integra un grupo llamado Leadership, encargado de organizar eventos y actividades para el centro.
Cloe tiene claro que esta oportunidad no habría sido posible sin la beca. "Estoy muy agradecida. Creo que la Fundación hace una labor increíble dando esta oportunidad a 450 personas cada año. Sin ella, yo no habría podido permitirme venir aquí a estudiar".
"Para mí está siendo la experiencia de mi vida", dice. "Estoy viviendo cosas que nunca habría imaginado", subraya la valenciana.
Apenas quedan tres meses para acabar el curso escolar. Un año que ella jamás olvidará y por ello insiste: "Cualquier persona que pueda optar a esta beca, debería hacerlo. Estoy segura de que no se van a arrepentir. Yo no cambiaría absolutamente nada", recomienda.
Mientras tanto, cada mañana en Winnipeg sigue siendo una pequeña sorpresa. El curso que viene, le tocará a otros estudiantes. Ella, ya se siente una privilegiada por haber estado entre los elegidos en 2025-2026.