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Las claves

Hay quien ve una vivienda en ruinas y solo piensa en el dinero y el trabajo que costará devolverla a la vida. Natalia Forès, en cambio, ve una oportunidad.

Esta arquitecta catalana descubrió que su sueldo no le permitía construir en París el futuro que imaginaba y decidió cambiar el rumbo: empezó a formarse en inversión inmobiliaria y terminó construyendo una cartera de unas 20 viviendas entre Francia y Reino Unido.

"Nos enseñan que hay que sacar buenas notas para tener una vida arreglada, pero a mí no me pasó así", explica en una entrevista para el canal de YouTube Inmo Aventuras.

Su historia comenzó precisamente en París, donde el elevado precio de la vivienda le hizo replantearse sus opciones. "Estábamos viviendo en París, en una ciudad cara, y yo me di cuenta de que no me podía comprar un piso allí. O, a lo mejor, sí, pero solo un estudio", cuenta.

Aquella posibilidad no encajaba con sus planes y la llevó a buscar una alternativa.

"Decidimos empezar a invertir para generar ingresos pasivos y, en esa época, yo no tenía ni idea de invertir", reconoce.

Sus primeras operaciones llegaron en Reino Unido: "Abrí una sociedad limitada allí con la que podíamos comprar bienes".

Fue precisamente en Escocia donde empezó a desarrollar esta estrategia. Allí compró dos viviendas y descubrió un modelo dirigido a personas que reciben ayudas públicas. "En muchos casos es el propio Estado el que te ingresa directamente a ti el dinero", señala.

Para ella, además, "es algo muy seguro porque el contrato es con el Ayuntamiento o la asociación".

Con el tiempo, llevó su estrategia a Francia y aplicó también sus conocimientos como arquitecta, con una filosofía clara: no diseñar las viviendas pensando en ella.

"Es importante que, cuando compras para invertir, nunca te proyectes viviendo allí. Tienes que pensar que es para otras personas", explica.

Y añade: "Como arquitecta, me gusta que la gente que alquila mis pisos esté contenta, que tengan luz natural, un patio fuera si puede ser y que sea bonito…".

Una de sus claves consiste precisamente en transformar inmuebles que otros descartan. "Si entras en una casa y quieres salir corriendo porque está en ruinas, ahí es donde está la oportunidad", resume.

Entre sus operaciones figura una vivienda convertida en tres apartamentos independientes y distintos proyectos en Francia. Uno de ellos fue especialmente complicado: "Este proyecto ahora me tiene muy contenta, pero en su momento fue un poco problemático".

Ahora trabaja en un edificio que convertirá en ocho viviendas. Calcula que podrá obtener "un alquiler de 3.600 euros" y un rendimiento del "11,5 %", aunque avisa: "Sé que lo voy a poder alquilar más caro que esto".

La operación refleja también cómo ha evolucionado su financiación. "Hace dos o tres años, cuando empecé en Francia, tuve que poner 20.000 euros de aporte, además de lo que pedí al banco para comprar y reformar, y con el segundo, cero", afirma.

Las reformas, añade, suelen situarse entre "1.000 y 1.500 euros por metro cuadrado".

Detrás de ese crecimiento hubo también aprendizaje. "Yo no tenía a nadie en mi familia que me explicara qué es el cash flow (flujo de caja). Tuve que buscar mentores", recuerda.

Una formación que le permitió convertir una dificultad personal en una estrategia con la que seguir ampliando su patrimonio inmobiliario.