La hostelería arrastraba en los últimos años un déficit alarmante de personal de sala. Sin embargo, algo cambió este verano. Según Javier Escribano, propietario del restaurante La Morada de Tarragona, la última regularización de inmigrantes ayudó al sector a no pasar apuros.
"Fue un alivio", expresa en declaraciones a EL ESPAÑOL. "Muchas de las personas que vienen a pedir trabajo de camarero llegan sin experiencia ni formación, pero desde el primer día empiezan cobrando unos 1.500 euros netos al mes", detalla.
El también presidente de la Asociación de Empresarios de la Hostelería de Tarragona Ciudad destaca la labor social que llevan a cabo: "Somos un sector de acogida que ayuda a las personas migrantes a salir adelante y mandar dinero a sus familias".
Los retos de la hostelería
Sobre los retos actuales de la restauración, Escribano afirma que en las zonas de costa hay una gran diferencia entre la temporada turística y el invierno: "Lo que ganamos en verano se usa para pagar las pérdidas en invierno, vivimos en un bucle".
Como solución, el dueño de La Morada sugiere pagar menos impuestos cuando haya pérdidas, y seguir tributando con normalidad cuando haya ingresos. "El 90 % de los negocios son micropymes con un pequeño autónomo al frente que se autoemplea junto a 3 o 4 trabajadores", apunta.
A modo de ejemplo, Escribano explica que "menos de la mitad de los restaurantes que se abren superan su primer año". "El poco margen de beneficio que tenemos no nos permite tener pérdidas por no haber estado atentos", añade.
En esta línea, expone que en un restaurante los beneficios solo se obtienen cuando tienes un 70 % del aforo lleno. "Si consigues esa proeza, a final de año los beneficios oscilan entre el 5 y el 7 %", detalla.
El problema de la inflación
Según el presidente de la asociación hostelera, la inflación es uno de los golpes más duros que acusa el sector. "Entre la comida y la bebida no se debería superar el 30 % del precio final, por eso somos tan sensibles a la inflación y a la cesta de la compra", afirma.
"Con las subidas de costes, algunos servicios dejan de ser rentables y si tenemos que contratar nuevo personal, eso nos obliga a no llevarlos a cabo", añade.
Pese a todas estas problemáticas, Escribano está muy satisfecho con su trabajo: "La hostelería es un oficio precioso, (...) hacemos feliz a la gente el ratito que pasa en nuestro establecimiento y eso es muy reconfortante".
"Recomiendo a cualquiera que sienta pasión por la hostelería y por la cocina que sea valiente y empiece un negocio", defiende.
Para ello, aconseja mucha formación y estar siempre en contacto con gente del mismo ámbito: "Tener las orejas abiertas y la humildad para aprender de los que tienen más experiencia que tú".
"Con los años aprendes a poner límites, a ordenar cosas y, poco a poco, todo termina encajando", concluye con optimismo.
