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Las claves

Los agricultores españoles afrontan desde hace años un escenario marcado por el encarecimiento de los productos necesarios para trabajar la tierra, la presión sobre los precios y las dificultades para garantizar el relevo generacional.

A estos factores se suma ahora una cuestión que preocupa especialmente a algunos productores: la competencia de los alimentos cultivados fuera de la Unión Europea.

Alberto Tomás, agricultor de La Rioja conocido en redes sociales como AgriBerto, ha puesto el foco en esta situación durante una entrevista en el podcast Germán Agrolife - Agricultura sostenible.

En su intervención, cuestionó que algunas empresas españolas trasladen su producción a otros países para después introducir esos productos en el mercado nacional.

"Muchas empresas de España se van a Marruecos a cultivar y luego te lo traen aquí porque allá en Marruecos, perdón por la expresión, le dan un bocadillo al chico que lo está recolectando", afirmó.

La agricultura y la exportación

El agricultor considera que las diferencias entre las condiciones laborales y los costes de producción de ambos países generan una situación difícil de afrontar para quienes trabajan bajo las exigencias de la legislación europea.

En su opinión, esta diferencia termina repercutiendo directamente sobre la capacidad de los productores españoles para competir en precio. La trayectoria de Tomás está estrechamente vinculada al campo. Natural de Quel, comenzó estudiando viticultura en Logroño y posteriormente trabajó en una bodega.

Con el paso del tiempo decidió dar un giro a su carrera y dedicarse a la explotación de las tierras familiares, incorporándose como joven agricultor hace más de diez años. En la actualidad trabaja alrededor de 45 hectáreas y combina diferentes cultivos.

Entre ellos se encuentran la vid, los almendros, los olivos, los ciruelos, el brócoli y las cerezas. También ha apostado por recuperar el pimiento del cristal de cuatro morros, una variedad tradicional de Quel que se encontraba en riesgo de desaparecer.

Sin embargo, sacar adelante una explotación agrícola no resulta sencillo. Los precios de los fertilizantes y del gasóleo agrícola se han incrementado y han terminado estrechando los márgenes con los que trabajan los agricultores.

"Soy rentable, pero me ha costado mucho y además me cuesta mucho", explicó. Para Tomás, una de las claves pasa por conseguir que el agricultor reciba una remuneración adecuada por su producción. Por eso también cuestiona que las ayudas de la Política Agraria Común sean la única respuesta a los problemas del campo.

"Yo quiero que mis cultivos se paguen y que no tengan una competencia desleal", sostuvo. El riojano recuerda además la denominada 'vendimia en verde', mediante la que se elimina parte de la cosecha para reducir la producción cuando existe un exceso de oferta.

Él mismo reconoce haber recurrido a esta medida en alguna ocasión porque podía resultar más rentable que vender la uva a determinados precios. Pese a ello, califica la situación de "aberrante".

Desde sus redes sociales, Tomás trata de acercar la realidad del campo a la sociedad y reivindicar el valor de la agricultura. También pretende que las nuevas generaciones conozcan una profesión que, pese a sus dificultades, define como "uno de los trabajos más bonitos y agradecidos que existen".

La presencia empresarial española en Marruecos ha ido creciendo en los últimos años. Más de 360 compañías españolas cuentan actualmente con parte de su producción o fabricación en el país vecino, atraídas por la cercanía geográfica, los costes laborales y las facilidades ofrecidas a la inversión extranjera.

Para desarrollar su actividad, muchas crean filiales locales y se instalan en zonas francas, donde pueden beneficiarse de ventajas fiscales y aduaneras, además de una posición estratégica para posteriormente enviar sus productos hacia España y otros mercados europeos.

Este modelo tiene un peso cada vez mayor en las relaciones comerciales entre ambos países. El intercambio bilateral ronda los 23.000 millones de euros anuales y España importa de Marruecos bienes por valor de entre 11.000 y 12.000 millones de euros al año.

Entre los productos que cruzan el Estrecho se encuentran componentes eléctricos, prendas textiles, vehículos y piezas de automoción, además de frutas, hortalizas y aceite de oliva.