Pedro Sánchez lleva toda una vida entre animales y cultivos. Su explotación en Navarra reúne ovejas, corderos, gallinas, perros, gatos e incluso ciervos.
Un trabajo que heredó de su padre y que, pese a los años, reconoce que no siempre le resultó sencillo. "Antes odiaba a las ovejas", recuerda en el perfil de TikTok @acentisimo.
Ahora, la ganadería y la agricultura son su forma de vida, aunque también observa con preocupación un futuro cada vez más incierto para el sector.
Un ganadero sin relevo generacional
"Mi padre era agricultor y ganadero", recuerda Pedro. "Estuve estudiando y, después, se murió mi padre y empecé a llevar la explotación. Le pega al ovino, al cereal y al viñedo", explica.
Una actividad que exige dedicación constante y que, según cuenta, se extiende mucho más allá del cuidado de los animales. Los perros, por ejemplo, recorren grandes distancias durante las jornadas de trabajo. "Hacen unos 50 km diarios", indica.
La explotación también refleja algunas de las particularidades del manejo ganadero. "Gatos intentamos no tener en la explotación porque transmiten enfermedades", señala Pedro, que ha visto cómo las exigencias sanitarias y de producción condicionan la actividad.
A esta situación se suma la complicada evolución de otros negocios vinculados al campo. El viñedo es uno de los que está perdiendo terreno en su explotación. "Vamos reduciendo porque en Navarra está muy complicado, el tema del vino y vosotros los jóvenes no sé qué hacéis que no os gusta el vino. Os gusta más la cerveza", afirma.
Asimismo, el problema del relevo generacional se ha convertido en una de las principales preocupaciones del campo español. En España hay más de 150.000 explotaciones ganaderas y algo más de 300.000 personas trabajan directamente en ellas.
Sin embargo, más del 60% de los titulares de las granjas supera los 55 años y los menores de 40 apenas representan una pequeña parte del total.
Pedro conoce de primera mano las razones. "Toda la ganadería es muy esclava. Hombre que se jubila no vuelve y en Navarra no hay relevo", afirma.
El ganadero señala que no ve "empuje en la juventud". Es un sector que no les atrae ni les gusta. "Te dicen: 'no, yo si trabajo, quiero trabajar en B'", asegura.
La dureza de las jornadas, la burocracia, los costes de producción y unos márgenes cada vez más ajustados dificultan que los jóvenes vean el campo como una salida profesional atractiva.
Una realidad que amenaza con dejar sin continuidad a explotaciones familiares que durante generaciones han formado parte del paisaje rural español.
