Imagen del juicio contra el hombre acusado de matar en enero de 2024 al canónigo emérito de la catedral de Valencia. Efe / Ana Escobar

Imagen del juicio contra el hombre acusado de matar en enero de 2024 al canónigo emérito de la catedral de Valencia. Efe / Ana Escobar

Valencia TRIBUNALES

El jurado considera culpable de asesinato al único acusado del crimen del canónigo en Valencia

Concluyen que el acusado cometió el crimen junto a otra persona, no identificada, y que esta última fue la autora material del suceso.

Más información: Los forenses confirman que el canónigo de Valencia murió por "asfixia y estrangulamiento" y que no se defendió

Valencia
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Un jurado popular ha declarado culpable de asesinato al único acusado del crimen del canónigo de la Catedral de Valencia en 2024.

El hombre, que fue juzgado la pasada semana en la Audiencia de Valencia, se declaró "inocente" de la muerte de Alfonso, de 79 años.

Afirmó que ni siquiera se acercó al domicilio de la víctima, aunque sí que admitió haber utilizado sus tarjetas y aseguró que se las dio un conocido suyo, Manuel, hombre al que la policía no ha identificado.

"Está mal haber cogido las tarjetas, pero yo no sabía que estaba muerto", se justificó durante el juicio. Ante el tribunal negó haber tenido relaciones con la víctima.

Diversos testigos declararon que el canónigo subía chicos vulnerables a su piso para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.

Según el veredicto hecho público en la Audiencia de Valencia, los miembros del jurado, por mayoría de siete de votos a favor frente a dos en contra, consideran que el detenido como sospechoso del crimen -que se encuentra en prisión provisional-, es culpable de la muerte del sacerdote. 

Concluyen que lo hizo junto a otra persona, no identificada, y que esta última fue la autora material del suceso.

También se le considera, por unanimidad, culpable del delito de robo con violencia de las tarjetas y el móvil de víctima para obtener beneficios económicos, como demuestran imágenes aportadas a la causa, con las que hizo cuatro reintegros en cajeros y varias compras; y del delito de estafa continuada.

Además, el jurado ha acordado por unanimidad que no se proponga al Gobierno el indulto de la pena ni se le apliquen beneficios penitenciarios. 

Lectura del veredicto del juicio contra el hombre acusado de asesinar al canónigo emérito. Efe / Ana Escobar

Lectura del veredicto del juicio contra el hombre acusado de asesinar al canónigo emérito. Efe / Ana Escobar

Fiscalía mantiene que aunque no se puede afirmar que el acusado fuera quien "le apretara el cuello y le tapara la boca" para asfixiarle en este crimen "brutal", el procesado sí que tuvo "una participación directa, eficaz y decisiva en los hechos".

Tras la lectura del veredicto, el fiscal ha vuelto a pedir para el acusado 28 años de cárcel por los tres delitos; veinte años de prisión por asesinato, cinco años por robo con violencia y otros tres años de cárcel por otro delito continuado de estafa. 

Defensa

Por su parte, el abogado de la defensa, que inicialmente pedía un año al reconocer solo el delito continuado de estafa, ha solicitado que se le aplique la pena más moderada dentro del rango que establece la ley. 

La defensa solo reconoció el delito de estafa por el uso de las tarjetas, y por el que reclamaba indemnizar a la familia de la víctima en la cantidad de 1.452,16 euros.

Durante el juicio, negó el delito de asesinato y aseguró que Miguel ni siquiera subió esa noche a la vivienda. Defendió que no se encontró ninguna huella suya ni rastro alguno de su ADN, aunque sí el ADN de un varón desconocido y siete huellas dactilares de una persona que tampoco ha sido identificada.

El abogado, además, cuestionó la investigación policial. "Empezó de atrás a adelante; en menos de 24 horas dijeron que ya tenían el culpable, y trataron de cuadrar las piezas, pero empezaron a hacer aguas, no encontraron nada en cuatro registros", argumentó.

Al respecto, señaló que lo que "más duele es que el verdadero responsable está en la calle y no se ha hecho esfuerzo en encontrarlo".

"Plan preestablecido"

El jurado ha considerado que hubo un plan preestablecido para ir al domicilio de la víctima y apropiarse de su teléfono y de objetos de valor; que se ha probado que la muerte por asfixia del sacerdote no fue accidental; y que la hora de la muerte coincide con el posicionamiento del móvil del acusado, por lo que estaba en el lugar de los hechos.

El crimen, por asfixia, se cometió entre la noche del domingo 21 de enero de 2024 y la madrugada del lunes siguiente. El cadáver de Don Alfonso fue encontrado en su cama.

Los forenses confirmaron el pasado jueves que la muerte fue por "un mecanismo combinado de estrangulación y sofocación".

Según apuntaron, se le asfixió tapándole las vías respiratorias con "una presión intensa" y apretando a la vez en el cuello, con un abordaje "frontal" y sin encontrarse heridas defensivas.

Don Alfonso, canónigo de Valencia asesinado.

Don Alfonso, canónigo de Valencia asesinado.

La muerte de A.L.B. reveló que el sacerdote podría haber mantenido una vida oculta alejada de la espiritualidad y ejemplaridad que se le presuponía como religioso, cuyas consecuencias podrían estar estrechamente relacionadas con su muerte.

Según las averiguaciones policiales y el relato de vecinos y el conserje del edificio, situado en pleno casco histórico de la ciudad y a escasos metros del Palacio Arzobispal y la Catedral, Don Alfonso supuestamente solía mantener relaciones sexuales con varones a cambio de dinero.

Testimonio del portero

El cadáver lo descubrió el portero, que reside en el edificio. Según su versión, el día de los hechos abrió la portería a las 9:00 horas como de costumbre, y a los pocos minutos le llegó un mensaje del canónigo diciéndole que se iba a ausentar hasta el fin de semana.

Le generó "duda" la forma en la que estaba escrito, pero no lo vio con "normalidad" porque tenía un apartamento en la playa de El Perelló.

Sobre las 11:15 se personó un amigo de Alfonso preocupado porque habían quedado para "una cosa importante" y no le cogía el móvil.

Subieron y, tras llamar dos veces y no recibir respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves que tenía. Las únicas, porque la víctima "tenía mucha discreción por el hecho de que le pudiera robar" y era "muy precavido a la hora de abrir la puerta porque había tenido muchos conflictos con los chicos".

Al girar la llave, la puerta no estaba cerrada. Entró y, al asomarse al dormitorio, vio al canónigo tumbado boca arriba y la cama "revuelta, usada".

"Claramente vi que estaba muerto, lo vi como una especie de momia con la boca abierta, salí chillando en un estado de nervios muy grande", recordó.

En ese momento le entró un segundo mensaje desde el móvil de Alfonso preguntándole si estaba todo bien. Los dos comenzaron a gritar y avisaron, no recuerda si al 112 o a la Policía.

El testigo también indicó que se cruzó con el único acusado por el crimen, Miguel, "dos o tres veces como máximo". La última fue en junio o julio del año anterior, y aunque no hablaron nunca no le despertó "sospecha de nada malo", según recogió Europa Press.

El portero declaró que era "muy frecuente" que subieran chicos a su piso, en etapas "muchos", y que cuando el canónigo percibió que "los vecinos comenzaban a darse cuenta de que ocurría algo extraño" les citaba fuera del horario de portería.

En su mayoría eran personas "muy necesitadas, que aparcaban coches, incluso a algunos físicamente se les veía que tenían adicción a alguna droga, todos mayores de edad".

Alfonso tenía "un carácter fuerte, complicado", relató y añadió que iba a buscarlos a la estación de autobuses o a la calle Bailén. "Yo porque sabía torearlo a pesar del asco que me daba a mí por lo que estaba haciendo, pero los vecinos estaban hartos", constató.