A los 14 años, Juan Manuel Martínez ya sabía a qué quería dedicar su vida.
Este agricultor valenciano tenía claro que su futuro estaba en el campo, pero antes de convertir su vocación en su profesión tuvo que compaginar durante años dos trabajos y renunciar a buena parte de su tiempo libre.
Especializado en el cultivo de cítricos y algarrobos, trabajó durante 13 años como impresor en una empresa de artes gráficas vinculada a un periódico de Valencia.
Su objetivo era ahorrar todo lo posible para comprar tierras y construir su propio proyecto agrícola. Así lo ha relatado en una entrevista en el canal de YouTube del creador de contenido Salva (@CultivayEmprende).
"Yo lo tenía claro desde el primer día que me salí de la escuela con 14 años", recuerda. Sin embargo, antes de dedicarse plenamente a la agricultura, aceptó un empleo que mantuvo desde los 20 hasta los 33 años.
"Estuve allí 13 años, desde los 20 años hasta los 33 años, haciendo siempre el trayecto Pedralba - Valencia, iba y venía", explica sobre aquella etapa.
Aquel trabajo le enseñó una exigencia que hasta entonces no conocía. "Allí aprendí que tú entrabas a una hora y no salías hasta que terminabas", afirma.
Una dinámica que, en ocasiones, se traducía en jornadas especialmente duras. "Incluso hemos estado 42 horas seguidas sin salir de ahí", rememora.
También recuerda otros episodios en los que apenas tenía tiempo para descansar entre turnos: "Trabajaba 18 horas seguidas, me iba a casa, hacía cinco horas de viaje y luego volvía para otras 18 horas. He llegado a trabajar hasta 12 horas un domingo".
Esta experiencia, que no olvida, le permitió conocer otra cara del esfuerzo. "Yo conocía la dureza de la tierra, pero no conocía la dureza de las horas en una empresa", reconoce.
A esas jornadas se sumaba el trabajo en el campo junto a su padre, que realizaba para aumentar sus ingresos. "Cambiaba los horarios en el periódico, trabajaba de noche allí y cuando venía iba a cortar naranjas con mi padre", relata.
La combinación de ambos trabajos apenas le dejaba tiempo para descansar. "Cortábamos naranjas de día, me iba a dormir, que dormía muy poquito, e iba a trabajar toda la noche porque ese dinero también era un extra", añade.
El dinero que conseguía con aquel esfuerzo tenía un destino concreto: invertir en fincas y construir su propio patrimonio. "Yo lo que trabajaba de horas extras lo iba ahorrando y me compraba fincas", explica.
En lugar de gastar sus ingresos en mejorar su nivel de vida, prefirió mantener su antiguo coche y destinar sus ahorros a cumplir sus objetivos.
"Yo tenía dinero, me pude haber comprado un coche bueno y opté por aguantar con el viejo e ir comprando tierra, porque prefería no pasarlo bien a corto plazo para poder pasarlo bien a largo plazo", asegura.
La estrategia dio sus primeros frutos cuando todavía era joven. "Con 25 años conseguí comprarme mi primera finca", recuerda.
Ocho años después, decidió dar el paso definitivo y abandonar su empleo para dedicarse por completo a la agricultura. "Con 32 años lo pensé, pero a los 33 años dejé mi trabajo en la empresa y eso fue una gran decisión", afirma.
Una decisión que no todos a su alrededor entendieron: "¿Quién se va de una empresa que cobras 14 pagas con un sueldo fijo para irte a la huerta?".
Martínez, sin embargo, no se arrepiente de haber apostado por su vocación. "Fue de las mejores decisiones que he tomado en la vida", concluye.
