Mercedes, vecina de Valencia. À Punt

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Mercedes, vecina de Valencia, visitó 57 pisos para encontrar una casa adaptada a su silla de ruedas: "Son la solución"

"Para mí, la vivienda debería ofrecerte la calidad de vida que necesitas para desenvolverte en tu día a día como una persona normal", asegura.

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Encontrar una vivienda digna ya es, de por sí, una carrera de obstáculos. Para las personas con movilidad reducida, esa carrera se convierte muchas veces en una lucha diaria contra barreras físicas, administrativas y también sociales.

Es el caso de Mercedes, vecina de la Comunitat Valenciana que emigró de su país hace siete años, y que, tras una búsqueda exhaustiva de una vivienda adaptada a sus necesidades, todavía no ha encontrado un lugar en el que residir.

En el programa de À Punt, 'La clau per a viure', Mercedes detalló que realizó 57 visitas a viviendas en busca de un piso accesible.

El resultado fue desalentador: escalones imposibles, portales sin ascensor, baños no adaptados, puertas estrechas y reformas pensadas sin tener en cuenta la diversidad funcional. "Buscar viviendas accesibles en la Comunitat Valenciana es un reto", explica.

Actualmente, Mercedes vive en casa de su familia porque no ha logrado encontrar una vivienda adaptada que le permita desarrollar su vida con autonomía.

"Para mí, la vivienda debería ofrecerte la calidad de vida que necesitas para desenvolverte en tu día a día como una persona normal", afirma.

"No se trata solo de tener un techo, sino de que ese espacio esté acondicionado, cumpla unas normas básicas de accesibilidad y esté situado en un entorno que permita hacer vida cotidiana sin depender constantemente de otros", asegura.

Ante la falta de oferta, muchas personas con movilidad reducida se ven empujadas a aceptar soluciones que no siempre son adecuadas. Los bajos comerciales reconvertidos en viviendas aparecen a menudo como una alternativa, ya que facilitan el acceso a pie de calle.

Sin embargo, Mercedes considera que "los bajos pueden ser una solución si cumplen con las condiciones, pero no siempre es así".

En su caso, la posibilidad de transformar un local comercial en vivienda implicaría entre seis y ocho meses de obras, según los expertos, y aun así no le ofrece garantías.

"No me sentiría segura, me faltaría privacidad. Un bajo comercial tiene un fin y no está pensado para una persona con movilidad reducida", declara.

Pero las barreras no son solo arquitectónicas. Mercedes también señala otro tipo de obstáculos más sutiles, pero igual de dañinos: las barreras de actitud.

Como mujer migrante, relata cómo en el proceso de búsqueda de vivienda se ha sentido tratada de forma diferente. "Más allá de la accesibilidad, suceden cosas como cómo se dirigen a ti cuando eres migrante. Te hacen sentir diferente. Cuando llegas te encuentras con otra realidad", explica.

Su testimonio refleja una carencia estructural en el mercado de la vivienda valenciano: la escasez de viviendas realmente accesibles y la falta de una planificación que tenga en cuenta la diversidad de necesidades.