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LO ESENCIAL
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La adopción de la inteligencia artificial en el ámbito laboral español avanza a pasos agigantados entre los profesionales, pero plantea un importante desafío de gestión y liderazgo para las organizaciones.

Antonio Cruz Cruz-Conde, director de AI Workface de Microsoft España,

1. Durante años hemos hablado de digitalización. Ahora parece que estamos entrando en una nueva fase. ¿Qué está cambiando realmente en el mundo del trabajo?

Hemos pasado de una IA que responde a una que ejecuta. Hace dos años le pedíamos a un asistente que resumiera una reunión. Hoy le encargamos un trabajo completo, como preparar la respuesta a una licitación, un informe para un cliente o la documentación de un cierre financiero, y nos devuelve el resultado terminado.

Además, empiezan a llegar agentes que siguen avanzando en una tarea aunque no estemos delante del ordenador: retoman un tema días después o hacen seguimiento de un proyecto.

El cambio es que cada persona pasa de ejecutar tareas a dirigir trabajo. Lo que obliga a replantear procesos, roles y la forma de organizar equipos.

2. El último Work Trend Index apunta a que el 60% de los profesionales españoles ya realiza trabajos que hace un año estaban fuera de su alcance gracias a la IA. ¿Qué nos dice este dato sobre la evolución del trabajo?

Posiblemente, el dato más relevante del informe reside en que el debate cambia de términos: de “ahorro de tiempo” a la ampliación de capacidades.

Durante mucho tiempo medimos la IA en horas ahorradas a la semana, y era una buena primera métrica, porque no teníamos otra.

Pero que seis de cada diez profesionales hagan hoy cosas que hace un año no podían significa que la IA ya no solo acelera el trabajo, sino que expande las capacidades.

Ahora un responsable comercial puede analizar datos como un analista externo o un abogado puede crear una pequeña herramienta para seguir sus expedientes.

España está dos puntos por encima de la media global, que es del 58%. Encaja con lo que vemos en el AI Diffusion Report de Microsoft, que sitúa a España como sexto país del mundo en adopción de IA generativa: el 45,1% de la población en edad de trabajar ya la usa, por delante de países como Reino Unido, Alemania o Estados Unidos.

Al mismo tiempo, el 74% de los usuarios españoles teme quedarse atrás si no evoluciona rápido.

Hay talento, hay ganas y hay urgencia. El reto es no solo poner a disposición de los usuarios las herramientas, sino acompañarlos en el uso.

3. Los profesionales españoles están adoptando la IA a gran velocidad, pero ¿están las organizaciones avanzando al mismo ritmo?

Pues me gustaría ser más optimista, pero quizás el ritmo no es el que sus empleados demandan.

Solo uno de cada cinco profesionales (el 22%) considera que la dirección de su empresa tiene una estrategia clara y sostenida en torno a la IA.

Y casi la mitad (el 49%) reconoce que todavía le parece más seguro centrarse en sus responsabilidades actuales que replantear su trabajo con ayuda de la IA.

Si las empresas no facilitan el acceso a las herramientas que necesitan los empleados, estos no esperarán y las utilizarán por su cuenta, generalmente versiones gratuitas de consumo.

Algo que conlleva grandes riesgos de seguridad, dado que lo que se comparte es información empresarial que puede quedar expuesta.

4. ¿Qué tienen que hacer, entonces, las empresas?

La labor de las organizaciones no está solo en proveer de herramientas, sino en facilitar también su adopción y ofrecer formación.

La productividad individual no se convierte de forma automática en ventaja competitiva para la empresa.

Si cada persona usa la IA a su manera y sin un marco común, el resultado es una suma de pequeñas mejoras aisladas, no una transformación.

Por lo que la gran oportunidad radica en cerrar la brecha entre el profesional y la organización. ¿De qué forma? Con liderazgo, con una visión clara desde la dirección general. También implantando una cultura con permiso para experimentar y equivocarse.

Y rediseño de procesos, porque no se trata de poner IA en lo que ya hacíamos, sino de preguntarnos cómo lo haríamos si empezáramos hoy desde cero.

5. Microsoft habla cada vez más de “Frontier Firms”. ¿Qué son exactamente y por qué van a marcar la diferencia en los próximos años?

Son organizaciones pioneras que han integrado la IA de forma estructural en sus operaciones y diseñan sus procesos en torno a la colaboración entre personas y agentes. No se trata de cuántas licencias tienen, sino de cómo trabajan.

En ellas los equipos tienen acceso a asistentes y agentes con IA, los procesos se replantean desde la inclusión de la IA en todas las capas de la organización y cada profesional actúa como responsable de los agentes que trabajan con él.

Una Frontier Firm rediseña la forma de crear valor: lanza antes, responde mejor al cliente y se adapta con mucha más agilidad.

Además, atrae talento, porque los mejores profesionales quieren trabajar donde pueden ampliar sus capacidades. En los próximos años no competirán empresas con IA y empresas sin ella, sino empresas que han rediseñado su forma de trabajar y empresas que no.

6. En un momento en el que los modelos de IA más avanzados están cada vez más al alcance de todos, ¿qué es lo que realmente marca la diferencia? ¿Qué aspectos valoran las organizaciones cuando deciden desplegar una solución como Microsoft 365 Copilot a gran escala?

El modelo por sí solo no marca la diferencia; lo hacen el contexto y la integración con el resto de los sistemas de la organización de forma segura.

Un modelo brillante que no conoce tu empresa es como un consultor excelente en su primer día: sabe mucho, pero no sabe nada de ti.

El valor aparece cuando la IA entiende cómo funciona realmente una organización: los documentos, reuniones, correos, clientes, procesos y los datos de los sistemas de negocio.

Desde nuestra experiencia, cuando una organización decide desplegar a gran escala, valora sobre todo la seguridad y gobierno; integración; elección de modelo y control de gasto y medición.

En definitiva, confianza a escala, que es lo que les ofrecemos en Microsoft.

7. A menudo se plantea el debate en términos de sustitución. ¿La IA viene a reemplazar a las personas o a ampliar sus capacidades?

Elegimos el nombre “Copilot” precisamente por eso: un copiloto no sustituye al piloto, amplía lo que puede hacer. Y los datos van en esa dirección.

El 86% de los usuarios españoles de IA utiliza las respuestas de estas herramientas como punto de partida, no como solución definitiva. Mantienen la responsabilidad sobre el análisis, la validación y la decisión final.

Lo que sí cambia es el papel de las personas. A medida que los agentes asumen más tareas de ejecución, las personas ganan capacidad para dirigir y supervisar ese trabajo.

Esto ya ocurre con las nuevas capacidades de Copilot, en las que tú fijas el objetivo y los límites y el agente te mantiene informado y al mando en todo momento.

El verdadero riesgo no es que la IA sustituya a las personas, sino que las personas que trabajan con IA adelanten a las que no lo hacen.

Por eso el pensamiento crítico, el control de calidad y la formación serán más importantes que nunca.

8. Muchas empresas están evaluando distintas herramientas de inteligencia artificial para sus empleados. ¿Por qué cada vez más organizaciones están apostando por Microsoft 365 Copilot y qué factores consideran determinantes en esa elección?

En primer lugar, lo eligen porque no tienen que empezar de cero. Copilot está integrado en las herramientas que sus empleados ya usan cada día y donde ya está su información y sus permisos de acceso, tanto a herramientas como a datos.

El segundo factor es el contexto empresarial. Gracias a la integración con Dynamics 365, Power Platform o Fabric, Copilot incorpora en su contexto datos de negocio.

Así por ejemplo, cuando un comercial prepara una propuesta, puede incluir el historial del cliente y sus incidencias de soporte sin cambiar de aplicación.

El tercero es que cubre todo el recorrido, desde preguntar hasta delegar, crear y automatizar. Con Chat se resuelve lo inmediato.

Con Cowork se delega un trabajo completo. Con Code, cualquier profesional crea sus propias soluciones. Y con Autopilot se cuenta con un agente que sigue trabajando aunque no estemos delante.

El cuarto es la capacidad de elección. Se puede dejar que Copilot redirija la petición al modelo más adecuado o bien el usuario puede elegirlo, ya sea de OpenAI, Anthropic o de otros proveedores en el futuro.

El quinto y quizás el más importante es la confianza: seguridad, cumplimiento, auditoría y gestión centralizada de agentes y complementos, con control de TI y del gasto.

9. A medida que la IA pasa de casos de uso individuales a integrarse en procesos críticos de negocio, ¿qué factores deben tener en cuenta las organizaciones para capturar todo su potencial?

Yo diría que cinco:

  1. Liderazgo y estrategia. La IA tiene que ser una prioridad del comité de dirección, no un proyecto de tecnología.
  2. Rediseñar procesos, no solo tareas. Mi recomendación es empezar por un proceso concreto y de alto impacto, aplicar la regla del 80/20 y que los agentes asuman el trabajo repetitivo que consume la mayor parte del tiempo y medir el resultado antes de escalar.
  3. Datos y contexto. Un agente es tan bueno como la información sobre la que razona. Conectar la IA con los datos de negocio, y no solo con los de productividad, es lo que permite llevarla a procesos críticos.
  4. Gobierno, seguridad y control del gasto. Cuando los agentes trabajan de forma autónoma, hacen falta identidad, permisos, auditoría y una gestión del coste vinculada al valor que generan.
  5. Personas y capacidades. Proceso de adopción y formación, convertir a la empresa en un sistema de aprendizaje para exportar las buenas prácticas entre departamentos, una apuesta decidida por la adopción de forma acompañada, adecuar la estructura y programas de incentivos a los nuevos procesos y, sobre todo, cultivar el pensamiento crítico, porque supervisar lo que hace la IA será una de las competencias más valiosas.

España parte de una posición privilegiada: profesionales que ya adoptan la IA y un núcleo pionero por encima de nuestros vecinos europeos. El reto ahora es trasladar ese impulso a las organizaciones.