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El teléfono sonó en plena campaña navideña y, al otro lado, llegó la noticia que confirmaba el salto definitivo de su restaurante: un Sol Repsol. A Alberte Gutiérrez, chef del restaurante Alberte, le costó varios minutos asimilarlo. La alegría fue inmediata, pero también la conciencia de que el reconocimiento marcaba un nuevo punto de partida.

"Me llamaron en la época de Navidad y la verdad es que no me lo creía", asegura Alberte a Treintayseis, recordando ese instante. "Me hizo muchísima ilusión porque es un reconocimiento al trabajo del día a día y al esfuerzo de todo el equipo", añade.

Sin embargo, tras la emoción inicial apareció también la responsabilidad. "Llegó la sensación de nerviosismo, de saber que no nos podíamos quedar ahí y que teníamos que seguir mejorando", explica. Autocrítico por naturaleza, reconoce que a menudo peca de vivir más pendiente del futuro que del presente: "Siempre estoy muy concentrado en querer mejorar, en querer crecer cada día. Estoy pensando constantemente en los próximos objetivos y a veces no disfruto tanto de las cosas cuando llegan", reconoce.

Esa mentalidad inconformista forma parte de su manera de entender la profesión. Su meta, insiste, es esforzarse "al máximo para ser cada día un poco mejor". Como ejemplo, cuenta que estos días ha estado realizando un curso de vino para seguir formándose. "Intento aprender siempre. Dentro de lo que uno puede, tratar de ser cada día mejor profesional. Al final es mi pasión y quiero ofrecer al comensal la mejor experiencia posible", subraya.

Más allá de lo personal, destaca el impacto que tiene el galardón. "Te posiciona en el mapa", afirma. Considera que el reconocimiento no solo aporta notoriedad al restaurante, sino que también beneficia a la ciudad. "Si es positivo para Vigo, es positivo para todos. Ojalá haya más reconocimientos y que la ciudad crezca para todos", apunta.

El Sol Repsol se suma así a otros hitos recientes. La Guía Michelin ya incluyó su restaurante entre sus recomendaciones en 2024, distinción que repitió en 2025. Alberte recuerda con humor aquel momento: fue su camarero quien le avisó de que tenía un correo de Michelin. "No le hice mucho caso hasta que llegó un segundo email. Ahí ya dije: 'Pues igual va a ser verdad…'". Ahora, con los pies en la tierra pero la ambición intacta, confía en que "vengan muchos más".

Un currículum excelente

El chef Alberte Gutiérrez se formó en la prestigiosa escuela de hostelería Hofmann, en Barcelona, antes de completar su aprendizaje junto a grandes nombres de la gastronomía como Martín Berasategui. Su primera experiencia profesional en la élite llegó en un tres estrellas Michelin, el desaparecido Can Fabes de Santi Santamaría, donde conoció de primera mano el máximo nivel de exigencia culinaria.

"Fue el mejor restaurante en el que he estado, con muchísima diferencia; no en el que más he aprendido", reconoce sobre su etapa en Can Fabes, donde asegura no haber visto nunca "la excelencia tan elevada".

En Galicia trabajó, entre otros, junto a Pepe Solla, ampliando su bagaje y consolidando su estilo. Sin embargo, su objetivo siempre fue regresar a Vigo, su ciudad natal, para emprender su propio camino. Ese paso lo dio en 2013 con la apertura de Hierba Luisa, en la calle Serafín Avendaño.

Hierba Luisa fue el germen de un proyecto más ambicioso. Tras dos años de obras marcados por la crisis de materiales, hace algo más de dos años abrió Alberte, su restaurante homónimo, situado en el número 65 de Rosalía de Castro. Con él buscaba dar un salto de calidad definitivo, un objetivo que ha ido cumpliendo: el restaurante logró dos recomendaciones consecutivas en la Guía Michelin en 2024 y 2025 y suma ahora un Sol Repsol, consolidando así la proyección de Alberte Gutiérrez en la alta cocina gallega.