¿Si te ofrecieran una cantidad enorme de dinero por tu casa, la aceptarías? Esto fue lo que, de alguna forma, le ocurrió a Cristian, un agricultor de Bustarviejo, Madrid. "Un amigo me llegó a ofrecer 700.000 euros por mi finca y dije que no", explica en un vídeo de YouTube del canal Goly.
Rechazar una oferta de este tipo es cada vez menos habitual en España. Según el último Censo Agrario, el número de explotaciones agrícolas descendió un 16,6 % entre 2009 y 2020. "Yo lo que hago es para dejar un legado a mi familia y a la humanidad", apunta Cristian.
"Creo que es necesario que haya gente cultivando hortalizas y manteniendo colecciones de semillas", defiende el agricultor, cuyos productos se sirven en restaurantes Estrellas Michelín como el Pabú.
¿Qué ocurre con las fincas abandonadas de agricultores?
Muchas se convierten en huertos solares con cientos de placas fotovoltaicas. En la Comunidad de Madrid, el Gobierno autonómico aprobó un nuevo Plan de Protección del Paisaje que limita al 4 % la superficie regional apta para instalar placas solares.
Otro uso menos común es el dotacional. En otras palabras, el que se usa para equipamientos públicos como centros de investigación o parques tecnológicos. En el caso de Cristian, su amigo quería recalificar el terreno para destinar la finca a eventos privados.
Pero lo que verdaderamente estuvo a punto de terminar su labor como agricultor fueron dos granizadas en 6 años. Para salir del bache y seguir cultivando, organizó un crowdfunding.
"La gente respondió muy bien y conseguimos tirar para adelante, pero tuvimos un momento crítico; parece que en el campo no te va a pasar nada hasta que te pasa", afirma.
Cristian cultiva a 1.300 metros de altitud de forma íntegramente natural. Es decir, no usa repelentes ni componentes químicos para proteger sus verduras y hortalizas. Esto, sumado al cambio climático, le ha provocado efectos negativos como la proliferación de plagas.
No obstante, el agricultor defiende su forma de cultivo aunque surjan estos inconvenientes. Además, en su huerta cultiva más de 80 variedades en un espacio muy pequeño, por lo que no hay ninguna plaga que acabe con todas las verduras y hortalizas.
Su producto estrella es el tomate gourmet, muy demandado en los restaurantes a los que provee. También cuenta con repollos y lombardas, lechuga, pepinos y calabazas.
Las bayas y frutas tampoco le son ajenas, como por ejemplo las moras castellanas y los fresones, así como las plantas aromáticas.
