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Las claves

Con el verano encarando su recta final, España comienza a despedirse de las olas de calor que han golpeado al país y han puesto los termómetros por encima de los 40 °C.

Ante estas temperaturas, muchos hogares recurren al aire acondicionado para mantener una temperatura refrescante en el interior de sus hogares.

Sin embargo, el aire acondicionado es uno de los aparatos que más electricidad consume durante los cálidos meses de verano por lo que su uso intensivo y descontrolado puede disparar la factura hasta 55 euros al mes.

El impacto de las olas de calor en la factura de la luz

Aunque este verano no se hayan alcanzado récords históricos de temperaturas extremas, los diferentes episodios de calor apenas han dado un respiro a los españoles. Solo en julio se registraron más de 2.000 fallecidos relacionados con las altas temperaturas.

En algunas zonas del sur, los termómetros han mostrado máximas de entre 40 °C y 42 °C, en episodios asociados a la llegada de masas de aire cálido procedente del norte de África y la presencia de fuertes dorsales anticiclónicas potentes.

Esta subida de las temperaturas tiene consecuencias directas en el bolsillo de los consumidores. Según un informe de Papernest, las olas de calor han añadido hasta 55 euros adicionales en la factura de la luz a los hogares con equipos con baja eficiencia energética.

Así, en comparación con un verano estándar de 93 días con una temperatura media de 33 °C, las olas de calor logran disparar el coste a final de mes.

En un estudio de 45 m² (coste base de 43,45 € al mes en la factura de la luz), el sobrecoste provocado por cuatro olas de calor alcanza casi los 13 € cuando se usa un aparato de clase G. En cambio, con un equipo de clase A+++, el incremento se queda en 3,6 €.

Ahora bien, la diferencia aumenta a medida que crece la superficie que hay que climatizar. En un piso de 90 m² (coste base de 96,57 €), el sobrecoste llega a unos 29 € con un aparato de clase G, frente a aproximadamente 8 euros con uno de máxima eficiencia.

Ya para los casos más peculiares, como puede ser una villa de 140 m² (coste base de 174,40 €), la diferencia es aún mayor. El equipo menos eficiente puede sumar 55 € euros adicionales, mientras que uno clase A+++ eleva el gasto en unos 15,5 euros.

Estos datos muestran hasta qué punto la etiqueta energética del aparato es el gran condicionante en el precio final. Tanto es así que en un estudio de 45 m² con un aire acondicionado de clase G puede tener una factura apenas 6 € inferior a la de una villa de 140 m² que usa un equipo A+++.

Por tanto, no es únicamente relevante el tamaño de la vivienda. También influyen la eficiencia del aparato, las horas que está en funcionamiento, el aislamiento del inmueble y la temperatura exterior.

Asimismo, el impacto de las olas de calor no es igual en todas las regiones del país. En ciudades como Sevilla, Córdoba, Madrid o Barcelona, las temperaturas pueden mantenerse durante horas por encima de los 40 °C por lo que se requiere un mayor esfuerzo de los sistemas de refrigeración.

Cuanto mayor sea la diferencia entre la temperatura exterior y la que se quiere mantener dentro del hogar, más tendrá que trabajar el aire acondicionado y mayor puede ser su consumo eléctrico.

Por eso, ante los episodios de calor extremo, contar con un equipo eficiente puede convertirse en una de las claves para ahorrar con la factura de la luz.