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La experiencia de una familia de acogida gallega: "Tienes que tener claro que se van a ir"

Miriam González y Raúl Avilés viven en Vigo y decidieron inscribirse en el programa de Familias Acogedoras de la Xunta, gestionado por los profesionales de Cruz Roja, en el año 2019. Desde entonces, han recibido en su casa a tres menores
Una familia de acogida de Galicia.
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Una familia de acogida de Galicia.
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La familia de los vigueses Miriam González y Raúl Avilés ha crecido mucho en los últimos cinco años. Raúl ya tenía un hijo de otra relación y en 2019 nació la primera hija en común de la pareja. Tan solo un año más tarde, llegó otro bebé a casa, Amalia (nombre ficticio para preservar su intimidad); Miriam no tuvo que pasar por el paritorio en esa ocasión: se trataba de su primera niña en régimen de acogida.

El programa Familias Acogedoras es una iniciativa de la Xunta de Galicia, gestionada a través de Cruz Roja, que busca proporcionar una atención temporal a niños y adolescentes en situación de riesgo, desamparo o desprotección social y que se encuentran tutelados o en guardia por el ente autonómico.

El adjetivo "temporal" es clave para entender cómo funciona el proyecto. Su objetivo último, como resaltan desde Cruz Roja, no es que las familias que acojan a los menores se conviertan en sus hogares definitivos, sino que los pequeños regresen con sus familiares una vez se solucionen las dificultades que derivaron en la acogida o, por otro lado, pasen a una medida de adopción.

Miriam González y Raúl Avilés, familia acogedora desde 2019, también recalcan esta circunstancia: "Desde el principio tienes que tener claro que se van a ir, si no, no vas a ser capaz de hacerlo".

Empezar a ser familia de acogida

Actualmente, en casa de esta pareja viguesa conviven cuatro niños, tres de ellos sus hijos y un cuarto pequeño en régimen de acogida, llamado Ismael (nombre ficticio). No saben cuánto tiempo se prolongará la acogida ni conocen con demasiado detalle la historia familiar del pequeño, "problemas de consumo", comentan. Ismael es el tercer niño acogido por Miriam y Raúl.

"Nosotros siempre quisimos colaborar en algo, éramos de los que queríamos coger la mochila y marcharnos por ahí de voluntariado", explica a este medio Miriam González, acompañada por su pareja al otro lado de la línea. A través de un anuncio del periódico descubrieron la existencia del programa Familias Acogedoras y decidieron informarse más, animados también por la idea de que el hijo de Raúl (por aquel entonces, el único niño en casa) tuviera compañía de su edad.

Las personas que quieren participar en el Banco de Familias Acogedoras de Cruz Roja deben asistir a un curso formativo previo en el que, además de recibir preparación psicológica y práctica, conocen las experiencias en primera persona de otras familias. Siempre está sobre la mesa la opción de no querer continuar. "Había días en los que después de ver todo el follón yo decía que no estaba preparada. Conoces casos que en pleno siglo XXI no esperas que sucedan", cuenta González.

Miriam recuerda con claridad el testimonio de un padre de acogida que tenía a un niño de siete años. "Me contaba barbaridades, me decía que lo llamaban del colegio todos los días porque le pegaba a los niños. Y yo le comentaba 'pues te veo feliz', a lo que me respondía 'es lo mejor que me ha pasado en la vida'".

Un coche más grande

Según los datos de Cruz Roja, en Galicia existen un total de 330 familias de acogida. Sin embargo, las cifras no son suficientes para cubrir la demanda de atención a menores (2.375 niños gallegos forman parte del Sistema de Protección a la Infancia). La propia organización advertía recientemente de que se necesitan más familias adscritas al programa.

El equipo de profesionales de Cruz Roja mantiene contacto constante con las familias de acogida y se realiza apoyo social en los aspectos relacionados con gastos derivados de la crianza y el desarrollo adecuado del menor. Las familias de acogida reciben ciertos ingresos para el cuidado del niño, "en función de las edades"; la cuantía es mayor cuanto más pequeños son los niños, explica Miriam, "para cubrir pañales, toallitas, ropa o la guardería", aunque la mayoría de menores de este programa están inscritos a las guarderías de Galiña Azul.

"En nuestro caso cuando vino Amalia (su primera niña de acogida) pudimos llevarla a la misma guardería que nuestra hija", apunta la viguesa. Con todo, Raúl admite entre risas que "hubo que organizar mucho", incluso "cambiar de coche".

La separación

Amalia, la primera niña que llegó junto a Raúl y Miriam, se quedó con ellos 19 meses. Durante los procesos de acogida suelen establecerse visitas con la familia de origen, si es posible, para mantener el vínculo con los pequeños. En el caso de Amalia y el siguiente niño acogido por la pareja de Vigo, Pedro, no sucedieron, "se fueron directamente a adopción", explican. Pedro era un recién nacido cuya madre, una chica muy joven, había renunciado a él tras el parto.

¿Y qué sucede cuando el pequeño se marcha? "En principio no vuelves a saber nada más de ellos. Si los papás quieren sí, cuando te conocen el primer día te prometen que te irán contando y enviando algunas fotos, pero después pasan los años y no sabes nada", lamenta Raúl. Tan solo hace unos días, después de más de dos años, han recibido casi de casualidad una foto actual de Amalia.

La despedida es dura, sobre todo durante la primera experiencia como familia acogedora y en estancias de larga duración, pero la pareja subraya que aceptar que es una medida temporal es una de las cosas que más repiten en el curso formativo. "Nos insistieron tanto que ya lo tenemos muy asimilado", coinciden. Incluso sus propios hijos, aunque todavía son muy pequeños, han asumido con naturalidad la realidad de su familia.

"Cuando se van siempre pregunta cuándo llegará el siguiente"

Su hija de 3 años, Lisa, tenía solo uno cuando llegó Amalia y se hicieron grandes amigas. La convivencia también fue sin problemas con Pedro y lo está siendo ahora con Ismael. Primero le explicaron que los padres de Amalia "se habían perdido"; más adelante, le contaron que "hay papás que no llegan a tiempo" y que mientras tanto, los niños esperan en su casa. "Ella misma pregunta ahora '¿y cuándo vienen los papás de Ismael'?", asevera Miriam, "Lo lleva bien porque cuando se van siempre pregunta cuándo llegará el siguiente bebé".

Miriam tiene 41 años y es monitora de yoga y pilates y Raúl, de 42 años, es transportista. "Somos gente normal", admiten. Así, su idea es seguir siendo familia de acogida siempre y cuando sus hijos continúen aceptándolo como hasta ahora. Tienen claro que "lo mejor" es "que los bebés estén con familias" y no en centros de menores, "luego aparecen los problemas cuando son mayores".

Por ello, no piensan desistir: "Lo más gratificante es saber que lo intentas y que lo estás haciendo bien; ver cómo un niño prematuro ahora está bien, muy espabilado", confiesa Raúl. Miriam coincide con él y agrega: "Esos niños parecen estar hechos de otra pasta, son muy fuertes. Y lo que más quieren es que estés con ellos".

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