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Las claves

Con solo 17 años, Abdallah Siradj llegó a España solo, dejando atrás a su familia y el país donde había crecido.

Como tantos otros jóvenes migrantes, emprendió el viaje con una mezcla de incertidumbre y esperanza, convencido de que podría construir una vida mejor si encontraba la oportunidad correcta.

Pero empezar de cero es mucho más difícil de lo que se imaginaba. Un idioma nuevo, un entorno desconocido y la ausencia de la familia convierten cada pequeño paso en un gran reto.

Abdallah es uno de los alumnos de la escuela de cocina de Villa Retiro, en Xerta. © Fundación ”la Caixa”

Al menos, desde el principio Abdallah tenía claro su objetivo. Nada más llegar al centro de menores de Tortosa donde fue acogido, explicó a los educadores “que quería trabajar en el mundo de la cocina”, cuenta el joven.

Encontrar el camino

Aquella vocación terminó llevándolo hasta Villa Retiro, una escuela de cocina ubicada en Xerta (Tarragona) que nació con una idea sencilla: ofrecer una oportunidad a jóvenes en situación de vulnerabilidad a través de un oficio que siempre necesita manos y talento.

En 2018, esta escuela de cocina inició su colaboración con el programa de inserción laboral Incorpora, de la Fundación ”la Caixa” para ampliar las oportunidades para jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Desde entonces, más de 200 jóvenes han encontrado una vía de entrada al sector de la restauración a través de la escuela de este pequeño municipio de la comarca del Bajo Ebro.

Una de las elaboraciones culinarias realizadas por los alumnos de la escuela de cocina de Villa retiro, en Xerta. © Fundación ”la Caixa”

El chef Fran López, impulsor de la escuela, lo resume con naturalidad: “Como empresa buscábamos hacer algo solidario y pensamos que era muy bonito dar formaciones para que al final pudieran encontrar un camino en nuestra profesión”.

Una nueva familia

Cada mañana en la escuela de cocina, ataviados con chaquetilla profesional, delantal y gorro, Abdallah y el resto de sus compañeros se esfuerzan por aprender el oficio.

“Trabajamos y nos ayudamos entre nosotros como una familia”, afirma Abdallah.

Los alumnos de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una de las clases. © Fundación ”la Caixa”

Después de dejar atrás a los suyos, ha encontrado un grupo de compañeros que comparten ilusiones parecidas. Jóvenes que también buscan empezar de nuevo en un lugar donde nadie pregunta de dónde vienes, sino qué puedes llegar a hacer.

Siete meses después de su llegada a España, cada vez que Abdallah llama a su madre hay una tema que nunca falta en la conversación.

Le cuenta qué recetas ha aprendido esa semana, cómo ha practicado nuevos tipos de cortes, los nombres de las técnicas y de los alimentos. Al otro lado del teléfono, desde Argelia, su madre escucha cada detalle con orgullo.

Construir el futuro

La formación dura varios meses y combina la práctica en cocina con conocimientos teóricos sobre productos, técnicas culinarias, organización de una cocina profesional y habilidades imprescindibles en cualquier restaurante, como la puntualidad, el orden, la limpieza o el trabajo en equipo.

“Buscamos gente con motivación y ganas de trabajar realmente en este sector”, comenta el chef Fran López.

Durante su paso por la escuela de cocina Villa Retiro, Abdallah ha demostrado con creces sus aspiraciones.

“Mi madre quiere que me convierta en un buen cocinero. Me gustaría ser un chef de renombre y poder trabajar en Barcelona”, explica el joven con ilusión.

Aunque todavía le queda mucho por aprender, ya sueña con trabajar en grandes cocinas, perfeccionar su técnica y seguir creciendo como cocinero.

Mientras tanto, continúa llamando a su madre para contarle cada nuevo avance y, en cada conversación, ese sueño que comenzó al otro lado del Mediterráneo parece un poco menos lejano.