Un buzón de la ciudad de Vigo

Un buzón de la ciudad de Vigo P.P.

Ofrecido por:

Vigo

La triste realidad del correo postal en Vigo: "Si me preguntas cómo enviar una carta, no sabría"

Incluso en fechas simbólicas como este Día Mundial de Enviar una Carta a un Amigo, el correo postal parece más una excepción que una costumbre

Podría interesarte: El comercio local vigués pide un salvavidas: "Es fundamental especializarse"

Publicada

Teléfonos inteligentes, aplicaciones, redes sociales... la tecnología ha revolucionado la manera en la que nos comunicamos, relegando a un segundo plano formas que durante siglos fueron esenciales. El telégrafo, las cartas o incluso el teléfono parecen haber quedado en el pasado frente al auge de la mensajería instantánea. Y es que, en una sociedad interconectada como la actual, donde prima la inmediatez, ¿quién está dispuesto a esperar varios días para recibir una respuesta por correo postal?

Este cambio no solo ha modificado los hábitos, sino también el paisaje urbano. Los buzones amarillos que todavía salpican las calles de Vigo han perdido su función original y sobreviven, en muchos casos, como simples elementos decorativos. Incluso en fechas simbólicas como el Día Mundial de Enviar una Carta a un Amigo, que se celebra este 7 de febrero, el correo postal parece más una excepción que una costumbre, y, para las generaciones más jóvenes, como la Alfa, no resulta descabellado pensar que su utilidad resulte desconocida.

La desaparición de las cartas, más allá de un fenómeno aislado, es una tendencia global que conlleva cambios en las dinámicas de comunicación. En países como Dinamarca la drástica reducción del número de cartas enviadas ha llevado al Gobierno a dejar de enviar cartas a través de la empresa pública de mensajería, que actualmente se dedica únicamente al envío de paquetería.

Desde Correos explican que "la sustitución electrónica, marcada por la digitalización y el cambio en los sistemas de comunicación, ha provocado un descenso de los volúmenes postales, afectando a operadores postales, logísticos y plataformas digitales. En las últimas décadas, el volumen de envíos postales tradicionales ha caído más de un 50%". A pie de calle, la realidad confirma este diagnóstico. En los estancos de la ciudad aseguran que la venta de sellos y sobres es cada vez más esporádica y se concentra, principalmente, entre personas mayores de 60 años.

Con todo, desde Correos apuntan a que el envío de cartas resiste de forma puntual en momentos muy concretos del año. En concreto, señalan que durante la Navidad la correspondencia ordinaria registra repuntes de entre el 10 y el 20 %, impulsada por tarjetas y felicitaciones que aún conservan un valor emocional.

Ese componente sentimental es, precisamente, el que mantiene viva la tradición para personas como María Fernández. A sus 50 años, esta viguesa continúa enviando cada Navidad postales con una fotografía de sus hijos a amigos y familiares. "Es un gesto muy bonito y personal que no debería perderse", asegura. Aunque admite que rara vez recibe respuesta, recuerda con especial cariño una postal que encontró en su buzón estas últimas fiestas: "Me hizo muchísima ilusión. Que alguien piense en ti y se tome el tiempo de enviarte algo es muy especial".

Una percepción muy distinta tienen las generaciones más jóvenes. Muchos vigueses no solo han dejado de escribir cartas, sino que nunca lo han hecho. "Creo que jamás envié una. Si me preguntas cómo se hace, no sabría", confiesa, algo avergonzada, Alba Rodríguez, de 25 años.

Así, la carta se enfrenta a una realidad tan evidente como triste: en apenas unas décadas ha pasado de ser un medio imprescindible de comunicación a convertirse en un elemento casi ornamental.