No todo lo que hacemos para combatir el calor ayuda a nuestro bolsillo. Un grado de menos, unas horas de más o un sistema inadecuado pueden marcar la diferencia a final de mes.
¿Dónde está el límite entre estar fresco y gastar de más? Daniel Beguería, fundador de Estudio Raíces, responde en una entrevista en Cosas de Casa.
El experto desmonta algunas de las creencias más extendidas sobre climatización y explica cómo mantener la casa fresca sin que la factura se dispare.
La primera está en el termostato. "No hay temperatura mágica, hay una regla: entre 24 y 26 grados, y nunca más de 10 o 12 grados de diferencia con la calle".
Además, advierte que "cada grado que bajas de ahí sube el consumo un 7-8%". Por eso, poner el aire a 20 grados "no enfría antes, solo gasta más".
También recomienda el modo Dry cuando la humedad sea el principal problema: "Quita la humedad en vez de bajar la temperatura a saco, consume bastante menos porque el compresor trabaja a ratos".
Otra de las dudas habituales es si conviene apagar y encender continuamente el aparato. Daniel distingue según el tiempo que se vaya a estar fuera: "Si sales una o dos horas, déjalo estable: volver a enfriar una casa recalentada consume más que mantenerla. Si te vas media jornada, apágalo".
Lo que sí considera un mito es dejarlo funcionando durante horas con la vivienda vacía: "Enfriar una casa vacía durante ocho horas no sale a cuenta nunca".
La tecnología también puede marcar diferencias. Un aparato inverter supone, según el ingeniero, "entre un 30% y un 50% de consumo" menos frente a uno antiguo.
Además, los dispositivos más modernos incorporan características que pueden ayudar a reducir todavía más el gasto, como la conectividad wifi, siempre que se utilice correctamente.
En este sentido, Daniel pone un ejemplo muy concreto: encender el aire desde el móvil 20 minutos antes de llegar a casa en lugar de dejarlo funcionando durante horas. "Ese uso ahorra dinero de verdad", asegura.
Pero no todo depende de la tecnología del aparato. El propio hogar también puede jugar un papel fundamental a la hora de contener el consumo. "El truco más rentable no tiene que ver con el aire: es que el calor no entre", sostiene.
Aislamiento, persianas y toldos ayudan a reducir la carga térmica, mientras que combinar el aire con un ventilador permite subir dos grados el termostato. Si estas medidas no son suficientes, hay otras alternativas.
Los climatizadores evaporativos no son recomendables en zonas húmedas, mientras que los equipos portátiles necesitan expulsar el calor al exterior. "No existe nada que enfríe de verdad sin sacar el calor fuera de alguna manera", señala.
Los aparatos sin unidad exterior tampoco son completamente "sin obra": requieren perforaciones en el muro y, además, generan más ruido y rinden menos.
Si ninguna de estas opciones es posible, Daniel recomienda recurrir a soluciones más sencillas.
Él mismo las aplica en su vivienda de alquiler: "Ahora mismo vivo de alquiler y en casa solo tengo ventiladores".
Por ahora, mientras ahorra para comprar una vivienda, recurre a "ventilador, persianas bajadas de día y ventana abierta de noche".
