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España se prepara para uno de los cambios habituales del calendario que marca la llegada del otoño.

El próximo domingo 25 de octubre, millones de ciudadanos tendrán que ajustar sus relojes para adaptarse al horario de invierno, una modificación que permitirá ganar una hora de sueño, pero que también traerá consigo tardes con menos luz natural.

El cambio se producirá durante la madrugada del último domingo de octubre, de acuerdo con el calendario establecido por la Unión Europea.

En la Península, Baleares, Ceuta y Melilla, cuando sean las 03:00, los relojes deberán retrasarse 60 minutos hasta marcar las 02:00. En Canarias, el ajuste se realizará a las 02:00, que pasarán a ser las 01:00.

De esta manera, el domingo tendrá oficialmente 25 horas, ya que el intervalo comprendido entre las dos y las tres de la madrugada se repetirá en la Península. Se trata de una medida que se aplica de forma coordinada en los Estados miembros de la UE para mantener una referencia horaria común.

La norma que marca el cambio

El ajuste horario no responde a una decisión puntual, sino a una normativa que establece cuándo deben modificarse los relojes. La Directiva 2000/84/CE del Parlamento Europeo y del Consejo fija el calendario común: el horario de verano comienza el último domingo de marzo, mientras que el horario de invierno se recupera el último domingo de octubre.

En España, el Real Decreto 236/2002 incorpora este marco normativo al ordenamiento nacional. Además, el Gobierno publica periódicamente en el Boletín Oficial del Estado las fechas concretas previstas para los siguientes años.

El objetivo principal de esta coordinación es evitar desajustes en actividades que dependen de horarios compartidos, como el transporte internacional, las conexiones aéreas, las telecomunicaciones y las operaciones financieras.

Aunque el cambio de hora se popularizó históricamente como una medida para aprovechar mejor la luz solar y reducir el consumo energético, su eficacia continúa siendo objeto de debate. El ahorro que proporciona actualmente se considera limitado y la UE no ha acordado todavía suprimir los cambios estacionales.

Tardes más cortas

El principal efecto inmediato del horario de invierno será la modificación de la distribución de las horas de luz. Los amaneceres llegarán antes, lo que facilitará disponer de claridad durante las primeras horas del día. A cambio, el anochecer también se adelantará y las tardes serán más oscuras.

El ajuste puede afectar temporalmente al descanso. La modificación del reloj altera ligeramente los ritmos circadianos y algunas personas pueden experimentar somnolencia, cansancio, cambios de humor o dificultades para dormir durante los primeros días.

Para adaptarse, los especialistas suelen recomendar mantener horarios regulares de sueño y aprovechar la luz natural durante la mañana. Mientras continúa el debate europeo sobre la posibilidad de eliminar definitivamente esta práctica, España volverá a aplicar el calendario vigente el 25 de octubre.

Por ahora, el cambio de hora sigue formando parte de la rutina anual, con efectos tanto en la organización diaria como en la actividad económica y social.