Hace unos pocos días veía con estupefacción una información acerca de una aplicación desarrollada en China denominada '¿Sigues vivo?'. Se trata de una app por la que la persona cada día da una muestra de que continúa en este mundo, supongo que para asegurarse de que no se ha muerto sin que nadie se entere.
Una iniciativa pensada para personas que están tan solas que nadie les echaría de menos si algo les sucede. Algo que no sea la soledad más absoluta, claro está, porque esa ya la traen de serie, visto lo visto.
Al oír la noticia, recordé otra que leí en tiempos de pandemia. Se trataba de una señora que pedía a su vecina que comprobara cada día que dejaba una bolsa colgada en la puerta, con el fin de que, si no lo hacía, supiera que era porque le había pasado algo. Lo que viene a ser lo mismo que la aplicación china, pero de un modo mucho más humano.
Pero mi memoria aún viajó más lejos. Y me acordé de una de mis primeras experiencias profesionales, cuando, en una guardia en el mes de agosto, tuvimos que ir al levantamiento del cadáver de una señora que llevaba muchos días fallecida sin que nadie hubiera sabido nada, hasta que los vecinos llamaron a la policía alertados por el hedor que desprendía su domicilio.
Yo, que entonces era joven e inexperta, sentí que se me partía el corazón al ver que nadie echó de menos a aquella mujer. Una mujer que, además, tenía la casa llena de fotografías donde posaba con otras personas, que supongo que serían familiares y amistades, ninguna de las cuales se percató de su ausencia.
Es verdad que después he tenido muchas oportunidades de verme en casos semejantes, pero ninguno me afectó tanto como aquel primero de la mujer muerta sola en el mes de agosto en una gran ciudad como Valencia.
Más de treinta años separan ese hecho de la noticia de la creación de la app, pero nada ha cambiado y, si lo ha hecho, ha sido, por desgracia, a peor.
Cada vez son más las personas que se encuentran en una situación de soledad no buscada ni deseada y que no cuentan con nadie que se preocupe mínimamente por ellas. Una muestra de la despersonalización de la sociedad actual que nos tendría que invitar a reflexionar muy seriamente.
¿Por qué cada día hay más personas que no solo se siente solas, sino que están solas? ¿Es que no tienen familia ni amistades, o que la familia y amistades les han dejado de lado?
Son preguntas que deberíamos hacernos. Porque la aceleración constante de la vida moderna, el montón de actividades que nos sentimos obligadas a hacer, la dificultad de conciliar la vida personal y familiar y la exigencia de muchos trabajos hacen que vivamos tan al día que nos conformemos con llegar al final de cada jornada sin haber desfallecido.
Y, antes de que nos demos cuenta, hemos dejado de lado a mucha gente por el camino, a personas que quizás necesitan de nuestra compañía, de nuestro aliento o, simplemente, de una llamada de vez en cuando para saber qué tal está.
Así que, antes de llevarnos a la cabeza por la ocurrencia de los chinos en crear la dichosa aplicación, pensemos por qué han considerado que es necesaria y si podemos hacer algo para remediar que alguna persona que conozcamos se sienta sola. Quizás nos sorprenda la respuesta.