Juan Romero, el 'héroe' de las fotocopias. Efe / Amparo Romero
Juan Romero (91), el 'héroe' de las fotocopias, cierra su tienda: vendía apuntes tras dejar Medicina por no poder pagarla
El hombre fue pionero en instalar la primera fotocopiadora de Valencia hace ya más de 50 años.
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A sus 91 años, y después de toda una vida dedicada al servicio de los estudiantes, Juan Romero ha cerrado su tienda; la que fue pionera en instalar la primera fotocopiadora de Valencia hace ya más de 50 años.
Hijo de guardia civil y acostumbrado a moverse por toda la geografía española, nació antes de la Guerra Civil y creció en la posguerra.
Era el mayor de cinco hermanos y tras perder a su madre con seis años tuvo que ponerse al frente de su casa: "Cuidaba a sus hermanos, trabajaba y estudiaba".
En una entrevista concedida a Efe, su hija Amparo Romero y sus hermanos Encarna, Juan, María, Antonio y Jesús cuentan que su padre "fue muy buen estudiante y era muy inteligente".
Un vecino "muy amigo de la familia" de Algemesí (Valencia), donde vivía, le pagó la carrera de Medicina, pero el hombre falleció repentinamente unos años después y Juan tuvo que dejarla por no poder costearla.
Fue cuando empezó a vender apuntes universitarios. Juan asistía a clases, las grababa y luego las transcribía.
Héroe de los años 50
"Iba todos los días de Algemesí a la Facultad de Valencia en un ciclomotor -un abejorrillo, según recuerda el propio Juan- y grababa las clases. Llevaba un chubasquero para protegerse del frío que se le volaba y parecía una capa. Los compañeros que lo veían ir y venir, y hacer mil faenas para sobrevivir y ayudar en casa, le apodaron 'Diego Valor', un superhéroe famoso de un cómic y un serial de radio de los años 50 y 60", prosiguen sus hijos.
En esa época conoció a quien sería su mujer, Encarna; con quien mantuvo un noviazgo por carta. Después, se casaron y tuvieron a sus seis hijos. Vivían en Valencia.
Juan trabajaba de celador por la noche en el hospital Clínico. Por el día se iba a la Facultad "a grabar las clases con un magnetófono de los de entonces, con cintas grandísimas". Al llegar a casa, se iba a dormir y su mujer las escuchaba y las transcribía a mano, detalla su hija Amparo.
"Por la tarde, cuando podía, las pasaba a máquina y creaba apuntes de medicina muy completos. Los pasaba por una imprenta de manivela. Hacía unos apuntes muy rudimentarios pero sus compañeros le esperaban en la puerta de la Facultad para comprárselos: Juan Romero-Diego Valor tenía unos apuntes extraordinarios que todos sus colegas de Medicina buscaban", cuenta.
"Muchos acabaron la carrera de medicina gracias a mis apuntes", asegura el propio Juan.
Fotocopiar y vender apuntes
Cuando nació su cuarta hija, Amparo, se dio cuenta de que "no iba a ser capaz de acabar Medicina porque tenía demasiadas bocas que alimentar y ya era complicado dedicarse a todo los demás". "Me quedé a mitad de carrera pero estoy en la orla y alguno me puso 'don negocioni'", recuerda.
Decidió abrir una tienda pero antes, en casa, montó una imprenta rudimentaria y buscó estudiantes dentro de las facultades que hicieran buenos apuntes para pasárselos y él, transcribirlos.
"Algunos venían a comprar y me cambiaban mis fotocopias por nuevos apuntes", rememora Juan.
"Poco a poco fue comprando más maquinaria y al final -sobre 1973- puso en marcha su tienda de fotocopias y reprografía" en Micer Mascó: Fotocopias Valor, en honor a su "mote". Luego se trasladó a la calle Artes Gráficas.
"De pequeños grapábamos los apuntes y se formaban torres de fotocopias. Luego de mayores ayudábamos a venderlos. Eran apuntes de Empresariales, Económicas, Medicina, Derecho, Psicología... Todas las facultades que había alrededor de la tienda, en la zona de Universidades", subraya su hija.
Amparo sabe que su padre "fue la punta de lanza, el adalid que empezó"; ya luego se le unieron "muchos que le hicieron competencia", pero Romero "fue el pionero de las fotocopias en Valencia, un pionero de los apuntes universitarios", afirma.
"Es muy querido en su barrio, en el que ha tenido su tienda, y ahora que acaba de cerrar y ha vendido el local, los vecinos y la gente de la zona lo echan mucho de menos. Era un viejito que ya estos años simplemente acompañaba a mi hermano allí, pero hacía unos hojitas con artículos religiosos que regalaba o llevaba a algunas parroquias. A su manera, es un nostálgico de la impresión", destaca.
Según sus hijos, Juan "merece que se conozca su historia". Consideran que ha sido un luchador, un trabajador nato capaz de sacar adelante una familia de ocho personas de esta manera tan curiosa.
"Diego Valor tiene que ser homenajeado de alguna manera", sostienen mientras concluye Amparo: "Creo que mi padre era un héroe".