Hay países europeos en los que recibir una herencia no implica tener que reservar una parte del patrimonio para pagar un impuesto.
Es el caso de Suecia, que hace más de dos décadas decidió eliminar la tributación específica sobre las herencias y las donaciones, una medida que todavía hoy marca una diferencia notable con el modelo español.
La decisión sueca se remonta a finales de 2004, cuando el Parlamento aprobó la desaparición del impuesto sobre sucesiones y donaciones.
Desde entonces, una persona puede recibir los bienes de un familiar fallecido sin que exista un tributo específico por el mero hecho de convertirse en heredera.
La medida afectó a todo tipo de transmisiones, sin establecer diferencias en función de la cantidad recibida o del grado de parentesco.
La administración tributaria sueca, Skatteverket, continúa interviniendo en los trámites relacionados con el patrimonio de las personas fallecidas, pero la recepción de esos bienes no genera una liquidación equivalente al Impuesto de Sucesiones español.
El cambio no supuso, sin embargo, que Suecia dejara de aplicar impuestos relacionados con el patrimonio. La diferencia está en el momento en el que se produce la tributación.
Por ejemplo, si una persona hereda un inmueble o determinados activos y posteriormente los vende obteniendo una ganancia, esa operación puede quedar sometida al impuesto correspondiente sobre las ganancias de capital.
La eliminación del tributo estuvo vinculada, entre otros motivos, a la escasa recaudación que generaba y a las dificultades que podía provocar para determinadas familias y empresas.
Uno de los problemas señalados era que los herederos podían verse obligados a desprenderse de parte del patrimonio recibido para hacer frente a la factura fiscal.
Por su parte, España mantiene un planteamiento diferente. El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones continúa formando parte del sistema tributario, aunque su aplicación presenta importantes diferencias entre comunidades autónomas.
Las reducciones y bonificaciones aprobadas por los gobiernos regionales hacen que la cantidad final a pagar pueda cambiar de forma considerable de un territorio a otro.
Madrid, Andalucía o Galicia, por ejemplo, cuentan con importantes beneficios fiscales para determinados familiares directos, mientras que otras comunidades mantienen una tributación más elevada.
Por eso, una misma herencia puede tener un coste fiscal muy distinto dependiendo de dónde deba liquidarse.
El contraste entre ambos países refleja dos formas diferentes de abordar la transmisión del patrimonio entre generaciones.
Mientras Suecia optó por eliminar el impuesto específico sobre herencias y donaciones, España mantiene esta figura fiscal, aunque con una aplicación que varía notablemente según la comunidad autónoma.
