Cristian González tiene su huerta de una hectárea a 1.300 metros de altura en una montaña en Bustarviejo, Madrid. Además de estar en las alturas, la huerta de este agricultor tiene otra peculiaridad y es que todos sus cultivos están hechos sin químicos y son completamente orgánicos.
González se ha enfrentado a momentos complicados como granizadas y desafíos meteorológicos que lo llevaron a vender cestas, experiencias y futuros de cosecha para evitar la quiebra. Sin embargo, y a pesar de esto, el agricultor ha adquirido fama por haber rechazado una oferta de 700.000 euros por su granja.
El motivo de rechazar esta oferta, según contó en una entrevista con el creador de contenido Goly, es que el jornalero tiene muy claro que el destino de su huerta no es convertirse en una sede de eventos sino para pasar de generación en generación y ser preservado.
La huerta de Cristian
El día de Cristian empieza a las 6:00 de la mañana con el amanecer que aprovecha para recoger las verduras: "Lo mejor es recogerlas con la temperatura mínima del día, cuando más fresco hace, porque al tener tanta agua si la recoges con calor se echan a perder", explicó.
Además aprovecha este momento para regar los campos que planean cosechar ese día. Así, aprovechan las horas de menos calor para las tareas del día y sobre el mediodía pueden descansar.
Como fue explicado con anterioridad, Cristian apuesta por una agricultura sin insecticidas: "Nosotros hacemos agricultura orgánica sin productos químicos, hacemos nuestros abonos con estiércoles de diferentes tipos y los compostamos", comentó.
Teniendo esto en cuenta, resulta curioso que no tengan problemas de plagas, esto también tiene una explicación y es que "tenemos una hectárea de terreno, entonces, nuestra idea es la diversidad: a mayor diversidad de especies vegetales es más difícil que venga una plaga, te ataque y pierdas la cosecha entera".
Por ello, cuentan con entre 80 y 90 variedades comerciales que les permiten mantener esta diversidad. Además, señaló que "estamos en alta montaña, 1.300 metros, y esto es muy interesante a nivel sanitario y vegetal porque hay muchas menos plagas aquí que en otras zonas".
A esto se suma que al estar rodeado de bosques éste tiene un control biológico que lo mantiene a salvo y protege sin quererlo a la huerta de Cristian.
El rechazo de 700.000 euros
Cristian pagó por su hectárea 38.000 euros y para convertirlo en rentable tuvo que invertir un "dineral": "La valla fueron 18.000 euros (...), el preparar una pérgola para la venta 20.000 euros, la otra 7.000 euros, estas estacas 6 euros cada una, ponte a contar cuántas hay, cada malla 140 euros de algodón, el tubo un dineral, aquí dinero hay", explicó enumerando el agricultor.
"En plantas y semillas a lo mejor nos hemos gastado este año 4.000 o 5.000 euros", agregó. Sin embargo, confesó que no sabe la suma total de su inversión pero sí lo que le han ofrecido: "Me han llegado a ofrecer 700.000 euros y les he dicho que no (...), fue un amigo que lo quería para hacer eventos", comentó.
Un agricultor de un pueblo que rechazó 700.000€ por su huerta: "Me gustaría que mis hijas cogiesen el relevo"
Lo cierto es que, a pesar de haber rechazado la millonaria oferta, Cristian no se mantiene mal, a pesar de haberse enfrentado a años complicados, el cuidado que tiene de sus verduras le ha permitido venderle a restaurantes con estrellas Michelin.
El precio de sus verduras no solo depende de la competencia, sino de la calidad del producto y por supuesto los costes de producción, con lo cual no se mantienen igual, pero, para ejemplificar, comentó que los tomates "los vendemos entre 5 y 6 euros el kilo".
Una herencia para generaciones
A pesar de las dificultades que supone el mundo de la agricultura, la realidad es que Cristian no lo cambiaría por nada porque para él va mucho más allá que una simple huerta: "Yo lo que hago es para dejar un legado a mi familia y a la humanidad", confesó.
"A mí me encantaría que mis hijas, alguna, cogiese el relevo de la huerta, sé que es difícil, pero sí que me gustaría porque creo que es necesario que haya gente cultivando hortalizas y manteniendo colecciones de semillas y colecciones botánicas", concluyó el jornalero.
