El drama de Víctor y Patricia con los 'inquiokupas'. EE
El drama de Víctor y Patricia: compraron un piso y llevan dos años sin estrenarlo por los 'inquiokupas' del antiguo dueño
La familia valenciana se "aferra" a ese inmueble porque el resto "no baja de 360.000 euros": "Si perdemos esta, ya no podemos comprar".
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Víctor y Patricia son una pareja valenciana cualquiera. Como tal, ambos quieren comprarse un piso y formar una familia, pero un giro de guion y unos 'inquiokupas' ha hecho que el orden de los factores cambie: ya tienen una hija, pero no tienen vivienda.
Sus planes no eran esos. Víctor relata a EL ESPAÑOL el drama que han vivido desde hace algunos años: "Compramos el piso y llevamos dos años esperando a que salgan los antiguos inquilinos".
No quieren rendirse. La familia valenciana se "aferra" a ese inmueble porque el resto "no baja de 360.000 euros": "Si perdemos esta, ya no podemos comprar".
La lucha ya se extiende durante varios años. Víctor y Patricia estuvieron "durante tres años" buscando el piso ideal para comprar y, entonces sí, formar una familia.
"Vivíamos de alquiler y queríamos comprar un piso, aunque casi perdemos la esperanza por los precios tan altos que hay", explican.
Encontraron "el piso perfecto" a finales de 2023, un inmueble situado en la calle Linares de Valencia: : "Nos encajaba por precio, por metros cuadrados y por ubicación".
"Está cerca de mi trabajo, del colegio donde queremos llevar a nuestros hijos y bien conectado por transporte público", relata el joven.
Respecto al precio, podría incluso considerarse una 'ganga' al ver el dinero que se pide por cualquier vivienda: 260.000 euros.
Pero todavía entonces no podían cantar victoria. La propietaria llevaba once años alquilando el piso a la misma familia, de origen hindú y con tres hijos: dos niñas y un niño.
Ella tenía "buena relación" con ellos, según constata Víctor. Buena prueba es que, durante esos once años de alquiler, la dueña no subió nunca el precio a la familia, que siempre pagó 500 euros mensuales.
Hasta que la propietaria decidió ponerlo a la venta. Como en cualquier otro caso, avisó con seis meses de antelación a los inquilinos, como marca la normativa. Si la familia quería la vivienda podía comprarla, si no, su contrato acabaría en marzo de 2024, como se notificó.
De hecho, fruto de esta buena relación entre ambas partes, la propietaria incluso ofreció a la familia un descuento de 10.000 euros en el precio de venta del piso, pero decidieron no comprarlo.
Entonces el inmueble salió a la venta, y llegó a Víctor y Patricia. "Vimos el piso, dijimos que lo queríamos y firmamos el contrato de arras", relata.
Al haber inquilinos alquilados, estos tenían que firmar un documento para dar cuenta de que conocían la finalización de su contrato. "Un mero trámite", dice Víctor. Pero decidieron no firmar, y pasaron a ser 'inquiokupas'.
Esta familia figura como "vulnerable" al tener bajos ingresos y tres niños pequeños. Pero nunca había dejado de pagar religiosamente su alquiler hasta ese momento.
La negativa de la familia a salir del piso y las ansias de Víctor y Patricia por entrar a su nuevo hogar hicieron que incluso la inmobiliaria les ofreciera alternativas, según detalla la pareja.
"Les dieron otras opciones para alquilar un piso por el mismo precio y no querían ninguno", explican. Y así llevan ya dos años.
Durante ese tiempo la situación no ha hecho más que "agravarse": "En octubre fuimos padres y queremos empezar nuestra vida en familia. Además, la propietaria nos subió el precio 20.000 euros por los gastos de abogados, etc.".
La lucha
La pareja valenciana se niega a dar por perdido el piso. Para ellos "encaja perfectamente" con lo que buscaban, y con la situación actual de la vivienda, saben que no sería fácil encontrar otro igual.
"Ahora buscas pisos y el precio no baja de 360.000 euros. Si perdemos este, no podemos permitirnos otro", lamenta Víctor.
Ellos continúan su lucha. De hecho, más allá de eso, también buscan entender el por qué esta familia no quiere salir del inmueble. "Se notificó con seis meses de antelación, como marca la ley, que se acababa su contrato de alquiler", recuerdan.
Durante estos dos años, la pareja ha podido averiguar detalles sobre los 'inquiokupas'. Sabe que la madre de la familia "no trabaja", que "tienen tres niños" y que el padre "se dedica a importar rollos de kebab y tiene algunos restaurantes".
Además, asegura que en estos años "un detective ha visto que el padre conduce un Mercedes". Algo que, subraya, "no se asemeja al nivel de vida de la vulnerabilidad".
Ahora, la pareja ya ha presentado una demanda de desahucio, y se encuentran a la espera de la decisión del juez. "No se trata de racismo ni nada por el estilo. Se hizo todo legalmente, dijeron que se irían y no lo han hecho", destaca Víctor.
El problema, según él, es que "tanto españoles como extranjeros se aprovechan de la ley". Sospecha, dice, que la familia "está bien asesorada por alguien que conoce la normativa española y ha sabido cómo obtener la vulnerabilidad".
Pide que se revise cada caso: "Hay que proteger al vulnerable, pero no con la propiedad privada de otros", lamenta.