A los 43 años, Jorge decidió comenzar prácticamente desde cero. Tras pasar por numerosos trabajos y quedarse en el paro, este madrileño encontró una nueva oportunidad en la fontanería gracias a Santi, amigo suyo desde la infancia.
Solo lleva tres meses aprendiendo el oficio, pero tiene claro que el esfuerzo inicial puede abrirle las puertas a una profesión con importantes posibilidades de futuro.
De momento, su situación económica dista de las cifras que pueden llegar a alcanzar los profesionales con experiencia. "Estoy empezando y llevo 3 meses con él y estoy cobrando el SMI (Salario Mínimo Interprofesional)", explica Jorge en el podcast Sector Oficios.
Sin embargo, cuando le preguntan por lo que podría llegar a ganar en el futuro, su respuesta es contundente: "Puedo ganar todo lo que quiera".
Su cambio profesional llegó después de una vida laboral especialmente variada. Comenzó a trabajar con solo 14 años lijando paragolpes en un taller de coches y posteriormente pasó por la chapa y pintura, el montaje de lunas, el reparto de fruta o la descarga nocturna de camiones.
Fontanero a los 43 años
También gestionó durante seis años un bar junto a su expareja y, antes de quedarse desempleado, trabajaba limpiando vehículos en un concesionario.
Cansado de la inestabilidad laboral, decidió no conformarse. "A un tío de 40 años todavía le quedan 25 años de carrera por delante", fue la reflexión que le llevó a apostar por aprender un oficio.
La oportunidad apareció cuando Santi necesitaba un ayudante para centrarse en las reformas de viviendas.
La bienvenida no fue sencilla. "Primer día que me voy con él... coger escombro como un condenado", recuerda Jorge. Su primera jornada consistió en desescombrar un baño, llenar sacos y realizar algunos de los trabajos más físicos.
"Me tiene como el músculo, soy el músculo de la empresa", bromea.
La suciedad es otro de los aspectos asociados a la profesión, aunque Jorge asegura que se acaba normalizando: "Situaciones así feas he tenido dos, y bueno pasas el mal ratillo y te vas a la siguiente y ya se te ha olvidado".
Su compañero Santi lo resume con una anécdota sobre una antigua bajante. "Estábamos quitando una bajante que era muy negra y me dijo que si se podía ir a casa a cambiar los pantalones", aseguró.
Pese a las dificultades, ambos valoran también la conciliación. Santi dejó de trabajar los sábados al llegar a una conclusión: "Por mucho que trabajes no te vas a hacer rico porque vas a estar en el mismo sitio el lunes".
Jorge, por su parte, destaca el ambiente laboral y el respeto como elementos fundamentales. "Mándame mucho pero con respeto y trátame con educación", afirma.
Una nueva profesión que está aprendiendo desde abajo: "Cuando te metes debajo del fregadero y te pones con la pico loro ahí, tienes que coger la maña".
