José y su pareja vivían en Madrid y, a pesar de que llevaban una buena vida con una rutina establecida, les faltaba tranquilidad. Por ello decidieron mudarse a un pueblo en la localidad de El Bierzo.
La pareja descubrió cómo su rutina dio un giro y pasó de estar centrada en el consumo y el estrés a centrarse en el mantenimiento del hogar, el cultivo de un huerto y la integración en una comunidad solidaria.
Un año después de su mudanza, José compartió en sus redes sociales cómo ha cambiado su vida y sobre todo si se arrepienten de haber tomado la decisión de cambiar una vida cosmopolita y la ruralidad moderna.
"Este pueblo nos eligió"
José comentó que a pesar de que "la experiencia no ha sido exactamente como nos habíamos imaginado", siguen firmes en que su decisión fue un acierto más que un error.
"Antes vivíamos en Madrid en casa de mi madre, nuestra vida era bastante normal y sobre todo muy repetitiva", explicó el madrileño que comparó ambos estilos de vida: "Pasamos de despertarnos, trabajar, jugar a videojuegos, sacar al perro 5 minutos y volver a empezar al día siguiente, a tener una casa, un jardín, nuestro primer huerto y un montón de proyectos que jamás hubiésemos imaginado", señaló.
Para esta pareja Madrid se convirtió en una rutina monótona donde además manifestaron que "cada vez era más la cantidad de gente, los atascos, la suciedad, la falta de naturaleza y esa sensación de que todo el mundo va a lo suyo, va rápido y estresado", esto sumado a que notaban cómo los pequeños comercios eran sustituidos por cadenas y que "empezábamos a sentirnos un poco menos seguros que antes".
Independizarse y construir algo como pareja era algo que ambos buscaban hacer y de repente "nos dio el venazo" y buscaron casas en el norte de España hasta que llegaron al pueblo en el que residen actualmente y, después de mucho buscar, consiguieron una casa acorde a sus expectativas.
"La casa todavía no estaba ni anunciada en internet, el hombre de la inmobiliaria nos envió las fotos por Whatsapp y nos gustó tanto que quedamos con él para el fin de semana siguiente, y cuando entramos nos enamoramos", confesó José que agregó que antes de comprarla tan solo la visitaron dos veces: "Nosotros no elegimos el pueblo, el pueblo nos eligió a nosotros".
Una vez asentados comenzaron a adaptarse al mundo del pueblo, comenzaron a cultivar su huerto que en un principio no era parte de sus planes, pero, según expresó José, "poco a poco empecé a interesarme por saber de dónde viene lo que comemos y por intentar producir una pequeña parte de nuestros alimentos".
Tranquilidad a cambio de comodidad
José desveló que en la vida de pueblo todo es más tranquilo, silencioso y pausado, todo lo contrario a la capital donde hay actividad a cualquier hora del día.
No obstante, la pareja sí confesó que hay cosas que suponen ciertas desventajas en comparación, como por ejemplo las distancias y tener que depender del coche: "Para ir al mercado, a la carnicería, a la frutería, la pescadería o la ferretería tenemos unos 20 minutos de ida y otros 20 de vuelta. Para ir al cine o tener más opciones de restaurantes necesitamos alrededor de media hora", expuso.
Un madrileño que dejó la ciudad por un pueblo: "Pasamos de despertarnos a trabajar a tener una casa con jardín"
Además, comentó que los servicios también llevan un ritmo de vida diferente, incluso manifestó que los envíos por correo en ocasiones "puede llegar hoy, dentro de cuatro días o dentro de tres semanas, dependiendo de cuándo le toque al repartidor subir al pueblo".
"Sinceramente, de Madrid solo echo de menos a la familia y a los amigos (...), también echo de menos algunas opciones gastronómicas, el cine en versión original, las palomitas de caramelo y, sorprendentemente, el Ikea", expresó.
El plan de futuro de José y su pareja es poco a poco ir adquiriendo terreno, expandir su huerto, criar animales y eventualmente tener una finca y alcanzar un cierto grado de autosuficiencia, una tarea que les tomará tiempo pero que "precisamente se trata de eso, de construirla poco a poco desde cero".
