"Escoge: ¿quieres tener padre o tener un piso?" La frase no solo golpea por su dureza, sino por lo que revela: una realidad en la que el acceso a la vivienda ha dejado de depender del trabajo y ha pasado a depender de la pérdida.
La protagonista de esta historia es una administrativa que trabaja en Barcelona en el sector de los seguros y que compartió su experiencia en el canal de TikTok Talent Match. Con más de 22 años de trayectoria profesional, explica que ha podido acceder a una vivienda gracias a una herencia familiar tras el fallecimiento de su padre.
"Yo por circunstancias, he podido acceder. Realmente es por herencia familiar. Mi padre falleció y no tener padre me ha podido dar un piso", relataba.
Su caso no es único, pero sí ilustrativo. A pesar de su trayectoria profesional estable y prolongada de más de 22 años, hoy paga una hipoteca de 1.200 euros mensuales, un esfuerzo económico que solo ha podido asumir porque recibió una herencia tras el fallecimiento de su padre.
Su testimonio cobra todavía más relevancia en el contexto actual. El precio de la vivienda continúa aumentando y, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el segundo trimestre de 2026 se incrementó un 12,2% interanual.
En las grandes ciudades, donde la oferta es especialmente limitada, el esfuerzo económico necesario para comprar se aleja cada vez más de la capacidad de ahorro de muchas familias.
Pero el problema ya no se limita a quienes intentan comprar. El encarecimiento de los alquileres también dificulta el acceso a una vivienda.
El desahucio de Maricarmen
El caso de Maricarmen Abascal, de 87 años, ha puesto rostro a esta realidad. Después de 70 años viviendo en el mismo piso del distrito madrileño de Retiro, la mujer fue desahuciada el pasado 23 de septiembre tras varios intentos.
El conflicto se produjo después de que el inmueble cambiara de propietario y se planteara una renta de 1.650 euros, que superaba ampliamente su pensión de 1.450 euros mensuales.
Su historia y la de Maricarmen son diferentes, pero permiten observar las dos caras de un mismo problema.
Mientras una pudo acceder a una vivienda gracias al patrimonio heredado de su padre, la otra terminó perdiendo la casa en la que había vivido durante siete décadas al no poder asumir las nuevas condiciones económicas.
