Panorámica de Vigo
Preocupación en el sector hotelero de Vigo pese al repunte de Semana Santa: "No hemos llenado ningún hotel"
El sector detecta nuevas tendencias, como estancias más cortas y menor gasto por visitante, en un contexto de incertidumbre económica, aunque mantiene una visión prudente pero optimista de cara al verano
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El sector hotelero de Vigo toma aire gracias al impulso de la Semana Santa, que dejó en la ciudad una ocupación media cercana al 87% en sus jornadas clave. Sin embargo, César Sánchez Ballesteros, presidente de Feprotur -la Federación Provincial de Turismo y Hostelería de Pontevedra-, matiza que estos datos se refieren únicamente a los días de mayor afluencia. "Todo depende de lo que entendamos por Semana Santa", advierte.
Ballesteros detalla que Vigo alcanzó un 88% de ocupación el Jueves Santo, un 89% el Viernes Santo y un 84% el sábado. Sin embargo, advierte de que las cifras caen de forma notable tanto en los días previos como en el Domingo de Pascua.
Esta variabilidad responde, en gran medida, al comportamiento del turista en Galicia. Muchos visitantes -especialmente los propios gallegos- regresan a sus hogares el domingo al mediodía, lo que provoca un descenso brusco de la ocupación. "En otras comunidades, donde el lunes es festivo, las estancias se alargan más, pero aquí eso no ocurre", explica.
De este modo, el balance global se aleja de los datos más optimistas difundidos desde el ámbito institucional y genera cierta preocupación en el sector hotelero, que apenas comienza a "arrancar" tras un inicio de año muy negativo, marcado por las inclemencias meteorológicas.
Además, el presidente de Feprotur destaca el sabor agridulce que deja la Semana Santa entre los profesionales del sector, que, pese a registrar buenos datos de ocupación, no han logrado colgar el cartel de "completo" en ningún momento. Esto ha tenido un impacto directo en la rentabilidad en unas fechas clave. "Cuando sabes que vas a llenar, puedes subir precios. Pero este año los precios han sido muy contenidos y los márgenes, muy ajustados", explica.
Aun así, el balance no es negativo."Podría haber sido mucho peor", reconoce Ballesteros, quien subraya que, al menos, el sector ha empezado a facturar. Eso sí, advierte de que las previsiones no están siendo las esperadas y que, más allá de este pico puntual de Semana Santa, los niveles de ocupación en las semanas anteriores y posteriores se sitúan por debajo de lo deseable.
Enero, febrero y marzo han sido, según el sector, "de los peores de los últimos años". La lluvia constante ha reducido drásticamente el movimiento turístico y la actividad en hostelería. "Ha sido un problema meteorológico, no económico", aclara Ballesteros, aunque reconoce que el contexto internacional y la incertidumbre también influyen en el comportamiento del consumidor.
Nuevas tendencias que afectan al sector
En esta línea, el inestable contexto internacional, marcado por los conflictos bélicos y la subida en el precio de los alimentos o los combustibles también ha dejado su huella en el turismo. Entre las tendencias detectadas, Ballesteros apunta a una ligera reducción en la duración de las estancias: "La gente sigue viajando, pero ajusta: en vez de cinco días, se queda tres o cuatro", explica.
Además, también se percibe un descenso en el gasto medio. "Antes alguien podía ir a un restaurante y gastar sin mirar demasiado. Ahora se controla más: se opta por opciones más económicas", añade.
En cuanto al perfil del visitante en Semana Santa sigue siendo mayoritariamente nacional, con un peso importante del turismo gallego, que puede representar cerca del 30%. También destacan visitantes de otras comunidades, especialmente familias, que concentran sus viajes en los días festivos.
Ballesteros subraya además una tendencia creciente: el redescubrimiento de Galicia por parte de los propios gallegos. "Cada vez más gente se sorprende con lugares que no conocía dentro de su propia comunidad", comenta.
Una mirada cauta hacia el verano
De cara a los próximos meses, el sector se muestra moderadamente optimista. Se espera un buen verano, impulsado en parte por el contexto internacional, que podría favorecer la llegada de turistas extranjeros a España, percibida como un destino seguro.
Sin embargo, también se anticipa un año con mayor volumen de trabajo pero menor rentabilidad. "Probablemente trabajemos más que el año pasado, pero con beneficios algo inferiores", advierte.
Además, Vigo sigue enfrentándose a un problema estructural: la falta de conexiones, especialmente con mercados como el catalán, lo que limita su capacidad para atraer determinados perfiles de turistas.
En definitiva, la Semana Santa deja un sabor agridulce: buenos datos en momentos puntuales que permiten arrancar la temporada, pero sin ocultar las debilidades de un sector muy condicionado por el clima, la economía y las infraestructuras.